Después de muchos años en que el mundo me ha permitido diversas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de la  moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. (Albert Camus).

El viejo nunca ha sido aficionado al fútbol y no es probable que vaya a serlo en el poco tiempo que le queda, pero no puede evitar en estas horas un estado de inquietud y de euforia, al que es de natural ajeno. La vejez es una edad rara, extravagante, diríase que rebelde, como comprueban quienes llegan a ella; nada que ver con el carácter pasivo e inerte que le atribuyen los jóvenes, y que se debe a la debilidad muscular y ósea del cuerpo maleado.

El viejo se recuerda perteneciente a la minoría de raritos que se sentían ajenos al deporte rey, como se decía antes, y se enclaustraban en sus quisicosas para hurtarse a la atmósfera que les rodeaba. De hecho, fue este matiz respecto al fútbol el que provocó su única desavenencia con su admirado Albert Camus. Camus jugó durante su adolescencia y primera juventud como portero del Racing Universitario de Argelia y a esta experiencia se refiere en su célebre elogio del fútbol como escuela de vida. Diagnosticado de tuberculosis, el campo de fútbol era un lugar claro y soleado y fraterno y regido por leyes justas donde la existencia encontraba sentido. El portero es Sísifo, feliz a la espera del balón que acogerá entre sus brazos y lanzará de nuevo a lo alto para ganar la batalla contra la muerte.

Ahora el viejo se deja acariciar con las ondas que emanan del mundial y de su final, esta tarde. Este baño le servirá mañana en el café para compartir opinión con los contertulios, estos, sí, verdaderos aficionados y sabios de los intríngulis del juego entre los que Raúl es argentino y el más sensato y ponderado. Debería ganar Argentina para que el trofeo cayera en buenas manos, al menos en esta tertulia. Entretanto, el viejo consulta los pronósticos de la prensa.

En Can Barça ya han ganado el campeonato. Las dos estrellas en liza –Messi y Lamine- se criaron en La Masía, la escuela del club, y el estilo de la selección española procede del magisterio de Cruyff y Guardiola. Un holandés y un independentista catalán. A su turno, Messi, que termina hoy su colosal carrera deportiva, jamás ha pronunciado una palabra en catalán y Lamine, el vibrante y ambicioso novato no pasaría el control de pureza racial proclamado por don M. Rajoy. Todos dentro, como escribe Enric Juliana. La final del mundial es la guinda del pastel de cumpleaños cocinado en la repostería del tribunal de justicia de la unión europea.

Hoy es un buen día para celebrar la Hispanidad y don Sánchez, en otro arranque de audacia política, podría instaurarlo como día de la fiesta nacional en lugar del 12 de octubre en el que reinan Hernán Cortés y Malinche, un desastre de espectáculo. Hoy, gane el que gane, ganamos todos. Pero no nos vayamos por las ramas. Iacoppus sugiere que Luis de la Fuente debería alinear a Pedri y aquí está el viejo, escrutando páginas de internet para saber por qué Pedri es tan importante y así tener algo que decir mañana en el café. Entretanto, espera con el corazón acelerado.

P.S. La pugna terminó como es debido. Ganó el mejor.