Bueno, ya tenemos a Pedro de presidente y a Pablo de vice, que incluso ha llorado de emoción al abrir el envoltorio del regalo. No podrán quejarse de los reyes magos, y no precisamente porque se hayan portado bien durante el año pasado. Como ocurre en estas fechas, unos chiquillos están más contentos que otros con lo que les ha caído en suerte pero los votantes estamos todos encantados porque no habrá que volver a la juguetería para cambiar el género. Hala, a disfrutarlo, y entretanto los adultos podemos dedicar nuestra atención a otros asuntos. Por ejemplo, a las estribaciones de la arquitectura política que se ha erigido en la investidura de esta mañana, por las que cabalga un caballero andante de nombre don Guitarte al que los malandrines le han hecho la vida imposible durante estos días y ha sido uno de los héroes de la jornada en el parlamento, evidenciando así que el viaje de Teruel a Madrid es una odisea, ya sea por carretera, tren o como en este caso por trochas de la caballería andante.
Don Guitarte representa a un partido local, nuevo en estas lides y de agónico nombre -¡¡Teruel existe!!-, que tanto podría leerse como una orgullosa afirmación ante el pelotón de fusilamiento o como un gemido de ayuda antes de ser tragado por el pozo del olvido, y ha llegado a Madrid con este pendón para redimir a la España vaciada. El país está tan destartalado que en estas fechas de agitación y ansiedad se mezclan realidades olvidadas, fantasmas inventados, deseos incumplidos, etcétera, como en la novela de Cervantes. Apenas don Guitarte se puso en marcha en su ciudad natal cuando ha sido objeto de toda clase de insultos, amenazas y coacciones que le han obligado a pasar la noche de la vela de armas antes de la investidura en un figón o posada ignota, a salvo de los trasgos.
Teruel bien podría ser el nombre genérico de esa vasta extensión interior del país despojada de recursos humanos y económicos por la imantación de las ciudades del centro, Madrid en primer término pero no solo, y del litoral. No se sabe cómo podrían redimirse estos territorios que inspiraron el siempre fallido regeneracionismo patrio desde Joaquín Costa, pero es seguro que quienes han hostigado al diputado son los tataranietos de quienes vaciaron la España recóndita de grandes latifundios, salarios de hambre, maniobras oligárquicas y, en último extremo, muertos en las cunetas. Bienvenido, don Guitarte, a esta su quijotesca empresa, ojalá tenga suerte en el empeño y gracias en todo caso por la sencillez y convicción de sus maneras.