El llamado sábado santo es el día más aburrido del año, y lo es por una confabulación de dos calendarios que interactúan desde que tenemos memoria: el litúrgico y el laboral. Según el primero, hoy es la aflictiva jornada en la que dios está muerto a la espera de resucitar mañana, y, según el calendario laboral, es el día en que los demás humanos esperan en el chiringuito de la playa a ser arrastrados al viacrucis del retorno hasta el calvario de la rutina laboral. Sea por la leyenda o por imperativo de la realidad, todo el mundo tiene, pues, buenos motivos para estar mohíno y desesperanzado. La ciudad es un paisaje apagado en el que hasta la televisión se pliega al tedio reinante con más entusiasmo que el habitual, que no es poco.  Así que no debe extrañar que la curiosidad vague desnortada por rincones extravagantes que, en otras circunstancias, tendrían un sentido pero que al espíritu amodorrado del día le parecen fruto de un sueño alucinatorio: una visión de colores brillantes, estruendo horrísono y calor abrasador. ¿Bombas o fuegos artificiales? En Afganistán, han contabilizado un centenar de víctimas, por supuesto ninguna civil, de la madre de todas las bombas arrojada por Trump el otro día dizque sobre una topera de yihadistas, e incluso se nos da los nombres  de cuatro cabecillas de la banda liquidados. ¿Cómo saben con tanta exactitud el número de víctimas e incluso su identificación si se supone que el objetivo estaba bajo tierra? La noticia cita como fuente a autoridades afganas, ¿les han dejado los yihadistas ir al lugar del bombardeo con un libretita para tomar nota de los daños, o lo saben por un satélite o un dron, o directamente se lo han inventado? Más estruendo. Los norcoreanos pasean una especie de petardo grandote –eso parece indicar la foto, que por supuesto, es de propaganda gubernamental- en un desfile militar con motivo de alguna celebración a la que son tan aficionados y aseguran, es decir, la noticia asegura que aseguran, que están dispuestos para emprender la guerra nuclear. Marchando. Y por último, Rusia posee el padre de todas las bombas. Sí, señor, con un par. También hay foto y, desde luego, parece una bomba con obesidad mórbida. La historia la cuenta abc y  tiene el inequívoco tufo de un chiste de barbería característico de la derecha española. En la misma noticia se reconoce que todo lo que rodea a este artefacto padre es confidencial; más o menos como las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, para que nos entendamos. Como mañana resucitaremos todos, cada uno a su realidad, vale la pena formular una petición a quien corresponda: si van a acabar con la especie humana a bombazo limpio sírvanse ahorrarnos los cuarenta y pico años de miedo y paranoia que constituyeron la guerra fría. Simplemente, cada uno a sus asuntos, y si de repente ¡pum! nos desintegran en nuestra topera, como a los yihadistas afganos, que nos quiten lo bailao.