Mosaico de ‘emoticonos’

Posted by on Jun 22, 2015 in Miradas |

Es sabido que la memoria y la historia son vías distintas, cuando no contradictorias, de recuperación del pasado. La historia es una reconstrucción virtual de los hechos a partir de pruebas documentales de valor universal, contrastadas de acuerdo con un método científico. La historia no siempre puede contar toda la verdad por falta de pruebas suficientes, pero lo que cuenta debe ser solo la verdad para ser considerada historia. La memoria, por el contrario, es una adaptación de los hechos pretéritos al estado de conciencia y a las expectativas de quien la ejerce. Es un relato que incurre en olvidos, lapsos y tergiversaciones con el único fin de no lastimar más allá de lo soportable a quien lo recita. Nadie memoriza hasta arrancarse la piel a tiras. Nadie recuerda para condenarse a sí mismo y no es casualidad que un antiguo terrorista haya titulado el recuento de su pasado como Lo difícil es perdonarse a uno mismo (Editorial Península, 2015). Por eso, el término memoria histórica no es a menudo sino un oxímoron. Estas premisas alimentan el escepticismo sobre el valor de la voluntariosa iniciativa del gobierno vasco para que los ciudadanos envíen a través de su dispositivo móvil un breve vídeo con el testimonio de su experiencia en algún momento de los años de vigencia del terrorismo. La iniciativa va a ocasionar un mosaico de emoticonos para alguna futura exposición audiovisual y, en el mejor de los casos, proporcionará cierto material bruto para historiadores profesionales, pero también corre el riesgo de nublar la realidad. La sociedad vive un periodo de amnesia impulsada por la necesidad psicológica de alejar lo más posible un pasado atroz y estéril y no se entiende por qué quienes callaron entonces habrían de sentir la necesidad de hablar ahora. Los que apoyaron en silencio el terror porque no querrán pasar por canallas y los que callaron por miedo porque nadie quiere fungir de cobarde. En cuanto a los indiferentes, ¿qué razón habría para salir de su indiferencia? Uno de los cargos públicos promotores de esta iniciativa oficial fue en los noventa el portavoz de una “coordinadora popular” dirigida a torcer el brazo de las instituciones democráticas en el trazado de la autovía que comunica Gipuzkoa y Navarra con el apoyo de la banda terrorista y la colaboración de la entonces naciente kale borroka, que sembraron las obras de atentados con bomba y de amenazas a las constructoras. Cada vez que veo la cara de este cargo público revivo la ansiedad de aquella época de confusión, amenazas, miedo y corrupción, ¿es grave, doctor?, ¿cree que podría explicarlo en un...

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Tuits

Posted by on Jun 20, 2015 in Miradas |

Los tuits no tienen contexto, se reproducen por generación espontánea. Son proliferantes, pegajosos, reiterativos o víricos, si se prefiere, pero carecen de marco discursivo. Quedan prendidos en la Red, como morralla, independientemente de que lloviera o hiciera sol el día en que se emitieron. Al contrario de los trinos de los pájaros, a los que remedan, no pueden cartografiarse según las estaciones del año, las horas del día o la vegetación del paisaje. Tampoco cumplen una función vital; no sirven para buscar pareja, ahuyentar a los predadores o mantener unida a la prole. Los tuits son la expresión momentánea, impremeditada, del estado de ánimo de un solitario, como una exclamación, un exabrupto o un pedo, y se producen en un microclima de irresponsabilidad. En resumen, no son un lenguaje sino un borborigmo. Por eso son tan perturbadores cuando retorna su eco. Nadie puede alegar, como hizo el concejal madrileño, que sus injuriosos tuits antisemitas y contra las víctimas del terrorismo y la delincuencia debían ser entendidos en el contexto de un debate sobre los límites del humor negro. Contexto y debate son términos restrictivos, que aluden a un orden y un sentido incompatibles con los vertidos que se arrojan a la Red. Al final, el concejal pidió perdón a quien pudiera sentirse herido por sus ocurrencias y retuvo el acta municipal para ejercerla en un cargo menos conspicuo que el de responsable de cultura. El nuevo político salió del trance sin advertir que lo que había resultado irreparablemente dañado por él mismo era su propia reputación como representante...

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Euforia

Posted by on Jun 18, 2015 in Miradas |

Constitución del nuevo parlamento regional. Euforia de la plural izquierda que ha logrado abrir el candado tras el que la derecha y el partido de los socialistas locales, en calidad de cooperador necesario, habían encerrado las instituciones. Los recién llegados se han portado como chiquillos que acceden a una prohibida fábrica de chocolate. Uno de los vencedores, al olfatear el azúcar, ha exclamado que en la sesión se respiraba el cambio, que es el abracadabra del nuevo estatus. El presidente de la mesa de edad ha abierto las sesiones con un discurso íntegramente en vascuence, lengua que no entiende el ochenta por cierto de los parlamentarios electos, por lo que más que un cambio les habrá parecido un revolcón. Sin embargo, no hay duda de que, en euskera, este discurso de circunstancias tiene un intríngulis del que carece su traducción literal al castellano, cualquiera que sea. Por último, la presidenta electa de la asamblea se ha celebrado a sí misma declarándose “euskaldún, feminista y republicana”, créditos sobrados para ocupar el cargo público más ocioso del botín institucional, tanto que podría ocuparse rotatoriamente por sesiones, como uno más de los empleos efímeros creados por la reforma laboral del gobierno de Rajoy, sin que menguara un ápice su eficacia ni su productividad. No es probable que la nueva presidenta se refiriera a esa fórmula cuando ha dicho, a renglón seguido, que iba a abrir el parlamento a la ciudadanía. La introducción del voluntariado para las tareas deliberativas del parlamento crearía una dualidad laboral en la institución entre parlamentarios fijos y ciudadanía eventual que casi nadie...

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El imperativo legal

Posted by on Jun 15, 2015 in Miradas |

La toma de posesión de los concejales del reino ha ocasionado un florilegio de fórmulas retóricas. Cada edil ha elegido para su caletre a un interlocutor imaginario –la historia, la conciencia, el partido, el pueblo soberano, los pobres de la tierra- y le ha dedicado un juramento o promesa de su cosecha en un híbrido de creatividad popular y rigor protocolario. Estos añadidos y modificaciones a la fórmula canónica son más frecuentes en la izquierda y denotan inseguridad, temor y quizás falta de fe en el desempeño del cargo que tienen por delante. La coletilla más repetida de este ritual ha sido por imperativo legal. Es una expresión adversativa o condicional, que establece una suerte de distancia entre la querencia íntima del que la formula y su realidad institucional. Pero al mismo tiempo es una obviedad y una redundancia. Por imperativo legal, conducimos por la derecha, pagamos el IVA y nos abstenemos de robar la cartera del prójimo, y solo los conductores enloquecidos, los defraudadores fiscales y los carteristas son conscientes de que lo hacen por imperativo legal, justamente para vulnerarlo. No es probable que los concejales se vean a sí mismos como forajidos obligados por razón del cargo a cumplir la ley. Además, el código de circulación, el reglamento de tributos y el código penal son imperativos universales de obligado cumplimiento, pero ser concejal es voluntario. El que se postula para el cargo atraviesa un dilatado procedimiento legal del que parece no acordarse hasta que ha conseguido su objetivo y, entonces, la consiguiente descarga de adrenalina le lleva a perdonar la vida a la ley que le ha puesto donde está. En ese momento, la ley no ofrece seguridad sino que produce...

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El régimen

Posted by on Jun 13, 2015 in Miradas |

  Ninguna comunidad política puede explicarse sin el conocimiento de su armazón histórico. En esta isla, el engrudo es el régimen foral, un invento del primer tercio del siglo del XIX por el que las clases propietarias consiguieron el doble objetivo de ampliar sus mercados aboliendo las aduanas provinciales a la vez que retenían el poder fiscal (una hacienda propia para mangonear a su interés los tributos) y municipal (la gestión del territorio y de los servicios públicos). La razón de la supervivencia del régimen foral es que ha satisfecho los intereses de las dos partes contratantes: ha sido un factor de estabilidad del Estado y, en el interior, ha constituido un poderoso señuelo identitario y una fuente de beneficios sociales. Así que todos contentos. Esto explica la robusta permanencia del partido de la derecha foralista que sigue siendo el más votado de largo, aunque ahora haya perdido el gobierno a manos de una coalición accidental. El régimen foral es un artilugio inmanejable para la izquierda. Si es jacobina, porque la lógica le lleva a abolirlo, y si es nacionalista, porque la salida es la independencia. Es fácil imaginar lo que significaría sacar a debate cualquiera de estas dos propuestas. Quizás eso explique la existencia entre nosotros de dos líneas de izquierda irreconciliables entre sí y ambas impotentes para conseguir sus objetivos. La primera aceptó pronto las reglas heredadas y se enredó en toda clase de corrupciones y claudicaciones; la segunda decidió imponer una utopía nacionalista pistola en mano, y así durante cuarenta años. Ahora, ambas izquierdas parecen en proceso de revisión de su reciente historia. Y el artilugio original permanece intacto. Quién sabe, quizás podamos disfrutar en el futuro de un régimen foral, o lo que toque, sin asesinatos ni corrupciones, para...

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