La fiesta

Posted by on Oct 3, 2015 in Miradas |

Barullo en mi barrio. Orquestinas y desafinados grupos musicales en cada bocacalle y establecimientos comerciales, no todos, abiertos pasadas la diez de la noche y poblados de un público que, notoriamente, no está ahí para hacer compras sino por la atracción de la fiesta. Peatones curiosos y desconcertados, y podemos imaginar que vecinos en sus casas maldiciendo el ruido que no les deja dormir u oír la tele (aunque, en materia de polución acústica, ya deben estar acostumbrados por las inclementes campanas de la iglesia parroquial). Para entender la anomalía de este festejo inesperado hay que saber que mi barrio es durante el día el patio de recreo de un geriátrico y por la noche un geriátrico propiamente dicho, silencioso y fugaz como la vida de un viejo. Ayer se celebraba, según entendí, una fiesta promocional del comercio, y los organizadores quisieron convertir la zona en un zoco, para lo que nuestro estirado vecindario tiene poco estilo, qué le vamos a hacer. Una ocurrencia de mercadotecnia que prefiere ignorar que la suerte del comercio depende de las disponibilidades del bolsillo, que son las que son con la que está cayendo. Si un sociólogo quiere observar sobre el terreno el efecto de la crisis en la clase media tradicional, tiene que venir a mi barrio, un ensanche de la postguerra de arquitectura entre mediocre y nacional-católica, habitado desde entonces por una pequeña burguesía ascendente, que tenía de su lado a los vencedores y que ahora muestra un vecindario envejecido al que el cambio climático le impide exhibir el abrigo de visón. La alcaldesa precedente, conspicuamente votada en estas calles, hizo creer que la arteria principal sería la Milla de Oro de la ciudad, para lo que adoptaron todas las medidas de cemento previsibles –aparcamientos subterráneos, calles peatonalizadas, bancos y jardineras en los cruces, etcétera- a la espera de que los inversores, (¿se acuerdan de esa figura tan simpática?) quedaran deslumbrados por la oportunidades de negocio que se abrían en la zona. Pues bien, el resultado ha sido un espacio atrozmente promiscuo en el que se entrecruzan nerviosamente peatones, camionetas de reparto, vehículos particulares que circulan en primera, ciclistas silenciosos y emprendedores, cochecitos de niño y sillas de inválidos que no siempre encuentran expedito el acceso, en un damero de pasos de cebra, espacios de juego infantil y terrazas de cafetería, escoltado por un comercio volátil, en el que desaparecen los establecimientos tradicionales que dieron carácter al barrio para dar lugar a otros anodinos y asombrosamente transitorios. Esto es lo que celebrábamos ayer, al...

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A por él

Posted by on Oct 2, 2015 in Miradas |

Si habían creído que la derecha judicial iba a soltar la presa del concejal madrileño de los tuits, ya ven lo equivocados que estaban. Lo diremos otra vez, esos tuits eran injuriosos y obscenos, y, si pretendían ser humorísticos, no tenían maldita la gracia, y, si por ende, la autoría era de un cargo público, el destino lógico hubiera sido la dimisión del autor . Y ahora vienen los atenuantes, que no son personales, sino atmosféricos en un país donde no dimite ni dios, así haya hundido un banco o una caja de ahorros, haya financiado ilegalmente a su partido, haya recibido sobornos o haya utilizado fondos públicos para visitar a su querida, de modo que ¿por qué habría de dimitir alguien por un tuit? También es motivo de sorpresa que las ocurrencias del concejal tuitero sean las únicas que “humillan a las víctimas” en un país en el que el portavoz del partido del gobierno ha hecho gracietas sobre los republicanos asesinados y sepultos en nuestras herméticas cunetas y en el que un juez ha sido inhabilitado por querer investigarlo; en el país en el que un ministro ha ordenado enterrar al buen tuntún y sin identificar a militares que cayeron en acto de servicio, y en el que la portavoz de una asociación de víctimas (del terrorismo improductivo, porque no da votos al gobierno) ha sido injuriada e insultada por no ajustarse a la partitura prevista por quienes gestionan quién es y quién no es víctima del terrorismo. Pero acaso el mayor motivo de asombro en la causa del concejal tuitero es que las víctimas presuntamente humilladas no aparecen en los textos encausados, así que la ofensa se produce en un sentido lato, por decirlo así, por contaminación o por semejanza, que es como funciona el pensamiento mágico (y la consiguiente caza de brujas). En efecto, de las tres clases de víctimas citadas expresamente en los tuits, dos (los judíos asesinados en el Holocausto y las niñas de Alcásser) no son objeto de demanda, a pesar de que también son víctimas y también fueron injuriadas, y la tercera persona aludida, esta sí, víctima del terrorismo de ETA y citada por su nombre y apellidos, ha perdonado expresamente al autor, lo que dio lugar al archivo de la causa que ahora ha sido revocado. Pues bien, parece que ser víctima concreta y conceder un perdón concreto por una alusión injuriosa concreta no basta en este asunto porque ha sido ofendida “la dignidad de las víctimas del terrorismo y sus familiares como colectivo”. Así que el concejal tendrá que declarar por un delito genérico del que no hay ningún indicio ni en la literalidad de los tuits ni en...

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Utopías

Posted by on Oct 1, 2015 in Miradas |

Una nueva formación de izquierdas en el horizonte. Un déjà vu para los que ya teníamos uso de razón en los años setenta del pasado siglo. La proliferación de izquierdas indistinguibles entre sí es un fenómeno muy vistoso y distraído que indica el principio de un cambio de signo en la ideología dominante pero que, a fuer de expansivo, nos aleja del meollo de la cuestión, vale decir: cómo y para qué queremos desalojar a la derecha en el poder. Desde una perspectiva dialéctica, estamos en la tesis; falta pues la antítesis y, desde luego, la síntesis, lo que ahora se llama una fuerza inclusiva, transversal, interclasista, plural, abierta, etcétera, bien mirado, lo contrario a una síntesis. La izquierda que se anuncia ahora quiere soslayar a Podemos, que en unas semanas ha pasado de emergente a viejuno, y quiere hacerlo por una razón muy convincente, porque “Podemos deja fuera a personas relevantes de este espacio político”. La izquierda como ómnibus. Pero veamos, si la derecha, que representa a la oligarquía, que por definición son cuatro gatos, tiene problemas para incluir a todos los de su cuerda, ¡qué problemas no tendrá la izquierda, que representa al vasto e inabarcable pueblo llano! En Cataluña, donde como siempre van por delante, ya han superado la fase gaseosa y la situación se ha solidificado en resultados concretos en las urnas. Ahora, el dilema está entre la nación y la utopía. La síntesis sería una nación utópica pero ¿cómo se come eso? El caso es que el taimado Artur Mas, que ya ha empezado a hacer juegos de trilero con las cifras de su plebiscito encubierto, necesita los votos de un pequeño grupo de franciscanos descalzos para conseguir algo tan simple como ser entronizado en la jefatura del país. Los de la candidatura de unidad popular, otro mantra, vienen de una robusta tradición catalana de anarquistas, esperantistas y vegetarianos que aspiran a una república sin obispos, militares ni banqueros, y ya lanzados, sin alianzas internacionales ni moneda europea, todo lo cual recibe el nombre genérico de “España”. Un 8,2% del censo les apoya en sus razones, lo que en términos cuantitativos no es gran cosa pero que, por albur del famoso plebiscito, se ha convertido en decisivo. Se puede decir que los ojos del mundo están puestos en esta pequeña cofradía y no para que alcancen la utopía que pregonan sino justamente para que la traicionen. Los poderes terrenales esperan que algunos de estos franciscanos (se necesitan dos de diez) cuelguen los hábitos y voten por el autodesignado papa. Es el sino de la izquierda: si no tiene el poder no puede alcanzar la utopía, y si lo tiene, descubre que la utopía no...

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La última foto juntos

Posted by on Sep 30, 2015 in Miradas |

En las últimas semanas he asistido a dos eventos, como se dice ahora, a los que he sido convocado por razón de edad. El primero fue un homenaje funerario a un amigo ido; el otro, un dilatado café de sobremesa con otro amigo remoto. La primera de estas convocatorias tuvo un carácter colectivo y asistimos unos cuantos de la pandilla de antaño, casi todos, para decirlo mejor. Aquello parecía la última secuencia de El baile de los vampiros, la peli de Polanski, en la que los colegas emergen de los féretros donde se alojan desde tiempos inmemoriales para celebrar no sé qué acontecimiento. Un extraño vacío reinaba entre los apretones de manos, los abrazos y las palmadas en la espalda, no porque estos gestos de camaradería fueran insinceros sino porque habían perdido la energía y el sentido que tuvieron, inencontrables ahora en los traicioneros recovecos de la memoria. Durante unos interminables segundos mantuve estrechada la mano con un viejo amigo, un tipo excelente y cordial al que en aquel momento yo miraba fijamente mientras intentaba recordar su nombre. Lo recordé horas más tarde, cuando ya ambos habíamos desaparecido de nuevo de la vida del otro. Estos prolegómenos duraron poco, antes de que proyectaran en una pantalla un power-point (filminas, hubiéramos dicho cuando entonces) con imágenes del homenajeado en las que aparecíamos los demás con él. Un espectador joven, y había unos cuantos en aquel acto, no hubiera sabido decir cuántos muertos mostraban las imágenes, ni hubiera sospechado que los muertos estaban junto a él, erguidos, ligeramente sonrientes y confusos. Todas las imágenes pertenecían a un periodo muy corto (y muy lejano), de tres o cuatro años, los de tránsito entre la adolescencia y la juventud, como si el finado no hubiera vivido cuarenta y tantos años más en los que hacemos todo lo que aparece en una biografía, un currículo o el artículo de la Wikipedia. Lo que emergía de aquella oscuridad eran las últimas fotos que nos hicimos juntos, polluelos de la misma puesta, en el breve lapso entre la eclosión del huevo y el primer y definitivo vuelo hacia donde nos llevaron el carácter y las corrientes de aire. Volví a sentir esa sensación de tiempo vacío días más tarde, mientras atendía a la perorata de otro buen amigo de la época de las filminas –mi mejor amigo, entonces- en la terraza del club de campo de la privilegiada urbanización en la que vive. No conseguía seguir el hilo de su relato, contado con pasión y determinación, y dejé que fuera una cierta forma de piedad, un destilado de la antigua amistad, el que sustituyera a mi atención, hasta que el relato retrocedió lo bastante hasta llegar...

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El país opaco

Posted by on Sep 29, 2015 in Miradas |

Érase un país que recibía todos los dones del cielo en forma de inagotable lluvia solar pero extraía su riqueza y buscaba su destino en el barro negro de las entrañas de la tierra. Así podría empezar un cuento de Las mil y una noches pero hablamos de Arabia Saudí. Un país real y un estado reconocido que se nos presenta en un violento contraluz, como cuando se enfila un túnel al caer la tarde, que nos deja ciegos. Un país poblado por nómadas inquietos, fortificados tras murallas de arena, que sueñan con que el paraíso está en otra parte, mientras no cesan de acumular riqueza y dispensar petróleo e ideología: la energía que nos sirve para sostener la base material de nuestra sociedad y los tóxicos que aspiran a destruirla. Un país feudal al que rinden pleitesía todas las democracias del mundo. Un estado esclavista al que reverencian los hombres libres. Una nación de príncipes sin ciudadanos. Una sociedad de consumidores de lujo. Un conglomerado de tribus del que las repúblicas democráticas se sienten orgullosas de ser sus aliadas. Un mundo que aspira a un universo sin mujeres libres. Un poder que pastorea a millones de creyentes y deja que mueran por centenares en la devoción y maten por miles en la guerra. Un país que vive entre el estado sólido de las rocas y la arena y el gaseoso del cielo y el aire, donde no hay agua, de la que nace la vida, y está ausente el estado líquido, que la difunde y la multiplica. Un país, en fin, bueno solo para el estupor y los negocios. Bien, en este lugar, las autoridades van a decapitar y después a crucificar a Ali Mohammed Baquir-al Nimr, un menor cuando fue detenido, condenado por delitos de manifestación contra el gobierno, agresión a la fuerza pública, posesión de una pistola y robo a mano armada. Ni siquiera está acusado de delitos de sangre. Ali Mohammed fue arrestado en 2014, cuando tenía 17 años, y conducido a una prisión de la Dirección General de Investigación donde se le obligó bajo tortura, según su testimonio, y sin asistencia letrada a firmar el acta de reconocimiento de su culpabilidad. El caso tiene un componente de discriminación religiosa pues el joven es chiíta, sobrino de un famoso jeque de esta corriente minoritaria del Islam, muy crítico con la monarquía que gobierna el país. A día de hoy, la defensa del joven ha agotado todas las apelaciones y la sentencia puede cumplirse en cualquier momento. En este país opaco y en otros de su entorno, tan opacos como él, nos estamos jugando una buena parte de nuestro...

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