Estos días se ha hablado de las zonas de sombra del golpe del 23F y, como consecuencia, de la necesidad de desclasificar los archivos de la época, cuyo secreto protege la ley española sine die, haciendo de nuestra historia un armario lleno de cadáveres en descomposición y de nuestra conciencia un nido de sospecha y rencor. Creo que se lo debemos a nuestros hijos.
Hace cuarenta años
Los hechos tienen una suerte histórica desigual. Unos son olvidados; otros, elevados al rango de epopeya y, por último, hay una especie de limbo para un tercer grupo que queda a medio camino entre el olvido y la leyenda. Los sucesos del 23F pertenecen a este campo donde excavan historiadores y novelistas.
Editoriales
Albert Camus demuestra en estos textos una idea clara de lo que es y debería ser la política, pero no desciende jamás a la contingencia, lo que hoy llamaríamos politiquería. El polemista elegante, el racionalista valeroso, el moralista intransigente, Albert Camus es un escritor tocado por el don de la eterna juventud y leerlo es un bálsamo, incluso en la edad tardía.
El blasón de la familia
Hay apellidos familiares que gozan de una asombrosa ubicuidad y lo mismo emparentan con la familia real que aparecen en los papeles de Bárcenas. Abres el periódico y ahí están, por esto o por aquello. La reiterada fama no se debe tanto a los méritos personales cuanto a ¿cómo decirlo? una insaciable necesidad de reconocimiento, una autoestima sin consuelo que parece anidar en los genes del linaje.
Enmienda
Días atrás, el autor de esta bitácora publicó una desganada defensa del derecho del rapero llamado Pablo Hasel a no ser encarcelado por las letras de sus canciones. La desgana vino de un estado de conciencia en el que la apología de la libertad de expresión debe convivir con la repugnancia que produce el uso que de ese derecho hace su titular.