El ogro

Posted by on Jul 27, 2015 in Miradas |

Los ricos han entrado en una fase orgiástica -no en términos materiales porque en ese terreno han estado instalados desde siempre (que se lo pregunten a nuestro Blesa) sino, por decirlo así, filosóficos- y celebran a los ojos de todos un estrepitoso potlach en el que hacen alarde de sus riquezas, de sus ocurrencias y de su brutalidad, todo en dimensiones ilimitadas. Se abren la gabardina, para decirlo en términos que no aprobaría nuestra abuela, para que veamos lo grande que la tienen y hasta dónde nos la pueden meter. El 99% de la población, educada desde la cuna en el austericidio (que no es un invento de la señora Merkel, aunque se haya convertido en su fervoroso apóstol) recibe los ecos de la orgía con dolorosa incredulidad. No son los cantos de sirena que escuchó Ulises, que más quisiéramos, sino los chirridos de heavy metal que atormentan al prisionero de Guantánamo. El capitalismo como pesadilla. Es lo que encarna con jubilosa ferocidad el último ogro que ha surgido en escena: Donald Trump, quizás el próximo presidente de Estados Unidos. “No tiene ninguna posibilidad de ser designado candidato”, dicen sus críticos, pero encabeza las encuestas de su partido, el Republicano. “No tiene ninguna estrategia, se levanta cada mañana y piensa a quién puede insultar”, dicen, pero a los demás candidatos no les queda más opción que bailarle el agua. Este obsceno ricacho de modales tabernarios ya ha conquistado con sus atronadoras bestialidades el espacio del debate público y está más cerca que sus contrincantes de conquistar también la voluntad de la nación. No hay mayor error que tomar a broma a los demagogos en tiempos de crisis. El desorden social y económico que crea la desigualdad produce también un vacío insoportable para quienes se sienten excluidos, que, llegado el momento, votan a los ricos para ser ellos mismos ricos por delegación. ¿No fue este el comportamiento del electorado español cuando votó a Rajoy y compañía con el argumento de que la derecha entiende más de economía y crea más...

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Bipartidismo en burro

Posted by on Jul 26, 2015 in Miradas |

Leo en el periódico decano del lugar donde vivo que el gobierno regional se ha rebajado el sueldo un tercio, lo que es una medida de racionalidad política y financiera. Es posible que pretendan venderlo al público como un gesto sacrificial que habría de ser recompensado en las urnas pero no es más que una providencia de justicia distributiva. Los gobernantes han devaluado el país y es congruente que se devalúen a sí mismos en igual proporción. En último extremo, el sueldo resultante es bastante superior al de un funcionario de nivel A o al de un autónomo bien instalado, que es el segmento social del que proceden todos sus miembros. Entretanto, la derecha aventada de las poltronas no encuentra modo de salir del desconsuelo. Desahuciados de la casa que construyeron a su medida y en la que han habitado con comodidad treinta y pico años, no hay plataforma de perroflautas que los apoye (es más, los perroflautas están con los nuevos inquilinos, aún no se sabe si de huéspedes gorrones o como personal de servicio). La amargura y el desconcierto por este vuelco de la fortuna impide a los desalojados, incluso, reconocer las buenas cartas que aún conservan: son el grupo político más votado y han creado un entramado institucional que le será muy difícil desmontar al gobierno entrante a pesar de sus ganas. Sí, vale, todo eso está muy bien, pero ¿quién atiende ahora a la tropa de paniaguados que constituían la leal y hasta ayer robusta pirámide clientelar que hizo posible la gobernanza? Un plumilla afecto a los perdedores reprocha en el periódico a los del nuevo gobierno no haber vivido tan mal bajo el gobierno anterior, pero deja sin formular la pregunta consecuente: entonces, ¿por qué los han echado? Bien, una respuesta simple podría ser: para crear su propia red clientelar; a la postre, en todas las familias hay necesidades. Pero la amargura de la derecha tiene una raíz más profunda, tanto que afecta a la misma identidad de su proyecto. Toda su acción política desde el origen del régimen democrático y durante más de tres décadas ha estado dirigida a mantener fuera del gobierno, y si fuera posible fuera del territorio, a los que ahora los han echado. La debilidad electoral de estos, unas veces, y otras, su propia deliberación política (ausentándose voluntariamente de las instituciones), a lo que hay que sumar, y no como factor menor, el acoso del terrorismo, ayudaron a este designio hasta ahora mismo, en que una perversa combinación de crisis económica y desgaste del sistema político ha provocado el vuelco. En los años ochenta del pasado siglo tuve oportunidad de conocer bien a uno de los prebostes fundadores del...

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Diálogo

Posted by on Jul 26, 2015 in Miradas |

Cada vez leo menos prensa en papel, por economía, por funcionalidad, también por hartazgo. El tenebroso bombardeo diario me parece más liviano, más fugaz, on line, donde no sabes si estás leyendo una noticia o su parodia. Pero, vaya, algunos rituales que fueron placenteros y aún no hay razón para considerarlos nocivos, permanecen intactos: el desayuno dominical, café, fruta, tostadas, la píldora de turno… y el periódico. Ese día cambio unas palabras con mi quiosquero, un periodista titulado al que las dificultades de empleo en su oficio le empujaron a un ligero corrimiento en la cadena comercial de la información que le llevó de producir noticias a venderlas. Después del saludo, me pregunta cómo veo las cosas, así, en general. La vanidad me lleva a creer de pronto que quiere conocer mi opinión pero ya he aprendido que lo que quiere es darme la suya, así que, como en el teatro, le doy el pie y el recita su parlamento. Hoy, el pretexto para el diálogo han sido los resultados de una encuesta preelectoral publicada en el diario que compro, que él consideraba irreales y a mí me resultaban indiferentes. Su monólogo ha derivado hacia la actitud moral de los políticos de derecha e izquierda cuando llegan al gobierno. No estamos en desacuerdo pero es mucho más joven que yo, así que sus opiniones están empapadas de esperanza y de deseo, que él desearía en su fuero interno que fuesen la misma cosa. Mientras habla, persigue la precisión de las palabras, la hilazón de lo que quiere decir, la vía de salida a una conclusión que sea a la vez coherente y satisfactoria. No es fácil, yo también estoy experimentando ahora, mientras escribo, esta dificultad. Al fin parece haber alcanzado la iluminación y concluye: “mi suegro, que decía muchas tonterías, solía decir una gran verdad, todos tenemos un precio”. Otro cliente apresurado ha entrado en el establecimiento y tercia, “me tienes que presentar a tu...

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Ciudadanos y patricios

Posted by on Jul 25, 2015 in Miradas |

Todos acumulamos grasas y nos volvemos acomodaticios. En el umbral de la vejez hemos de elegir entre disfrutar del capital acumulado o jugárnoslo a la ruleta incierta de un futuro que ya no será nuestro. En este dilema, la inercia empuja obviamente hacia la primera opción. Las páginas de los periódicos (singularmente, el presuntamente progresista, que frecuento desde su primer número) están plagadas de firmas de patricios de las letras y de maîtres à penser cuya declinante tarea parece consistir en defender la plaza ganada y lanzar desdeñosas invectivas hacia las fuerzas emergentes en la sociedad. Es una forma de soberbia reaccionaria propia de quien cree haber llegado a una cima inaccesible y prefiere ignorar que, como todos, lo que ha hecho en su vida es navegar las olas de la Historia que le han tocado en suerte. Uno de estos patricios declinantes, quizás el más conspicuo por su visibilidad, es Fernando Savater. Lo cito, no solo por el hechizo que ejercía su prosa ni porque sus escritos han informado en gran medida la conciencia cívica de una generación, sino por el raro atractivo que proyectaba la mezcla de coraje político y hedonismo personal de su imagen pública. En este sentido, mi libro preferido de entre su extensa obra es A caballo entre milenios, una crónica autobiográfica en la que se trenzan su actividad civil contra el terrorismo de ETA y su pasión por el turf hípico, una lección moral inalcanzable para quien no ha pisado nunca un hipódromo. En su columnilla periodística de hoy, glosa el ya famoso incidente de la canciller alemana con una niña palestina y descalifica a los críticos de Angela Merkel, a los que tilda desdeñosamente de ser tratados como niños mimados y adolescentes rebeldes por su gobierno (el español, no lo dirá por la ley mordaza) y defiende la respuesta de la canciller porque trató a la desconsolada niña “como ciudadano”. Hay que fingir que se sabe muy poco del funcionamiento de la política para hacer creer que Merkel habla “como ciudadanos”, es decir, con la ley en la mano, a todos con los que se entrevista, incluidos, digamos, el presidente de la Bolsa de Franckfurt o el primer ministro de China, entre otras razones porque, en esas esferas, la ley tiende a ser un material muy maleable. Dirigirse a una refugiada política de quince años que va a ser deportada como a «un ciudadano» es, además de un síntoma del estado actual de la Unión Europea, un sarcasmo cuya comprensión está al alcance de cualquiera, incluso de un catedrático de Ética. Claro que el objetivo real de la glosa no es la suerte de la niña, ni siquiera la respuesta de la...

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El paseante

Posted by on Jul 25, 2015 in Miradas |

El jubilado vive mejor cuando entiende que su actividad se enmarca en un proyecto beneficioso o prometedor, y tanto mejor si está dirigido, sugerido o supervisado por alguna autoridad. Ha sido educado en un sistema jerárquico, autoritario y de verdades unívocas y se desenvuelve mal en las ambigüedades para cuyo descifrado carece de tiempo y de paciencia. Fuera de este marco pautado, el jubilado se siente perdido, disperso e ineficiente. La primera dificultad radica en encontrar una autoridad a la que someterse con confianza y sin aparente sumisión. Los jubilados son un híbrido entre liberto y difunto y no hay por ahí muchas autoridades que se ocupen de ellos. El cura, quizás, si es creyente, pero el más frecuentado es el médico. Así que asume con entusiasmo la recomendación de este y pasea cada día casi dos horas por la trama urbana de la cárcel que habita. Una larga y sinuosa vuelta por las consabidas calles y campos de extramuros a paso firme, con las zapatillas apropiadas y la resolución pintada en la cara. En esta actitud, el jubilado puede sentir a cada paso el retroceso de los índices de colesterol y azúcar, lo que quiera que sean estos adversarios que lo habitan. Las calles de la ciudad están pobladas de felices y engañados jubilados que caminan con la determinación de quien está pateando las siete cabezas de la hidra. Esta batalla triunfal viene empañada por la actividad quintacolumnista de la incontinencia urinaria. Los órganos que forman el aparato mingitorio han sellado una insidiosa alianza para mantener al paseante en vilo. Al malestar físico de esta situación se suma cierta perplejidad filosófica, por decirlo así. El colesterol es algo que puede imaginarse ajeno a nuestra naturaleza, aviesamente introducido en nuestro organismo por un deficiente estilo de vida, como una bacteria o un virus, digamos, pero el aparato mingitorio es parte de uno mismo, un aliado imprescindible del sistema vital, cómplice en el decoro de nuestra vida social, riente amigo en privado, testigo privilegiado de alegrías y deslices, y su traición resulta por demás desconcertante y dolorosa. ¿Y qué decir de la rebelión de los hiperactivos riñones, tan discretos que hasta ayer ni siquiera podíamos señalar con seguridad su ubicación debajo de la piel? De modo que el paseo triunfal del jubilado se torna en torturante periplo en busca de un váter público. He aquí un decrépito león solitario que vaga por la sabana con el escozor en la entrepierna, no para marcar el territorio conquistado, como hacen los jóvenes, sino para evitar ser derrotado por él. Entonces, los placeres del paseo, las observaciones, las ocurrencias, las imágenes que proporciona el paisaje, tantas veces glosados en la literatura (vid Javier...

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