Relato es una de esas palabras que segrega la jerga política y que corretea por el lenguaje en busca de sentido. La próxima campaña electoral va a ser, dice, una batalla por el relato. En las próximas semanas, los think tanks de los partidos, educados en una religión en la que se comulga con ruedas de molino, están convocados para elaborar un relato en el que sus jefes aparezcan convertidos en seres mitológicos sin perder la apariencia humana.
Los culpables
Un lector de las ocurrencias de este rincón me pide que me moje en discernir qué partido político ha tenido más culpa en el fracaso de la formación de gobierno y en las la consecuente repetición de las elecciones. La culpa es una noción moral que no opera en política; y la responsabilidad, tampoco. En último extremo, la culpa es de la ciudadanía que ha elegido a estos personajes sobre los que no tiene ningún control.
Cinco idiotas
La renovación de la clase política ha tenido un efecto perverso e inesperado y ha elevado a lo alto de la cucaña a cinco tipos criados en el bienestar y los videojuegos, narcisistas, eufóricos y absortos. Ninguno de los cinco jefes de filas del arco parlamentario han administrado nunca un presupuesto público ni han gobernado a ningún colectivo cívico, ya sea una comunidad de vecinos o un club deportivo de barrio
Política de las emociones
Los partidos que se arrogaron el papel de administrar la voluntad de las masas callejeras de indignados e independentistas han fracasado en su intento. Quizá sea porque las manifestaciones callejeras funcionan cuando son reactivas, es decir, cuando los manifestantes se echan a la calle para impedir que el poder haga algo que les disgusta o que rechazan, y no cuando son proactivas, es decir, destinadas a exigir que el poder haga algo que los manifestantes quieren. Valdría la pena reflexionar sobre esta ocurrencia.
La Rosa de los vientos
A la extinción del dictador, doña Rosa, como decenas de miles de compatriotas recién llegados a los apetitos del poder, se apuntó al pesoe y navegó sobre su ola mientras los vientos fueron favorables. Si hace cuarenta años, doña Rosa se hubiera apuntado a la alianzapopular, a donde ha llegado ahora, su carrera política hubiera sido mucho más corta y nos hubiera privado de sus pintureras acrobacias en el foro.