Apretando las clavijas

Posted by on Jun 12, 2015 in Miradas |

  Abres el periódico o te conectas a Internet y recibes una hostia o eres objeto de una burla. Cuando no es un corrupto que se ha llevado el dinero de tu pensión o de la educación de tus hijos, es un experto del FMI o del Banco de España quien asegura que hay que rebajarte el sueldo, echarte a la calle sin indemnización o subirte los impuestos por los yogures o los paquetes de pasta que consumes. Entre guantazos y peinetas, la torrentera informativa arrastra noticias del hambre infantil, cierre de empresas, desahucios de viviendas, enfermos sin atención y la consabida ración de fútbol que ahora también muestra su lado más purulento: directivos corruptos, futbolistas endiosados e hinchadas encabronadas. Los medios de comunicación se han convertido en una picana eléctrica. La pregunta es hasta cuándo se puede resistir la tortura porque tanto expertos como corruptos, es decir, teóricos y prácticos de la economía política vigente, parecen muy seguros de sí mismos al otro lado de la pantalla de plasma y para nada dispuestos a aflojar en sus propósitos. Cada día aprietan un poco más las clavijas, un modismo coloquial que ya se utilizaba en la Inquisición para designar la graduación mediante un tornillo del aplastamiento de las extremidades de los procesados. Desde entonces, no hemos dejado de estar sometidos al mismo procedimiento. Los inquisidores de ayer y de hoy tienen la misma misión: reinsertar a los réprobos y desviados en la verdad revelada a costa de quitarles la vida. Para el que está atado al potro de la televisión, la virtud es un ejercicio de suma cero: a más fe en lo que predican los prebostes, menos esperanza sobre el propio...

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El corralito

Posted by on Jun 11, 2015 in Miradas |

  El corralito es un espacio angosto, cerrado, donde se cultivan o se crían productos agropecuarios o, por extensión, financieros, a beneficio del dueño de la finca, de modo que parece una metáfora apropiada, además de irónica, para describir la estructura sociopolítica, institucional y simbólica de esta isla y así lo ha entendido el periodista Iván Giménez en su reciente libro (El corralito foral: Las tripas del navarrismo: un ecosistema al servicio del capital. Editorial Pamiela, 2015), vivamente recomendable porque es un serio trabajo de investigación y está expuesto con una prosa ágil, resuelta y convincente. Giménez ha descrito a los propietarios del predio, sus linajes, hábitos y mañas, mitos y rituales, y lo hecho con una magnética mezcla de claridad, agudeza y entusiasmo militante. En este sentido, el libro es un síntoma del cambio generacional en marcha, no solo por lo que cuenta y cómo lo cuenta sino también por lo que oculta. Los lectores de este brillante panfleto que ya no cumpliremos los sesenta echamos en falta más amplitud de foco. La comunidad que habita este corralito está formada por varias generaciones de individuos durante un periodo de casi ochenta años (por poner el inicio donde lo pone el autor, en la sublevación militar contra la II República) y desde entonces han experimentado todos los cambios internos e influencias externas que ha traído la historia, en el curso de cual esta sociedad acorralada ha tenido ocasión de tomar decisiones colectivas en al menos dos momentos trascendentales del periodo que abarca el libro: 1936 y 1977 (y, a partir de esta fecha, cada cuatro años). Los resultados están a la vista, y no puede decirse que las decisiones adoptadas no fueran libres en su propio contexto. La tesis subyacente del trabajo de Iván Giménez es una enmienda a la totalidad de estas decisiones históricas, una suerte de invitación a empezar de cero, pero ¿con qué bases?, ¿por qué medios?, ¿hacia qué objetivos? El libro termina antes de responder a estas...

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El monstruo de plastilina

Posted by on Jun 10, 2015 in Miradas |

El ejercicio democrático de la votación deja un poso de melancolía, una especie de post coitum tristitia. El domingo parece que vayas a asaltar los cielos, para decirlo con un tópico repetido estos días, y el lunes las cosas están donde estaban: el timbre del despertador en la mesilla de noche, el café ligeramente amargo y qué camisa me pongo, la de cuadros o la otra, para ir a la cola del paro. El voto es una delegación de la voluntad en nombre de una ideología que apenas entiendes o que, en el mejor de los casos, compartes fragmentariamente, a una organización sobre la que no ejerces el menor control y que no cuenta contigo más que, justamente, para pedirte el voto. La asistencia a las urnas produce un monstruo de plastilina, como una manualidad infantil, que los políticos tienen que manipular al día siguiente para adaptarla a la realidad, la cual nunca está en juego porque la dictan fuerzas que no se presentan a las elecciones. Este espejismo es más obvio cuando se dan las circunstancias contradictorias que se han dado en esta ocasión: una voluntad de cambio a través de un sistema electoral diseñado para crear y perpetuar oligarquías. Las fuerzas emergentes ya han descubierto que forman parte del tinglado. Ahora, la urgencia es buscar acomodo en él. Y, como era previsible, los pragmáticos lo han hecho con más rapidez y desenvoltura que los...

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La impotencia de Podemos

Posted by on Jun 5, 2015 in Miradas |

La formación emergente Podemos tiene un doble problema en este lugar donde escribo. En primer término, no ha conseguido votos suficientes para ser algo más que un compañero de viaje, y, segundo, carece de liderazgo acreditado para lidiar en una correlación de fuerzas que ha resultado muy complicada. Remitir a ulteriores decisiones asamblearias lo que ya debía estar resuelto -bases políticas para los pactos, líneas programáticas básicas, prioridades y hoja de ruta, etcétera- no es signo de mayor democracia sino de indigencia ideológica e imprevisión estratégica. Aquí, la verdadera fuerza vencedora del deseo de cambio que sin duda alienta en la sociedad ha sido la que durante más de treinta años de democracia ha tenido como principal función en el tablero público, apoyar, legitimar, excusar y, en el mejor de los casos, no condenar las acciones criminales de una banda terrorista en nombre de un proyecto nacionalista totalitario. Es posible que ahora estén camino de Damasco y se esté abriendo paso en sus filas un discurso revisionista sobre la violencia terrorista y sobre la democracia pero no conviene entusiasmarse con esta hipótesis. El tablero político está tan fragmentado que todas las fuerzas examinan de reojo el peso específico de contrincantes y aliados y, así, nuestros carlistas-leninistas ven a Podemos como una oenegé y a su otro socio, como una plataforma pasajera a la que ya le quebraron el espinazo de una ocasión anterior, cuando dieron al traste con el artilugio Nafarroa Bai. En este contexto, Pablo Iglesias ha perdido una ocasión de oro para morderse la lengua y mostrarse justo y prudente no solo ante el dolor de las víctimas del terrorismo sino sobre los hechos de la realidad que nos conciernen a todos. Los “soviets” agitados por Esperanza Aguirre en Madrid pueden ser una fantasía delirante pero la sangre de un concejal inerme asesinado en las calles de esta ciudad,...

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La zarpa en el cogote

Posted by on Jun 4, 2015 in Miradas |

La mano de un agente de aduanas en la nuca del banquero ful Rodrigo Rato ayudándole a entrar en el vehículo que lo llevó detenido provocó un cataclismo entre sus amigos y colegas que no por casualidad son el gobierno. Las derechas, que alojan en sus cúpulas una impresionante nómina de corruptos, unos presuntos y otros convictos, se han puesto de acuerdo para establecer cortapisas legales al derecho de la información a fin de evitar lo que llaman la “pena del telediario”, es decir, para velar a la opinión pública la acción de la justicia y, en último extremo, hacer esta más manejable a sus intereses. En esta iniciativa han coincidido españolistas y catalanistas. La patria es lo primero, y mejor si es Suiza. La pretendida reforma legal es uno de los primeros efectos de la derrota en las elecciones, que nuestro insigne Mariano ha decidido atribuir a las televisiones. Es fácil imaginárselo ante el telediario con una expresión de espanto y musitando para sí: eso nos puede pasar a cualquiera. En realidad, compartimos ese espanto. La corrupción es un hecho tan desmoralizador y obsceno que la ciudadanía preferiría que le fuera ahorrado, así que la solución es obvia: para que no se exhiban corruptos en el telediario basta con acabar con la corrupción. Mariano Rajoy -un tipo extravagante a fuer de creerse él mismo el paradigma de la normalidad y el sentido común- finge no comprender el sentimiento de fraude que embarga a la sociedad que gobierna. La crisis económica fue, en primer término, un gigantesco timo urdido por personajes cuyo honor se quiere salvar con esta pretendida reforma legal, los cuales dirigieron la economía hacia sus intereses privados y, para asegurarse el resultado, erigieron obras públicas ciclópeas e inútiles, abusaron del crédito fácil, ofrecieron productos financieros tóxicos, amañaron contratos, urdieron mordidas, expoliaron cajas de ahorro, perpetraron fraudes fiscales y, para resumir, ejecutaron todo el repertorio de desmanes que se pueden cometer desde una mesa de despacho, y más tarde, desde el boletín oficial, fingieron ponerle remedio con recortes en los servicios sanitarios y educativos, rebajas salariales, amnistías fiscales, desahucios y desempleo, y leña si protestas en la calle. La zarpa de la justicia en el cogote de uno de los responsables más conspicuos de este estado de cosas es una fantasía reparadora que, por un momento, se materializó en la pantalla del televisor. Pues bien, hasta el derecho al consuelo va a ser...

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