El gurú

Posted by on Nov 10, 2015 in Miradas |

Ha muerto André Glucksmann. Entre las cosas raras que he hecho en mi vida, una es haber leído dos o tres libros de este ensayista parisino. Qué manía tan francesa la de los maîtres à penser: el clérigo laico autoerigido en conciencia de la sociedad y del mundo, así en abstracto. Una prosa conminativa al servicio de causas gaseosas. Especialistas en temas generales, un oficio que tiene practicantes en los países meridionales de Europa pero no en la cornisa atlántica. Todo nace, creo, de las guerras de religión: en los países católicos, los creyentes no están autorizados a interpretar por sí mismos las escrituras ni a relacionarse sin intermediarios con dios y con la realidad, así que esta parte del mundo es el paraíso de la clerecía, de la retórica, de la literatura secundaria y de la representación. Si echas un vistazo a la plaza pública encontrarás estos rasgos en todos los rincones. En la política, desde luego, pero también en la academia y en la literatura, en el arte y, por supuesto, en la religión. Aquí mismo, entre estas líneas, creo advertir su sombra. Entretanto, el mundo va a su bola, valga la redundancia, y al filósofo no le queda otra que viajar en el estribo -¿que otra cosa son los artículos de opinión en la prensa?- si no quiere quedarse en un apeadero del desierto sin coro ni audiencia. Glucksmann, dice su obituario (ese único fragmento de verdad sobre nosotros mismos cuando ya no podemos recurrir a la impostura), fue comunista, facción maoísta después –uno de los fenómenos más intrigantes de la Francia post sesentayochista fue la adhesión de sus intelectuales al Libro Rojo de Mao; en la versión española, este maoísmo estuvo nutrido de clérigos consagrados, literalmente, y se cultivó en las sacristías-, para desembocar al servicio de la derecha de Sarkozy del que terminó renegando. Se ve que para entonces ya era viejo y el mundo iba demasiado deprisa para sus piernas y su vista. Al final, los filósofos llegan a la vejez como todos, rodeados de un maldito y amenazador caos detrás del cual no hay nada y convertidos ellos mismos en máscaras del baile en el que quisieron poner orden en sus años mozos. Que se lo pregunten a Heidegger, el padre de la metafísica del siglo XX, del que se han publicado sus diarios, ominosamente titulados Cuadernos Negros, donde se revela que era tan antisemita y nazi como todos sabíamos que...

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El muro

Posted by on Nov 9, 2015 in Miradas |

Hojas del calendario, sillares de un muro. Esta especie de haiku contrahecho me ha asaltado esta mañana cuando he advertido que era mi cumpleaños. Me pregunto qué significa. A veces me parece que tengo una sibila alojada en el cerebro, que cree hacer oráculos y dice tonterías. El muro del calendario me separa del pasado y me recuerda la vida que ya no tendré. La esperanza es un bien más y más escaso. Soy un palestino de mi propia vida. Esta ocurrencia sí sé qué me la inspirado. Lo que muestra el vídeo que emiten en televisión es una mujer cubierta de la cabeza a los pies que se acerca a un tipo uniformado; este le pide los papeles y mientras los está examinando la mujer saca del bolso un gran cuchillo y ataca al hombre con una mezcla de determinación y torpeza que no consigue sorprender a este y en el impulso ambos salen de foco; la siguiente imagen muestra a la mujer abatida en la acera –los ropones negros que la mantuvieran oculta de su propia gente son ahora su sudario- y rodeada de soldados armados hasta los dientes. El vídeo es un relato de los vencedores: mira qué ocurre y cómo termina. El primer mensaje va dirigido al resto del mundo, que, como yo, asiste al espectáculo en la televisión; el segundo es para los parientes y vecinos de la mujer abatida. Soy un año más joven que el conflicto que ha llevado a esa mujer a la muerte y no quiero imaginarme lo que debe ser nacer sin esperanza, lo que debe ser un muro que avanza a tu espalda y te sigue a cada paso que das y te recuerda la poca vida que te han dejado. Un muro que te priva del significado de tu pasado y te impide intervenir en tu porvenir. Un muro frente al que no tienes más que un cuchillo de cocina para derribarlo y ni siquiera puedes abrir una gatera. ¿Qué clase de estrategia de la desesperación hay en una mujer armada con un cuchillo y rodeada de soldados con armas automáticas? No solo la desesperación de la víctima sino la de sus victimarios, que parecen impasibles alrededor de su cadáver. ¿Cuánto tiempo podrán sostener la legitimidad de su causa por el procedimiento de ejecutar a amas de casa? Paseo por los bosques de hojas doradas y escarlata de mi tierra y me asombra haber llegado tan pronto al...

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Selfie

Posted by on Nov 8, 2015 in Miradas |

Desde hace unos pocos años cultivo una afición tardía pero urgente, y gratificante, por la fotografía. El lector de esta bitácora tiene la ocasión de ver a la cabecera de cada entrada las pruebas de esta nueva manía. Durante mi pasado profesional, literatura e imagen eran negocios separados, a cargo de sus respectivos especialistas. Ni los periodistas literarios ni los gráficos estaban autorizados a invadir el terreno del otro. Cada uno a lo suyo. Esta rígida frontera ha desaparecido por los avances tecnológicos y los retrocesos laborales. Hoy el periodista es un tipo multiusos, además de mal pagado, y la proliferación de soportes ha democratizado, es decir, ha devaluado en términos de precio de mercado los oficios de la comunicación. Esta bitácora es una prueba de ello. El caso es que tuve ocasión de trabajar codo con codo con muy buenos fotógrafos. Por alguna razón, la provincia donde vivo, tan escasa en tantas cosas, ha tenido una espléndida nómina de gentes de este oficio, que educaron mi mirada (el cine también contó en esta educación) y estimularon el deseo de emularlos, y en esas estoy a la edad postrera. La fotografía te enseña que es la luz la que organiza la realidad visible. Es asombroso lo que puede cambiar una imagen con una levísima modificación de la intensidad y dirección de la luz que la habita. Pero, a la postre, lo que la justifica es su carácter documental. La mirada del fotógrafo puede ser original, arriesgada, oportuna, pero lo que cuenta es la cosa fotografiada. La abstracción es una distracción que malogra el resultado. La fotografía nació no para conocernos sino para reconocernos a nosotros mismos. Diríase que los (o las) selfies están en el origen de la fotografía sin saberlo. Este carácter documental es también su jaula de hierro. Dicen que una imagen vale más que mil palabras pero, en realidad, se necesitan muchas más que mil palabras para explicar una imagen. Ahora mismo, llevo escritas trescientas cuarenta y todavía no he conseguido enfocar el objeto de este selfie...

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El forajido

Posted by on Nov 7, 2015 in Miradas |

Dos rasgos distinguen a las llamadas ciencias humanas y sociales. Uno, que son inexactas, y sus premisas, métodos y conclusiones varían con frecuencia y al albur de circunstancias inexplicadas. Son ciencias líquidas, para decirlo con el epíteto que puso de moda hace un par de décadas el astuto sociólogo Zygmunt Bauman. El segundo rasgo distintivo es que se dedican a indagar precisamente lo que hay de inhumano y asocial en el comportamiento de los individuos de nuestra especie: los instintos, las querencias, los automatismos, las rutinas, los camuflajes; en general, las pautas de comportamiento que nos hacen homologables como protagonistas de un documental de fauna en La 2. Los sondeos preelectorales son un producto muy elaborado de esta clase de ciencias recreativas. Están amasados con materiales del pasado y se proponen predecir el futuro. Los destinatarios son los miembros de la clase política, cuyos jugos glandulares se excitan o deprimen según sean los resultados del sondeo. En este sentido, las encuestas se confunden con la práctica clínica. Los políticos las aceptan o rechazan según les guste o no el sabor de la píldora, lo que otorga cierto marbete de profesionales independientes a quienes la han elaborado. ¿Y cómo se fabrican? Pues como todo en la industria de la farmacopea, a partir de una materia prima –la intención directa de voto declarada- que pasa por un proceso de elaboración, llamado cocina en la jerga, donde este impulso bruto y primario se trata con diversos ingredientes que están en el comportamiento del encuestado aunque él parece no saberlo, y que revelan sus verdaderas intenciones ante la urna, con un margen reconocido de error que es análogo al del médico cuando aventura el tiempo de vida que le queda a un enfermo terminal. Usted y yo somos parte de la materia prima de los sondeos demoscópicos y usted no sé, pero yo escruto las tablas y diagramas buscándome a mí mismo y, como en un juego de espejos, unas veces creo verme y otras he desaparecido. Soy un fantasma político (una categoría que no imaginó Aristóteles). Así que me examino a mí mismo: un ciudadano si no ejemplar, al menos decente. Pago mis impuestos, no me salto los semáforos en rojo, etcétera, y llevo votando desde 1977 en todas las elecciones con mi DNI en regla. Pues bien, puedo decir sin temor a equivocarme que no ha habido ni una decisión importante del gobierno que se haya hecho con mi voto a favor y a menudo se ha hecho con mi voto en contra, desde el decreto de la reforma política de Suárez y la permanencia en la OTAN hasta la última reforma constitucional de sometimiento a los mercados; nunca he votado...

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La Marcha Verde

Posted by on Nov 6, 2015 in Miradas |

La recuerdo en los tonos grisáceos, brumosos y remotos de la televisión de la época: aquella multitud alienada de gentes de toda edad y condición, que blandía banderas y entonaba cánticos mientras hollaba lo que parecía menos un país que un desierto. La tierra prometida: un mito semítico de pueblos nómadas. La marabunta, la llamaron los españoles. Y recuerdo que me alegré de que el gobierno español decidiera abandonar el Sahara Occidental sin enfrentarse a ella en una guerra neocolonialista, sucia y vergonzante, como la que mantuvo veinte años atrás en un territorio vecino, Ifni. Entonces, el gobierno y la sociedad estaban enfrascados en la crisis interna del ocaso de la dictadura y la desaparición de los pintorescos saharauis, que a mí me parecían tuaregs de una novela de Karl May, de los escaños de las cortes franquistas, a la vez que desaparecía aquel opresivo armatoste, era un motivo de optimismo. El franquismo siempre estuvo envuelto en veleidades colonialistas en África, aunque fueran imaginarias, y la marcha de los marroquíes nos había librado por vía de los hechos del último vestigio de este delirio. Luego, cuando se disipó la tormenta de arena, supimos que lo que había ocurrido fue la ocupación de un territorio al que retirada de la potencia administradora convirtió en presa para los afanes expansionistas del reino vecino, que lo hizo suyo a costa de los derechos políticos de sus habitantes, convertidos en súbditos de un estado que no aceptaban. La Marcha Verde fue una operación colonialista en clave de descolonización y así seguimos. Las voces, escasas, que defendían el derecho de autodeterminación de los saharauis, reconocido por la ONU, se apagaban bajo el peso la realidad política. La república saharaui devino un objetivo imposible, la lucha armada contra el nuevo poder se hizo crónica y políticamente inoperante, y el mismo pueblo saharaui se vio fracturado en sus lealtades entre el frente polisario y el rey de Marruecos. El tiempo ha corrido a favor de éste. No solo consiguió entonces galvanizar a la opinión pública del país a favor de esta operación anexionista sino que hoy es quizás el único punto de la agenda interna que goza de unanimidad absoluta de todos los partidos marroquíes. A su turno, España sigue presa del reino alaui en numerosas cuestiones clave de su propia agenda -Ceuta y Melilla, inmigración, amenaza yihadista, tráfico de drogas, etcétera- como para hacer cualquier movimiento que pudiera agitar el dormido avispero saharaui. Rajoy, que viene mostrando un notable instinto para comprender lo que la política tiene de geológico, ya sentenció hace quince años sobre el conflicto del Sáhara Occidental: “Eso no tiene solución”. Lo que quiere decir que tiene la solución que le dio...

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