Esta mañana, el jubilado se ha visto sorprendido por un titular de prensa atribuido a unas declaraciones entrecomilladas de don Felipe González: “Con el candidato actual votaría en blanco, pero no dejaré de votar al PSOE”, declara el patriarca. Es extraño porque es contradictorio, ¿cómo se puede votar en blanco y al pesoe al mismo tiempo? En realidad no dijo lo que dice el titular. En el texto de la noticia, el literal de la declaración formulada en el lenguaje plateresco de don González es: Con el candidato actual, en unas elecciones votaría en blanco, pero no votaré a ningún partido que no sea el PSOE. Dicho en romance, don González votará en blanco para aportar su granito de arena a la demolición de don Sánchez pero que ningún partido alternativo crea que recibirá su voto. Podemos imaginar el agradecimiento y el júbilo de los partidos a los que no votará don González y que se resume así: tu voto vale como el de cualquiera pero tus declaraciones son oro molido. Si de lo que se trata es de incentivar la abstención de los votantes socialistas y por extensión de la izquierda, aquí está don González echando una mano en el momento oportuno, cuando el pesoe se ha estrellado en Aragón después de haberse estrellado en Extremadura.
Cronos (Saturno, en la mitología romana) era el dios del tiempo, hoy diríamos del Big Bang, y devoraba a sus hijos tenidos con Rea, diosa de la tierra, porque temía que uno de ellos le derrocara para ocupar su trono, lo que en efecto ocurrió cuando Rea salvó del aciago destino al pequeño Zeus, al que no le faltó ambición para convertirse en la deidad máxima del panteón grecorromano. Lo de Don González con don Sánchez es un pleito hereditario elevado a alturas olímpicas. El tiempo eterno que devora a los individuos contingentes. En el reparto de papeles, don González ha creído que la eternidad le corresponde a él y pugna ferozmente para devorar a don Sánchez, ese hijuelo transitorio que amenaza con arrebatarle su trono en la posteridad. Don González habita en la mitología y quizá se cree el dios del tiempo pero solo en un país tan propenso a las reliquias se daría audiencia a un personaje que no representa a nadie y hace treinta años que fue desalojado del poder en las urnas.
Las elecciones de Aragón han revelado un paisaje pedregoso, como ocurriera en Extremadura semanas atrás y previsiblemente ocurrirá en Castilla y León y en las que vengan después en esta ristra de comicios regionales promovidos por don Feijóo con el declarado propósito de acabar con el felón don Sánchez. El experimento está teniendo un efecto que no puede calificarse de inesperado: las elecciones las gana el partido que quiere acabar con la democracia. El bipartidismo no está acabado aunque lo parezca a veces. En el fondo, porque responde a una estructura profunda de la sociedad española, que no es tan diversa y plural como pregonan los recién llegados al foro, y en la forma, porque el sistema electoral está diseñado para primar a los partidos bien implantados en el territorio y para desechar experimentos traídos por formaciones de nuevo cuño.
La novedad de este tiempo es que los dos partidos sistémicos –pepé y pesoe– han perdido capacidad de respuesta ante los cambios históricos que se nos vienen encima, titubean y a menudo desbarran ante los nuevos desafíos y son vulnerables al zarandeo al que los someten fuerzas emergentes de sus extremos. Lo que distingue a don Sánchez de don Feijóo, entre otras cualidades, es que el primero es más ágil y certero en la táctica y el segundo es un defensa escoba de plantón en el área a la espera de que la realidad se ajuste a sus deseos. El juego de don Sánchez le ha enajenado el favor de su electorado histórico, más conservador que el líder, a la vez que ha conseguido neutralizar a las fuerzas a su izquierda, lo que significa una doble pérdida que se manifiesta en las urnas: la izquierda amengua en fuerza y visibilidad. No se puede hablar de juego de don Feijóo porque lo suyo es esperar a que caiga la fruta del árbol y entretanto está siendo consumido por la extrema derecha a la que no cesa de darle cancha, quizá porque, como reconoce don Tellado, ese toro de Guisando con gafas, somos lo mismo.
En las mitologías, un golpe de ingenio o de astucia, lo que ahora se llama un giro de guión, determina el rumbo de historia. La diosa Rea, la madre de la humanidad, salvó al pequeño Zeus porque entregó a Saturno una piedra envuelta en pañales y no al bebé que había reclamado para devorarlo. Al hacerlo, Rea puso en marcha la historia. La piedra es un macguffin y la política española necesita un macguffin para salir del estancamiento en el que está y del que los únicos beneficiarios son los neofascistas. Don Felipe González no sabe lo de la piedra cuando intenta devorar a su vástago.