A toda máquina

Posted by on Abr 19, 2017 in Miradas |

La transparencia no es un asunto fácil. La información veraz exige un conocimiento preciso de los hechos, dominio del lenguaje que se utiliza para contarlos y decencia en el ejercicio de la comunicación. Al otro lado del hilo, es necesario además que el receptor esté interesado por lo que se le cuenta, que posea capacidad interpretativa y que deje de lado los prejuicios de los que todos nos valemos espontáneamente para reconocer lo que se pone delante de los ojos. Por una causa o por otra es casi imposible que estas condiciones funcionen a la vez, de manera que el acto de comunicación y sus efectos se presentan siempre trufados de equívocos, ruidos y omisiones, la materia oscura de la comunicación, que supone el noventa por cierto del contenido de todos los mensajes que vuelan por ahí. Pero, vamos, nunca se nos había perdido un portaviones y su flotilla de acompañamiento. Nunca, hasta ahora, en la entretenida época de la posverdad de Trump. Ahora ya sabemos que si el emperador de la cresta color panocha dice que ha mandado una flota con sesenta aeronaves de combate y seis mil efectivos a Corea del Norte para ponérselos de corbata a ese tipo gordito que parece un dibujo del manga, lo cierto es que la flota navega en dirección contraria hacia Australia. Podría considerarse una maniobra de distracción pero también un acto de deserción ante el enemigo. Estas serían las hipótesis tradicionales en un mundo predigital del que nos imaginamos la sala de mapas del estado mayor donde serios y competentes auxiliares provistas de un arrastrador de largo mango llevan de un lado para otro de la mesa barcos en miniatura, hacia arriba y hacía abajo, a la derecha y a la izquierda. Pero en el mundo en tresdé, es más probable que la navegación de la flotilla responda a la lógica de un programa avanzado de videojuegos, donde los jugadores, los intereses que defienden, los recursos de que disponen y las reglas mismas del enfrentamiento son múltiples y variables según la evolución del juego. Si no se entiende ni un ápice de juego de tronos, que es una serie con pujos literarios (los podemitas lo utilizaron al principio como manual de estrategia y ya ven por dónde navega ahora su autobús), ¿por qué habríamos de entender las espasmódicas decisiones de un tipo que se expresa por tuiter? ¿Rumbo a Corea del Norte o a Australia? No sé, hay tanta agua y toda azul que es imposible saberlo, pero ese chino del tupé se va a enterar como crea que puede seguir tocándonos las narices. La producción del lenguaje está hoy en manos de ingenieros y no de literatos (y menos...

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La ocurrencia

Posted by on Abr 18, 2017 in Miradas |

Si podemos se ha quedado sin impulso político y sin ideas con qué reactivarlo, lo peor que podía hacer es salir de paseo. El autobús que ha sacado a la carretera para hacer bolos es una de esas desconcertantes ocurrencias de la comunicación podemita a la que el público empieza a acostumbrarse y que contempla como una banalidad consabida. El mensaje que emite es viejo,  los personajes que señala están amortizados, y la idea de que esas caricaturas puedan formar una trama es ridícula. A estas alturas, solo representan un maldito sainete del que todo el mundo está al cabo de la calle, como lo evidencian los propios dibujos de tebeo que ornamentan el autobús. La misma noción de trama, un destilado de la casta que la precedió, parece manida y tiene una connotación conspiranoide de imposible desarrollo político. La cuestión no es que hay una connivencia entre el capital oligárquico, una parte de la clase política y algunos poderes del estado, porque ¿dónde no la hay?, sino qué naturaleza tiene en este caso, qué consecuencias acarrea  para la sociedad y qué alternativa se presenta a este estado de cosas. Ni una palabra sobre eso. Los politólogos que dirigen el partido y apadrinan la iniciativa del autobús parecen guiados por la idea de que el buen pueblo no ve la tele, ni lee periódicos, ni navega en internet, ni es capaz de relacionar la aguja con el hilo, y ahí están ellos para ilustrarlo mediante unas viñetas itinerantes, como un pliego de cordel. Podemos es el tercer partido del parlamento, tiene setenta y un diputados, lo apoyan cinco millones de votos, gobierna las ciudades más importantes del país ¿y necesita recurrir a una fórmula publicitaria de grupúsculo con afanes de provocación, como los del pene y la vagina? Bien, han conseguido unos cuantos minutos en el telediario, no demasiados, algunas portadas de periódico, no muchas, cierta trepidación en la red y la previsible respuesta de los portavoces de guardia. This is only entertainment. Es hábito de la generación digital creer que sus ocurrencias particulares son de interés público y universal y así hemos llegado a que internet esté plagado de gatitos. La mayor parte de estos mensajes están destinados a un círculo de amigos conectados pero, como la emisión es en abierto, pueden convertirse en virales, que es el sueño de cualquier operador de la red y la pesadilla de los usuarios. Viral y banal son sinónimos en la neojerga digital y los podemitas, que parecen más aficionados al ipad (un soplo de diversión es el lema de la marca) que a la realidad, debieran tenerlo en...

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Escritura automática para afilar la pluma

Posted by on Abr 17, 2017 in Miradas |

Hace unas semanas, encontré en un cajón una pluma estilográfica olvidada a la que devolví a su función. No escribo apenas a mano pero me gusta el ritmo que da a la escritura el roce del tajo sobre el papel y quise experimentarlo en el artefacto recién hallado. Respondió bien, me confié, dejé de usarla a los pocos días, se secó la tinta y dejó de funcionar. En estos casos la plumilla debe ser sumergida en agua para diluir la tinta seca adherida a la pieza pilosa que permite el flujo de la tinta. Realizada esta operación, es necesario devolver a la pluma su función ejercitando el trazo sobre el papel, que al principio sale desleído por efecto del agua que ha disuelto la tinta. Empecé el ejercicio trazando rayas rectas, quebradas y onduladas, palabras sueltas y por último un relato que parecía adquirir densidad y sentido (aunque no sé cuál) por sí solo: Mi vida con perico de los palotes es muy siniestra. Vivimos a lo lejos en la mugre de un espacio reducido en el que de vez en cuando advertimos el paso despreocupado de un cuerpo oblongo y oscuro que lo atraviesa y que parece una rata o un armadillo. El tiempo apremia a veces, se ensancha otras, pautando periodos de ansiedad y lasitud que no necesariamente se dan a la vez en cada uno de los dos y que no compartimos. Una vez intenté decírselo, o lo intentó él, ya no me acuerdo, y fue una experiencia muy desagradable advertir que vivíamos en atmósferas distintas. Desde entonces me pregunto qué significa que respiremos el mismo aire cargado. La ausencia de significado es, por lo demás, una experiencia corriente en los dos. Los significados se desvanecen igual que se desvanecen los matices de color cuando se pone el sol al otro lado de la ventana y nos invade la oscuridad, aunque, bien mirado, no es lo mismo. La falta de significado no tiene que ver con lo claro y lo oscuro. Puede reinar una luz esplendorosa y un vacío de significación al mismo tiempo. Por lo que llevo advertido en mí mismo (de lo que experimente él no tengo ni idea) la falta de significado se corresponde a un desplome de la voluntad, es decir, el mundo se hace ininteligible a la vez que desaparece la esperanza y renunciamos a manejar los mandos de nuestra vida, aunque nos lleven a estrellarnos. Esto último lo he dicho en voz alta, y mi compañero, que no colega, me ha dedicado una mirada de extrañeza, si no de hostilidad, así que he vuelto a pensar en voz baja, si puede decirse así, en el tono quedo justo para que...

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El estercolero

Posted by on Abr 16, 2017 in Miradas |

Hay un prurito en los escritores de este ocaso de la era gutenberg por  tildar con algún calificativo derogatorio cualquier alusión, sea necesaria o forzada, a las redes sociales. Estos autores se sitúan al borde de la trama digital y la contemplan con el gesto de rechazo de quien alardea de un tabú dietético. De estercolero la califica hoy mismo Manuel Vicent, quizás el mejor escritor de periodismo literario desde que tengo memoria, en un artículo de contenido más bien marmóreo que digital, pues trata del inevitable valle de los caídos. Las razones de esta repulsión son obvias: las redes sociales establecen un campo aún inexplorado de la comunicación pública en el que la réplica fácil e inmediata, la horizontalidad en el intercambio de voces, la aparición de innumerables nuevos emisores sin más crédito que su voluntad de estar presentes en el ágora digital, el carácter instantáneo y fugaz de los debates y la formación de nuevos públicos elásticos e inestables son rasgos de un fenómeno que viene a destruir el ecosistema jerárquico, piramidal, restringido, en el que estos escritores han hecho su carrera. En la escritura, entendida como un código de signos estampado en un soporte material, conviven lo perenne y lo transitivo. Lo primero responde a la ambición del autor; lo segundo, a la necesidad del común. En cada paso de la evolución tecnológica, desde la pared de roca hasta el dispositivo móvil, pasando por la tablilla de barro y el libro de papel, se ha producido una mengua de lo perenne en beneficio de la expansión del mensaje. Los soportes son, a cada paso, más ligeros y fungibles, y, en consecuencia, los operadores, más numerosos e improvisados. Por lo demás, las nuevas tecnologías digitales no traen consigo ninguna rebaja de la calidad de la comunicación pública en ningún sentido, si bien es cierto que hacen más visible que antes la promiscuidad entre diversas hablas y niveles del lenguaje. En la era predigital era también comunicación, las pintadas en los muros, los prospectos farmacéuticos, la parla de la barra de bar, los alaridos de los hinchas de fútbol, las sentencias judiciales, etcétera. Lo que hacen las nuevas tecnologías es condensar toda esta materia en una memoria artificial menor que una uña de bebé y dejar al albedrío del usuario su ordenación, su uso y su replicación. El improperio de Manuel Vicent tiene otro sentido, más íntimo, más irremediable. Cuando leo su columna semanal, hábito que conservo desde hace cuarenta años, me asalta la evidencia de que él y yo celebramos una liturgia crepuscular que puede verse interrumpida en cualquier momento, ya sea por defección de uno de los dos o por el derrumbe del puente que nos...

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Bombas

Posted by on Abr 15, 2017 in Miradas |

El llamado sábado santo es el día más aburrido del año, y lo es por una confabulación de dos calendarios que interactúan desde que tenemos memoria: el litúrgico y el laboral. Según el primero, hoy es la aflictiva jornada en la que dios está muerto a la espera de resucitar mañana, y, según el calendario laboral, es el día en que los demás humanos esperan en el chiringuito de la playa a ser arrastrados al viacrucis del retorno hasta el calvario de la rutina laboral. Sea por la leyenda o por imperativo de la realidad, todo el mundo tiene, pues, buenos motivos para estar mohíno y desesperanzado. La ciudad es un paisaje apagado en el que hasta la televisión se pliega al tedio reinante con más entusiasmo que el habitual, que no es poco.  Así que no debe extrañar que la curiosidad vague desnortada por rincones extravagantes que, en otras circunstancias, tendrían un sentido pero que al espíritu amodorrado del día le parecen fruto de un sueño alucinatorio: una visión de colores brillantes, estruendo horrísono y calor abrasador. ¿Bombas o fuegos artificiales? En Afganistán, han contabilizado un centenar de víctimas, por supuesto ninguna civil, de la madre de todas las bombas arrojada por Trump el otro día dizque sobre una topera de yihadistas, e incluso se nos da los nombres  de cuatro cabecillas de la banda liquidados. ¿Cómo saben con tanta exactitud el número de víctimas e incluso su identificación si se supone que el objetivo estaba bajo tierra? La noticia cita como fuente a autoridades afganas, ¿les han dejado los yihadistas ir al lugar del bombardeo con un libretita para tomar nota de los daños, o lo saben por un satélite o un dron, o directamente se lo han inventado? Más estruendo. Los norcoreanos pasean una especie de petardo grandote –eso parece indicar la foto, que por supuesto, es de propaganda gubernamental- en un desfile militar con motivo de alguna celebración a la que son tan aficionados y aseguran, es decir, la noticia asegura que aseguran, que están dispuestos para emprender la guerra nuclear. Marchando. Y por último, Rusia posee el padre de todas las bombas. Sí, señor, con un par. También hay foto y, desde luego, parece una bomba con obesidad mórbida. La historia la cuenta abc y  tiene el inequívoco tufo de un chiste de barbería característico de la derecha española. En la misma noticia se reconoce que todo lo que rodea a este artefacto padre es confidencial; más o menos como las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, para que nos entendamos. Como mañana resucitaremos todos, cada uno a su realidad, vale la pena formular una petición a quien corresponda: si van a acabar...

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