El corazón de las tinieblas

Posted by on Dic 5, 2015 in Miradas |

No diría que David Cameron, el premier británico, tiene una apostura viril a la manera, digamos, de George Clooney. En Cameron todo parece blando y ligeramente empalagoso, desde la cara de niño pijo al color pastel de su ostentosa corbata. Pero la guerra hace a los machotes. Podemos imaginar la secuencia de los hechos: concluye la votación en la Cámara de los Comunes, Cameron sonríe, se levanta de su escaño y va al lavabo, se mira en el espejo y le guiña el ojo a Rambo, se lleva el telefonillo a la cara y ordena escuetamente: do it. La celeridad con que Cameron puso en acto la autorización, que no la orden, de los Comunes para bombardear las posiciones del estado islámico puede interpretarse de dos maneras, contradictorias entre sí. Una, que es un diligente y entregado demócrata que se apresuró a cumplir a la velocidad del rayo un deseo del Parlamento, o, dos, más probablemente, que la decisión del bombardeo ya estaba tomada y el debate parlamentario fue una tediosa pamema convenida que no engaña a nadie, y menos que a nadie, a los bombardeados. Así que los promotores del terrorismo islámico ya nos tienen a (casi) todos donde querían tenernos. Esta vez no se repetirá el internacional y multitudinario no a la guerra, que llenó las calles de las ciudades europeas en 2003 sin poder impedirla. La razón es que Europa ha sido atacada, en Madrid, en Londres, en París, cierto que no por una agresión exterior sino por algunos de nuestros conciudadanos enloquecidos por la fe, pero, bueno, algo hay que hacer aunque nadie sepa qué, ni dónde, ni por cuánto tiempo, y de momento, lo que dicta la tradición, y también lo más vistoso y aplaudido, es disparar unos cuantos misiles en alguna parte de África. En El corazón de las tinieblas. Es en este relato donde nos cuenta Conrad que los buques europeos cañoneaban a ciegas desde el mar las selvas del golfo de Guinea para preservar la civilización de la amenaza que ocultaba aquel infierno vegetal. El horror, el horror, musitaba el vesánico Kurtz. La guerra ha venido a salvar la cara a la generación de líderes más mediocre del último medio siglo –Cameron, Hollande, Rajoy, Merkel y demás-, impotentes para salvar a la Unión Europea de la devastación ocasionada por la crisis económica y las manipulaciones del capital financiero, que ahora tendrán la oportunidad de echar definitivamente la persiana clausurando el espacio Schengen y poniendo en alerta a sus respectivas poblaciones desconcertadas. Las naciones europeas ya tienen experiencia en este cosquilleo de euforia prebélica porque lo sintieron en 1914, 1936 (en España) y 1939, sin contar Indochina, Suez, Irak, etcétera, así que podrán...

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La navidad en serio

Posted by on Dic 4, 2015 in Miradas |

La familia se desmorona. He aquí un tópico apocalíptico que se maneja para agitar la ultima ratio del miedo. Ayudamos a las familias, dice el gobierno, mientras fomenta los despidos, los desahucios de la vivienda, el recorte de prestaciones y la caída de los salarios. La familia, el último baluarte de la seguridad del individuo; el portal de belén en el torbellino de la ciudad. El mito navideño por excelencia. Quizás ha sido esta certeza la que inspiró a Rajoy a llevar la cita electoral hasta la víspera de nochebuena. En esa fecha que consagra el eterno retorno nadie puede votar cambios ni reformas ni nada que altere la jerarquía del belén, con la misma estrella de todos años en lo alto del establo y los regalos al pie. Días en que necesitamos que los trenes lleguen a su hora para acudir a la cena, que el turrón y los langostinos tengan el mismo sabor que el año pasado, que el paje de los reyes magos permanezca sentado a la puerta de El Corte Inglés, incluso que el mismo cuñado suelte el mismo chascarrillo de siempre, un papel en el que no cuesta nada imaginar a nuestro presidente del gobierno. ¿Quién quiere cambios en estas fechas? Y menos en época de crisis, cuando el sombrío forillo dickensiano del cuento, poblado de indigentes y resentidos, se hace más vívido y amenazador. Así que ya estamos todos sentados otra vez a la misma mesa. Pero no hay familia que no registre alguna pérdida de un año para otro. En la nuestra hace tiempo que faltan la niña y el primo de Rajoy. Nada sabemos de ninguno de los dos. La niña ya será una joven con un tatú en el cogote o en el nacimiento de la nalga que, si consiguió conservar la beca y graduarse en la universidad (malo sea que la Púnica o la Gürtel no le echaran una mano para eso), estará buscándose la vida en Alemania o por ahí, y, si derivó en nini, estará de cajera en un hipermercado con un contrato fugaz, y quién sabe si ha decidido votar a Podemos, ovejas negras hay en todas las familias. El caso del primo es más serio. Perdió su habilitación como catedrático después de que prestara su autoridad científica para que Rajoy negara el cambio climático, con tan mala suerte que el mencionado cambio ha resultado una teoría tan probada y robusta como la ley de la gravedad o la teoría de la relatividad. Estos días, tropecientos jefes de estado, incluido Rajoy, se han reunido solemnemente en París para despojar a su primo de los galones de científico. Bueno, así es la vida. Pero en estas fechas,...

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El héroe y la democracia

Posted by on Dic 3, 2015 in Miradas |

Creo que es C.M. Bowra el que cuenta en su historia sobre la Atenas del siglo V a. C. el rifirrafe provocado en la asamblea del ágora a propósito de la erección de una estatua de Atenea en la que el escultor Fidias quería incluir un relieve de la cabeza de su amigo Pericles en el escudo de la diosa.  En resumen, los demócratas atenienses protestaban airadamente por esa alcaldada de Pericles y le preguntaban quién se creía que era para ocupar un lugar en el culto cívico a la patrona de la ciudad. La asamblea tenía la razón de su parte, pues nadie es más que otro en una democracia, pero la historia va a su bola y hoy recordamos y admiramos a Pericles, pero no a los excitados y vociferantes ciudadanos que querían apearlo del plinto de la diosa de cuya estatua tampoco ha quedado rastro. La historia es un relato y un relato necesita héroes, mientras que la democracia es un estado, apacible y justo si se quiere, pero atrozmente aburrido. Qué se lo pregunten a Artur Mas, que aspira a formar parte del escudo de armas de la futura Cataluña independiente frente a los asambleístas de la CUP que quieren impedírselo. El resultado es que el relato –el procés– se ha estancado y Mas está mordiéndose las uñas. Rajoy también quiere ocupar un sitio destacado en el escudo de Atenea, según he leído estos días, y sería la razón por la que no acudió al famoso debate a cuatro del pasado lunes. Él cree saber que, si la historia no se hizo en el ágora de Atenas, menos se va a hacer en un plató de televisión. Los héroes no debaten. Cito la crónica periodística que lo cuenta: “Rajoy aspira a pasar a la historia como el presidente que salvó a la enferma España que heredó en 2011 del socialista José Luis Rodríguez Zapatero de la quiebra, el abismo y el rescate. En ese relato, los incumplimientos, los recortes, los ajustes y las rebajas en el Estado de bienestar pasan a un segundo y tercer plano tanto como los casos de corrupción que han afectado al PP en estos cuatro años”. Al final la verdad se impone pero, mientras está vigente la leyenda, el héroe disfruta de dos milenios y medio de fama, como Pericles, o de cuatro décadas, como Franco, hasta que empiezan a aflorar los esqueletos que el héroe sembró en las cunetas. También puede ocurrir que el aprendiz de héroe cometa un error de cálculo. Aznar quiso ser el libertador de Irak y ya ven cómo ha terminado la cosa, todavía estamos esperando una disculpa. Aunque no nos engañemos, los capitostes no...

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Las bodas

Posted by on Dic 2, 2015 in Miradas |

Este otoño es la primavera de los debates. Si los ciudadanos somos televidentes, nuestros gobernantes han de ser televisivos y el plató de televisión, la plaza pública, que, paradójicamente, tiene carácter privado porque se recrea en la intimidad del hogar. El debate es el tálamo donde se entrecruzan los sueños de unos y los apetitos de otros: las bodas de la democracia y, como toda coyunda matrimonial, han de ser a la vez ordenados y un poco picantes. Se acepta cierto grado de pugna y alboroto, un moderado revuelo de sábanas, siempre que sirva para reforzar la institución y no para destruirla. Y no se confundan con el hecho de que participen varios candidatos ni crean que por eso es una cama redonda porque cada ciudadano/televidente lo hace con su político/televisivo, aunque sin dejar de mirar de reojo al otro, como en un bloque de viviendas de protección oficial, que es el modelo habitacional y habitual de las democracias industriales, en las que ni la intimidad ni su contrario, el hacinamiento, son absolutos. Cada uno es libre con su papeleta de voto, mientras los sondeos de opinión chequean tu libertad con la oreja pegada a la pared de tu cuartito de estar. También hay vecinos que, ante un debate, cambian de canal y se lo hacen consigo mismos, aunque el objetivo de las bodas es que los abstencionistas se sumen al sexo productivo. Los protagonistas de un debate participan en él incluso cuando están ausentes, como Rajoy hace un par de días, tan visible tras su atril vacío. Nuestro bienamado presidente optó por el papel, típico también del matrimonio y de los sainetes, del señor serio de Pontevedra, de terno negro, cornudo y apaleado pero que conserva la llave de la caja de caudales soldada a la leontina, a buen recaudo en el bolsillo junto al corazón. Sin el aire cenizo que Rajoy presta a todo lo que hace, el baile nupcial resultó más animado pero también más banal, más irreal. Rajoy es un conservador impecable y quiere que el debate sea como toda la vida: dos cónyuges que dirimen quién mandará en el matrimonio. Ya veremos si el inmediato futuro no le da una vez más la razón. Entretanto, los organizadores de debates se lo están pasando en grande. Por fin, los tediosos periodistas políticos tienen la oportunidad de entrar con toda la parafernalia en la industria del espectáculo y competir de igual a igual con sus colegas de la prensa deportiva y del corazón. Eufóricos, antes nos enseñan el escenario del debate como quien muestra la suite nupcial y dan detalles de la ceremonia y de los participantes; después, comentan con afán de comadres las incidencias del...

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El amigo Bejarano

Posted by on Dic 1, 2015 in Miradas |

No resulta fácil, para un lector trajinado, encontrar un relato que despierte en las primeras líneas una espontánea sonrisa que no te abandona hasta el punto final, doscientas y pico páginas más adelante. Esto me ocurrió hace unas semanas con la novela El fin de una expedición sideral, de un autor del que todas las referencias en Internet afirman que es “poco conocido” y que para mí era desconocido por completo: Benigno Bejarano. La noticia del autor y de sus varias obras me llegó a través de su sobrina, Mertxe Antona, al término de un modesto seminario sobre literatura del Holocausto al que asistimos el pasado octubre en la Biblioteca Pública de Barañáin, y es que Bejarano fue asesinado (gaseado, exactamente) en el campo de exterminio nazi de Neuengamme. El contraste entre este final espantoso y el humor delirante y jovial del juguete literario que es su novela sideral, en la que narra un disparatado viaje de ida y vuelta a Marte, produce en el lector un irreprimible sentimiento de pérdida, no ya solo de una vida humana y de una voz literaria –pérdidas acrecentadas por la preterición posterior del autor y su obra- sino de un modo libre y esperanzado de entender la existencia y el mundo, antes de que se abatiera sobre aquella generación la noche y la niebla. Bejarano, autodidacta, hijo de una familia campesina de Extremadura, periodista desde la adolescencia, representa bien la eclosión que registró España en el primer tercio del siglo pasado, cuando el proletariado quiso apoderarse de los instrumentos de la cultura burguesa para construir una sociedad más libre e igualitaria. En su obra se encuentran materiales del candente volcán literario de su época que también inspiran la nuestra: el surrealismo y las vaguardias, la naciente ciencia ficción, el folletín y el periodismo político, tejidos con un sutil sentido del humor que en ocasiones depara al lector encuentros desopilantes. Fue un escritor comprometido, afecto al pujante anarcosindicalismo español de la época, y sus escritos políticos, en los que no abandona la especie de ironía congénita que parece inspirar en todo momento su pluma, destilan lealtad a la causa y clarividencia ante los hechos. Son prosas de asombrosa actualidad, no tanto por las circunstancias que relata cuanto por la familiaridad que su estilo y su punto de vista encuentran en el lector. De entre las obras de Bejarano que he podido leer, Enviado especial es una sátira sobre el oficio del periodismo y la formación de la opinión pública en nuestras sociedades de democracia industrial que puede ser leída ahora no solo con provecho sino con gratitud. Mertxe Antona está empeñada en su publicación; ojalá tenga suerte y lo...

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