Si habían creído que la derecha judicial iba a soltar la presa del concejal madrileño de los tuits, ya ven lo equivocados que estaban. Lo diremos otra vez, esos tuits eran injuriosos y obscenos, y, si pretendían ser humorísticos, no tenían maldita la gracia, y, si por ende, la autoría era de un cargo público, el destino lógico hubiera sido la dimisión del autor . Y ahora vienen los atenuantes, que no son personales, sino atmosféricos en un país donde no dimite ni dios, así haya hundido un banco o una caja de ahorros, haya financiado ilegalmente a su partido, haya recibido sobornos o haya utilizado fondos públicos para visitar a su querida, de modo que ¿por qué habría de dimitir alguien por un tuit? También es motivo de sorpresa que las ocurrencias del concejal tuitero sean las únicas que “humillan a las víctimas” en un país en el que el portavoz del partido del gobierno ha hecho gracietas sobre los republicanos asesinados y sepultos en nuestras herméticas cunetas y en el que un juez ha sido inhabilitado por querer investigarlo; en el país en el que un ministro ha ordenado enterrar al buen tuntún y sin identificar a militares que cayeron en acto de servicio, y en el que la portavoz de una asociación de víctimas (del terrorismo improductivo, porque no da votos al gobierno) ha sido injuriada e insultada por no ajustarse a la partitura prevista por quienes gestionan quién es y quién no es víctima del terrorismo. Pero acaso el mayor motivo de asombro en la causa del concejal tuitero es que las víctimas presuntamente humilladas no aparecen en los textos encausados, así que la ofensa se produce en un sentido lato, por decirlo así, por contaminación o por semejanza, que es como funciona el pensamiento mágico (y la consiguiente caza de brujas). En efecto, de las tres clases de víctimas citadas expresamente en los tuits, dos (los judíos asesinados en el Holocausto y las niñas de Alcásser) no son objeto de demanda, a pesar de que también son víctimas y también fueron injuriadas, y la tercera persona aludida, esta sí, víctima del terrorismo de ETA y citada por su nombre y apellidos, ha perdonado expresamente al autor, lo que dio lugar al archivo de la causa que ahora ha sido revocado. Pues bien, parece que ser víctima concreta y conceder un perdón concreto por una alusión injuriosa concreta no basta en este asunto porque ha sido ofendida “la dignidad de las víctimas del terrorismo y sus familiares como colectivo”. Así que el concejal tendrá que declarar por un delito genérico del que no hay ningún indicio ni en la literalidad de los tuits ni en su interpretación lógica. Pero, ¿cómo perder la ocasión de llevar de la oreja al banquillo a un concejal del partido que desalojó de la poltrona a Esperanza Aguirre? La cual, por cierto, no ha sido acusada de embestir con su vehículo a todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, “como colectivo”.