Una hilacha de historia

Posted by on Nov 4, 2016 in Miradas |

La presentación de un libro encuadernado en papel ante un selecto grupo de personas es un ritual que tiene ya el carácter extravagante y casi legendario que atribuimos a los duelos de honor al amanecer o a la momificación de cadáveres en la cripta de un templo egipcio. Y quién sabe si no terminará siendo, como estos, un acto ilegal en este régimen Fahrenheit 451 dictado por WhatsApp. Pero ahí estábamos ayer unas docenas de fieles de cabello ceniciento en esa especie de tenida masónica en la que se presentaba Muertos y heridos y otros textos, una antología de escritos del médico militar y fundador de la Cruz Roja española, Nicasio Landa, de la que son editores Guillermo Sánchez y Jon Arrizabalaga. Nicasio Landa, paisano de los que asistíamos ayer al ritual de su rescate, es un personaje poco conocido y nada reconocido fuera del pequeño círculo de historiadores que se han sentido atraídos por su figura y en esta atracción hay algo más que curiosidad intelectual, también afección sentimental, porque, como puso de relieve el presentador del libro, Ángel García-Sanz, Landa (1830-1891) representa una tradición proveniente del siglo XVIII y que atravesó la centuria siguiente:  ilustrada, progresista, humanitaria y en la que se encuentran sin conflicto una visión internacionalista de la sociedad y un genuino afecto por la identidad de la patria chica. Una tradición arrasada en los años treinta del siglo XX por el nacionalismo, el fascismo y la guerra civil, y aún hoy sepultada en el olvido. Landa, militar del ejército español, liberal de ideología y de talante, promotor del vascuence,  prologuista de la primera edición española de Historias extraordinarias de Edgar Allan Poe, circunstancia que lo emparenta con Baudelaire, embajador oficioso del gobierno constitucional en los primeros congresos internacionales que intentaban mitigar los horrores de la guerra moderna, inventor de pertrechos para la sanidad militar, autor de ensayos sobre la guerra, el derecho y la asistencia sanitaria y social, promotor  de obras y servicios sociales, resulta un personaje fascinante y hoy irrepetible. La Cruz Roja española, a la que está asociada el nombre y la actividad de Landa, registró su primera organización en esta provincia natal del fundador, donde ayer se rindió homenaje a su memoria, e intervino por primera vez como tal organización en la batalla de Oroquieta (Navarra, 1872) de la tercera guerra carlista. Landa estaba en el ejército liberal y los carlistas fueron derrotados en aquel lance pero los caprichosos meandros de la historia hicieron que la vida de los que asistieron ayer a la presentación del libro haya transcurrido bajo la férula carlista, con uno u otro matiz. De modo que la presentación tenía un sesgo vindicativo que ojalá encuentre la...

Leer más

Pánico en el parque jurásico

Posted by on Nov 3, 2016 in Miradas |

Dicen que los mercados han entrado en pánico ante la posibilidad, cierta, según las encuestas (aunque ya veremos si son tan fiables como en España), de que Trump sea elegido emperador de occidente. Los mercados no solo nos birlan la cartera sino que nos vampirizan el flujo sanguíneo y usurpan los latidos de nuestro corazón. Nos obligan a una existencia vicaria, como saben bien los que están atados a una hipoteca, y nos liberan del engorro de sentir emociones. Ya  las exteriorizan ellos por nosotros y con un adelanto de entre veinticuatro y cuarenta y ocho horas. Los mercados son el cardiógrafo de la humanidad capitalista y avisa del infarto. En los mercados habitan entre otras la industria alimentaria y la farmacéutica; la primera vende productos pródigos en azúcares y grasas saturadas y la segunda, remedios contra la obesidad y el paro cardíaco. Si algo necesitan los mercados es que la humanidad sobreviva para seguir vendiéndole hamburguesas y pastillas. El único sector que, por ahora, no cotiza en bolsa son las funerarias. Así funciona el parque jurásico: el sueño delirante de una turba de emprendedores enloquecidos que crían toda clase de bestias horripilantes, cada una de las cuales en su nicho correspondiente, para solaz de la humanidad que atraviesa esta reserva de los horrores en un trencito muy seguro, hasta que el tiranosaurio salta la verja electrificada y corretea por el parque que quiere convertir en su reino. ¿Quién ha dicho que un tiranosaurio no puede gobernar una tierra poblada de dinosaurios de todas las especies y tamaños? Trump es un producto típico de los mercados, la joya del parque jurásico, grande, aparatoso, voraz, agresivo, insaciable y enamorado de la atención que suscita y del temor que despierta. La clase de bestia por la que el público se muere, literalmente, por darle de comer en la mano. La objeción de que un tipo así no puede llegar a presidente de los estados unidos es pura retórica, un vestigio de cuando la sociedad todavía pertenecía a los seres humanos, esas formas de vida diminutas que pagan impuestos, van al fútbol los domingos y cada cuatro años eligen quién habrá de devorarlos. En esta tesitura, que sea a lo grande, mejor en las fauces de un monstruo legendario que roído por las ratas del desempleo, la carencia de educación y de sanidad y la asfixiante hipoteca de la vivienda. Votar a Trump es el sucedáneo de la euforia bélica que experimentaban las sociedades avanzadas del siglo pasado ante la expectativa de una guerra, el regreso a la barbarie, como ocurrió en 1914, en 1939 y los predecesores de Trump aún repitieron el ensalmo en 2003 ante la invasión de Irak. Pero,...

Leer más

El tocador de narices

Posted by on Nov 2, 2016 in Miradas | 2 comments

Cruz de borgoña, o cruz aspada o de sanandrés. En el mercadillo de las pulgas que es la mesa de trabajo encuentro este vestigio extraído del chirrión (vertedero, en mi pueblo) del pasado debate de investidura. Trájola a colación Iglesias para emparentar a la casa real con el peeneuve, no se sabe a cuento de qué. El tono en que aludió a este emblema heráldico parecía amistoso y seguramente quería decir, no sin razón, que las únicas instituciones que permanecerían intactas después de ese debate serían la corona y el partido nacionalista vasco, como probablemente así ha sido. El portavoz nacionalista, que seguía el debate plácidamente, recibió la alusión con una sonrisa de quien le resbala la gracieta pero las excentricidades de Iglesias tienen una cualidad volcánica y minutos después todo dios estaba hablando de la cruz de borgoña. La conciencia política de este país huye de las abstracciones y se entretiene en las anécdotas, tanto más si forman parte del tocamiento de narices a alguien, y en esta disciplina olímpica no hay duda de que Iglesias es el campeón de la liga nacional. El peeneuve se sumó al jaleo y acusó al líder podemita de insultar a la memoria de los gudaris. Aquí siempre estamos cerca del día de difuntos, otro rasgo nacional. Sin embargo, no le faltaba razón a Iglesias, a su manera sutil, tortuosa e irritante. La primera bandera nacionalista vasca la diseñó Sabino Arana en este pueblo donde vivo, a raíz de una exitosa sublevación de las fuerzas vivas, llamada La Gamazada, contra el intento del gobierno central de cercenar el régimen fiscal privativo de la provincia y, en efecto, ese primer prototipo de ikurriña era idéntico a la bandera carlista: blanca con la cruz roja de sanandrés en el centro, el mismo emblema que portan en su escudo de armas las dos ramas borbónicas, la que reina y la marginal (si bien en el primer caso ya no es verdad: Felipe VI ha quitado del escudo real la cruz que sí exhibía el escudo  de su padre) La razón de esta aparente coincidencia es obvia: en la matriz originaria del nacionalismo vasco está el carlismo. Luego, la ikurriña fue reelaborada hasta su formato actual pero conserva la cruz aspada. Sobre el significado de la ikurriña hay opiniones para todos los gustos; una de ellas, la más convincente, a mi juicio, es que los nacionalistas vascos quisieron hacer un homenaje a la union jack, porque a fuer de no ser españoles querían ser ingleses, pero eso fue antes de que el Reino Unido no hiciera nada por salvar Bilbao durante la guerra civil y mucho antes de que los vástagos de aquel nacionalismo originario se...

Leer más

El vagabundo

Posted by on Nov 1, 2016 in Miradas |

El vagabundo ha dejado atrás el escenario de la pelea y se aleja hacia el punto de fuga de un paisaje vacío en un plano general que anuncia la palabra fin. Así terminan las películas de Charles Chaplin. El mensaje del comediante es ambiguo: el personaje parece dirigirse hacia la libertad pero viene de la derrota. Como Pedro Sánchez, que, si ha cumplido su propósito, ya debe estar en carretera. Ha puesto el vehículo en marcha sin saber si es un mesías, un peregrino, un vagabundo o un fracasado. Lo único cierto es que ha partido ligero de equipaje, casi desnudo, después de despojarse abruptamente de su inmediato pasado ante los telespectadores. Va en busca de la militancia, un referente abstracto, un ente imaginario, como la gente o el pueblo, una fantasmagoría, ahora que estamos en Halloween. La política y los negocios del poder los hacen estructuras organizadas y él debe saberlo bien, porque se ha criado en una de ellas. Los habitantes de ese hormiguero del que hasta ayer él era el patrón ya han empezado a tirarle piedras, y aún no ha dado la vuelta a la esquina. Los sedentarios detestan a los trashumantes, y más si prevén que van a merodear en su corral. Sánchez, vagabundo del dharma, se ha revelado un personaje tenaz y pundonoroso, pero no es un ideólogo ni un estratega, y el orgullo herido es mal consejero en política. También eso debe saberlo porque ahora él es el cadáver que pasa ante la puerta de Rajoy, cuyo papel en la corrupción calificó, no sin razón, de indecencia, sin que al aludido se le moviera ni un músculo de la cara. Las declaraciones de Sánchez son siempre obvias, de vuelo gallináceo, y delatan su educación política en una organización de modelo leninista: un lenguaje pragmático y adaptativo, de madera, se dice ahora, un doblepensar, para expresarlo en términos orwellianos, que sirve para un objetivo y para su contrario según las circunstancias.  El territorio de la izquierda está hoy devastado, como después del paso de un ciclón, y no es raro que por él pululen individuos desnortados en busca de cobijo, aunque es más dudoso que lo encuentren. Después de las pedradas de sus correligionarios, Sánchez ha encontrado entre los podemitas una respuesta que quiere ser vagamente comprensiva pero que se parece mucho al dios le ampare con que antaño eran recibidos y despedidos en un mismo instante los mendigos excedentes de cupo. Vivimos una época convulsa, en la que casi cualquier acontecimiento es posible, como se ha visto, pero resulta improbable que Sánchez pueda arrastrar tras de sí a un pequeño, forzosamente pequeño, ejército de sans coulottes procedente de los desencantados del pesoe...

Leer más

Mesa de disección

Posted by on Oct 31, 2016 in Miradas |

Las series policíacas de la tele se desarrollan alrededor de la mesa de disección. Sam Spade, Miss Marple y Pepe Carvalho,  incluso el tristísimo y deprimente Kurt Wallander, han sido sustituidos por médicos forenses que operan en rutilantes e hipertecnificados templos en cuyo altar reposa mansamente la víctima con las tripas a la intemperie, y las pistas fatigosamente recogidas en el pasado en callejones mugrientos o en casas con mayordomo están ahora contenidas en un montón de casquería cuyo lenguaje descifra un o una científica (esta última encaramada a unos vertiginosos zapatos de tacón) ante la mirada atónica de sus colegas, los polis de toda la vida. Esta traslación del enigma policiaco desde la calle, donde viven los asesinos y sus víctimas, a la sala de disección es resultado de dos cultos – al cuerpo y a la ciencia- que envuelven nuestra existencia y que confluyen en la celebración mayor de la muerte, que no es vista como una pérdida, ni siquiera como algo particularmente doloroso, sino como un pretexto necesario para que reine la justicia, el orden y el progreso, lo que quiera que signifiquen estas palabras. Esta afición a los detectives de las postrimerías tiene que ver también con la urgencia impuesta por el desarrollo de la comunicación. Las nuevas tecnologías conspiran contra el relato –el modo Twitter es el patchwork o el mosaico- y la disección forense se aplica también a la política, como puede comprobarse asistiendo a otro afamado bloque de la programación televisiva: las tertulias, que han dejado de ser, si alguna vez lo fueron, un reposado espacio para el intercambio de opiniones (la memoria me ofrece la arqueológica La Clave, de José Luis Balbín) para convertirse en una agitada competición de analistas enfebrecidos que con gran alboroto sajan, extraen, escrutan, sentencian y por último arrojan el despojo al cubo de aluminio. La tradicional mesa de redacción se ha convertido en mesa de disección donde las noticias que antes se construían ahora se deconstruyen. El pasado sábado, Sánchez anunció su resurrección como peregrino del futuro pesoe en una sentida comparecencia, lágrimas incluidas, pero ha bastado que trasladaran la noticia a la mesa de las tertulias para que su anunciada iniciativa quedara reducida a sus factores primos. Lo que queda se lo han llevado los piratas informáticos, los últimos invitados de la cadena trófica. Ningún guionista de series de detectives forenses se ha atrevido aún a formular la audacia argumental de que, al final del capítulo, el difunto se levante de la mesa de autopsias, recoja sus vísceras como quien recoge los papeles del atril de oradores y regrese tan pancho a sus negocios. Pues bien, eso ha ocurrido en la realidad, pregúntenselo a...

Leer más