La Marsellesa

Posted by on Dic 10, 2015 in Miradas |

Confieso, no sin dificultad, mi pertenencia a la secta de los que no pueden evitar la fuga de una lagrimita de reconocimiento cuando los clientes del café de Rick cantan La Marsellesa en Casablanca en respuesta a la provocación de los oficiales nazis y bajo la batuta del elegante héroe Victor Laszlo. El subtexto de este acontecimiento inmortal mientras haya cine es, sin embargo, bastante confuso. Casablanca no era territorio francés sino parte del botín colonialista de Francia; el bar estaba lleno de refugiados extranjeros que no debían saber la letra del himno y de rufianes a los que debía importarles una higa; el jefe de policía que tolera al enardecido coro servía a un gobierno fascista, y el tal Laszlo estaba inspirado en Otto Katz, un vividor checo, estalinista, agente del Komintern y jefe de una red de espionaje que, entre otros objetivos de altura, trabajaba con la izquierda de Hollywood. De manera que todo en esta escena es equívoco menos la emoción que suscita. Por eso me inquietó observar en mí el otro día que la reiterada audición de La Marsellesa tras los atentados de París, atrozmente reales, no consiguieran arrancarme la lágrima que se escapa ante un pase de Casablanca. Más tarde, creí entender mi apatía al ver en una foto de prensa a un seguidor del Frente Nacional enfundado en una camiseta blanca en la que había estampado el primer verso del himno: Allons enfants de la patrie… El ufano patriota celebraba con su camiseta la jornada de gloria que había llegado para su partido, ganador de las elecciones regionales. Un cataclismo político por otra parte nada nuevo, ya que una situación análoga se produjo en 2002 protagonizada por el papá de la ganadora de estos comicios y con la misma reacción de los partidos perdedores –la derecha y los socialistas- que pidieron entonces, y piden ahora, la unidad de voto en la segunda vuelta para defender la república. Republicanos patriotas contra patriotas republicanos. Francia es un país dual y al mismo tiempo equilibrado como un elefante. Un país que tuvo hasta ayer al partido comunista más rígido de Europa y tiene ahora a la extrema derecha más populosa, ambos sostenidos en gran parte por los mismos votantes. Un país que supo erigirse sobre el mito de la Resistencia cuando apenas podía ocultar la reciente y conspicua sumisión colaboracionista con el invasor alemán. Un país de asilo habitado por una población de robustos sentimientos xenófobos. Cómo es posible este balanceo entre los extremos sin que la nación se quiebre es uno de los encantos de Francia. Un país, en resumen, que marca mejor que ningún otro la temperatura de Europa porque es al que más...

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El dinosaurio

Posted by on Dic 9, 2015 in Miradas |

Bueno, hace un par de días, en este mismo espacio, creíamos respirar tranquilos porque las urnas habían desalojado del poder a los malos en Venezuela, lo que nos permitiría ocuparnos de asuntos domésticos en la campaña electoral, pero quiá, apagado el fuego, la cruzada continúa contra los rescoldos de la hoguera. El gritón Maduro se parece demasiado a Stalin en el bigote para amortizarlo como adversario por una simple incidencia electoral. Ayer, Felipe González avisó a sus correligionarios que no debían fiarse de “quien asesora a gobiernos como el de Venezuela”. No se refería a él mismo, que lo hace, sino a los fundadores de Podemos. González es un político de la vieja escuela –en realidad, el paradigma de la vieja escuela- que cree que se puede decir casi cualquier cosa en un mítin sin derecho a réplica. Es posible que los aficionados a estos mítines domesticados sean también de la vieja escuela pero la verdad es la que es, en los mítines o fuera de ellos. ¿Alguien cree de verdad que un par de profesorcillos universitarios madrileños de los que nadie había oído ni una palabra hace dos o tres años influían con sus consejos y dictámenes en el gobierno de Hugo Chávez? Más probable es lo contrario, que los bolivarianos creyeran tener en estos profesores una (insignificante) cabeza de playa para legitimar en España su política. Pero de eso también sabe Felipe González, aquel joven democristiano que fue apoyado por la socialdemocracia europea para hacerse con el viejo PSOE y ganar las elecciones a costa de pasarle la garlopa al patrimonio socialista del partido. No puede decirse que las cosas salieran entonces mal. Lo que distingue a aquel PSOE de este Podemos no son los mecanismos de influencia e intervención internacional en asuntos domésticos sino las circunstancias reinantes, que son las que cuentan en política. Hace treinta y cinco años, el PSOE era tan inquietante para la élite postfranquista de la época que el general Gutiérrez Mellado intentó que quitaran la O de obrero de su sigla. La historia ha demostrado que no fue necesario porque se ha caído sola. Entonces, muchos españoles querían la socialdemocracia y hoy también, no un régimen bolivariano o como se diga, por eso Iglesias y compañía han intentado corregir su deriva. Al régimen de Chávez lo ha derrotado una coalición de partidos que van de la derecha a la extrema derecha y algunos de los miembros de esta coalición ni siquiera considera que sea una prioridad la penuria económica de la población, como reconoce el jefe de filas en una entrevista periodística de hoy mismo. Sin embargo, estas penurias –heredadas por cierto de un régimen supremamente corrupto que dirigía un íntimo...

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El fantasma

Posted by on Dic 8, 2015 in Miradas |

Si la televisión fuera un reflejo exacto de la realidad y no su espejo deformante, el debate de ayer hubiera registrado definitivamente al presidente del gobierno como desaparecido. Un líder que no está ni se le espera, como respondió famosamente el 23 de febrero de 1981 cierto edecán real sobre la presencia del jefe de los golpistas en La Zarzuela. Que no estuviera no quiere decir que no fuera -de ser, no de ir-, pues es cierto que no estaba, ni el jefe de los golpistas en la casa del rey ni el jefe del gobierno en el plató de Atresmedia. Este último, al parecer, se encontraba a la hora del suceso en Doñana, un lugar perfectamente imaginario a fuer de extenso y brumoso, y a la vez bastante apropiado para una buena coartada. ¿Dónde estuvo usted cuando se dirimía ante la opinión pública la idoneidad de los candidatos para la presidencia del gobierno? En Doñana, con los patos. También podía haber dicho, en Groenlandia con las focas, pero imagino que, al barajar diversos destinos para el escaqueo, optó por uno patriótico a la vez que remoto e improbable. El aburrido Rajoy se nos ha desvelado como un genio de la novela de misterio, y el señor previsible y serio de Pontevedra ha descubierto el irresistible placer de disfrazarse de fantasma de la ópera, el único personaje que actúa sin ser visto entre los innumerables figurantes de la historia. La ocurrencia de mandar a su ayuda de cámara para que le sustituyera en el debate televisivo revela su sentido del humor, esa cualidad imperceptible de su personalidad que hace partirse de risa a Bertin Osborne. La cosa quedó como en la versión de Star Wars filmada por Mel Brooks: anuncian la llegada de Darth Vader y aparece un enanito cubierto con un yelmo negro descomunal. En este caso, el yelmo parece estar lleno de cerebro pero por lo demás es idéntico al original: metálico, cavernoso y surcado de aristas. Pero el objetivo estaba cumplido. Los oponentes en el debate, tres gandules con ínfulas salidos de dios sabe dónde, que ni siquiera han sido concejales, se quedaron con las ganas de trinchar al presidente del gobierno porque ¿quién va a zurrar en público a una niña por más abogada del estado que sea? Dile a tu papá que es un corrupto, es lo más que llegaron a reprocharle, y la niña dio la misma rutinaria y desganada respuesta que hemos oído mil veces a su jefe, sabiendo que la cosa no iba personalmente con ella y que ya se haría mayor y esos grandullones se iban a enterar. Los tres estaban sobrados pero una vez más se encontraron sin adversario,...

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Venezuela, menos mal

Posted by on Dic 7, 2015 in Miradas |

Menos mal que Venezuela celebró sus elecciones ayer y menos mal que han ganado los antichavistas, porque así ya no hay excusa para que este asunto forme parte del argumentario, como se dice ahora, de la campaña electoral española. No hace falta sentir simpatía hacia un tipo tan rudo y tabernario como Nicolás Maduro para encontrar intrigante la afición de nuestro establishment a derrocarlo. Tanto, que el estridente Maduro parecía creer que sus adversarios políticos eran Rajoy o González, y la prensa española estaba resuelta a que hiciéramos nuestro el destino de los venezolanos. Si estos han decidido echar al chavismo de la poltrona, me imagino que algo ganarán con el cambio, pero me pregunto qué ganamos los españoles. Quizás Aznar, Rajoy, González y el tímido y cauteloso Zapatero debieran dar una rueda de prensa conjunta para explicarlo. No recuerdo ningún caso en el que la clase política se haya implicado tanto y con tanta unanimidad en un negocio de política exterior, ni siquiera en Cuba. A alguno de nuestros partidos emergentes les han dado más quebraderos de cabeza las relaciones profesionales de sus líderes con el régimen bolivariano que los que le dieron nunca a Fraga Iribarne sus queimadas con Fidel Castro o a Felipe González sus cohibas exclusivos. Para una vez que una aguerrida lideresa española decidió hacer algo práctico para derrocar al régimen cubano, envió a la isla a un conductor suicida para que sirviera de chófer a los líderes de la oposición, con el resultado sabido. Así que, menos mal, ya digo, que no ha tenido que intervenir Esperanza Aguirre para echar a Maduro. Todos los países tienen amigos indeseables y las relaciones internacionales son una maraña de acuerdos secretos, relaciones comerciales inconfesables y enjuagues diplomáticos, envueltos en un mucílago de discreción. Pero, por alguna ininteligible razón, esta norma secular se ha roto con la Venezuela de los chavistas. Un ejemplo es la actividad diplomática de nuestro rey emérito, discretísimo amigo e incluso primo de regímenes tan simpáticos y transparentes como las petromonarquías del Golfo, que sin embargo no dudó en perder los papeles para abroncar en público a un jefe de estado, precisamente el venezolano Hugo Chávez. Bueno, pues objetivo cumplido. Ya hemos arreglado Venezuela; ahora a ver si somos capaces de arreglar todo lo...

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El Marca

Posted by on Dic 6, 2015 in Miradas |

Hoy es domingo y uno de los dos periódicos de mi pueblo ofrece encartado en sus páginas el diario deportivo Marca. Este acuerdo entre empresas lo llaman sinergia, pero apenas encubre el creciente desvalor de la prensa de papel, aunque dudo de que los lectores del diario generalista aprecien como un valor añadido la adquisición del deportivo por el mismo precio. Yo, desde luego, no lo aprecio. El establecimiento donde compro la prensa está regentado por dos socios. Uno de ellos conoce mi afición y me pregunta con una media sonrisa si lo quiero o no, sabiendo la respuesta, así que extrae el deportivo de entre las páginas del generalista y lo relega al rincón de las devoluciones. El otro socio no me lo pregunta, y yo tampoco lo comento, de modo que vuelvo con el Marca a casa y queda a mi responsabilidad mandarlo a la papelera, lo que hago antes de calzarme las pantuflas. Detesto la prensa deportiva desde mucho antes de que supiera que es la lectura del desayuno de nuestro presidente del gobierno, así que, como dicen en las películas de mafiosos, no es nada personal. En su frenético enmascaramiento de uomo qualunque en el que está empeñado Rajoy, el diario Marca ocupa un lugar destacado en su atrezzo, como el sombrero Stetson en el de los candidatos republicanos norteamericanos. Es un guiño populista, para decirlo con una palabrota al uso y un típico reflejo conservador de cuando en el estadio de fútbol podíamos sentirnos inocentes: pasiones elementales y sanas por los colores, juego duro y limpio, reglas sencillas e iguales, camaradería y buen rollo con los vecinos de localidad, y la justicia suprema del mérito y la competencia, una especie de darwinismo petrificado en el que el Real Madrid (y a veces, ay, también el Barça) están siempre en lo alto de la cadena trófica. Un mundo como debe ser. En esta atmósfera, la prensa deportiva glosa lo obvio, lo que ve todo el mundo, lo redundante, lo que es de cajón, es decir, el universo imaginario en el que Rajoy se desenvuelve como pez en el agua sin dejar de asombrarse que, desde fuera de la pecera, le importunen con cuestiones extravagantes que ningún lector del Marca aceptaría en sus páginas. Hoy hasta el más tonto sabe que este paraíso de muchachos en calzones dando patadas a un balón tiene una sentina tan maloliente, por lo menos, como la que dirige Rajoy en sus horas de oficina, y que hay lecturas más complejas, retorcidas y oscuras que las de Marca, por ejemplo las del boletín oficial, pero de eso, por fortuna, se ocupa...

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