Un concejal en la red

Posted by on May 18, 2017 in Miradas |

A los que ya somos abuelos no deja de admirarnos la agilidad de los dedos de la chiquillería en la tarea de comunicarse a través de los dispositivos móviles. Los viejos no podemos alcanzar ese virtuosismo, y no solo por la artrosis y otras pejigueras que anidan en nuestra osamenta sino por la reminiscencia de un respeto reverencial por la palabra escrita y sus consecuencias, que es desconocido para los adolescentes pues la tecnología les autoriza a tamborilear impunemente sobre el lenguaje y la gramática e incluso les proporciona un código alternativo con un repertorio creciente de los llamados emoticonos que devuelven la comunicación gráfica a la era prealfabética. Poco sabemos de lo que contienen esos mensajes adolescentes, que sin embargo han sustituido con creces el habla popular de antaño. Era inevitable que los políticos estuvieran presentes en este nuevo espacio de vecindad digital para caer simpáticos entre la gente y alcanzar alguna visibilidad en la maraña de eso tan cool que llamamos las redes. El sistema político es piramidal y jerárquico y los medios convencionales solo permiten asomar la cabeza a unos pocos líderes y figurones en los telediarios y en las páginas de los periódicos, pero, qué caramba, los concejales de pueblo y los militantes de base también estamos aquí y tenemos nuestras opiniones tan respetables como las de cualquiera. La comunicación digital ha derribado innumerables barreras, no solo sociales sino también psicológicas, y ha entronizado la desvergüenza. El tuitero lanza desde su intimidad a la plaza pública un mensaje mediante unas pocas pulsaciones, como quien arroja una lata de cerveza al césped en busca de la cabeza del delantero contrario desde la marabunta que ocupa las gradas del estadio, sin filtro alguno entre el deseo y la acción. Un sentimiento de impunidad gozosa le invade. Durante unos segundos confunde la realidad con sus obsesiones y domina el mundo. Un edil de cierta localidad lindante a mi pueblo, hombre ya talludo, es un esforzado tuitero. La letanía de las entradas de su cuenta refleja una actividad cerebral plana pero de vez en cuando se deja llevar por la necesidad de estampar alguna reflexión más profunda y, de acuerdo con lo que le dicta la ideología y el carácter, llama violadores y pederastas a sus adversarios políticos y el mensaje se convierte en lo que podríamos llamar un choque cultural, la chiporroteante colisión de las nuevas tecnologías con la más vieja jerga tabernaria, lo que otorga a las ocurrencias del concejal una momentánea celebridad. Cuando viene la réplica, el concejal pide disculpas por su comentario poco afortunado, y añade a modo de explicación, fue un calentón y no quise molestar a nadie, a lo que quizás pudo añadir,...

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Relecturas

Posted by on May 17, 2017 in Miradas |

A cierta edad, no puedes aprender nada ni maldita la gana que tienes de intentarlo. Si de la cosa nada sabes, también careces de modestia y energía para empezar a conocerla de cero, y si sabes algo, por poco que sea, ya crees que es bastante. Esta indolencia hacia la novedad es compatible con cierta curiosidad que se confunde con la nostalgia por el conocimiento pasado, a menudo enterrado en el olvido. Las relecturas forman parte de esta tentación. ¿Qué conocimientos y experiencias nos han conducido a donde ahora estamos? La indagación distraída del pasado tal vez sea una versión del eterno retorno, que tiene una cualidad menguante. La existencia como una espiral que se dirige al vacío de su propio centro. Un personaje de dibujos animados devora todo lo que le rodea y su insaciabilidad le lleva a devorarse a sí mismo cuando ya nada queda a su alrededor. Es una secuencia, si no se equivoca el memorioso, de la remota película Yellow submarine, basada en la célebre canción de los Beatles. Es curioso que esa imagen de comerse el mundo fuera entonces una metáfora de la ambición juvenil y sea ahora metáfora del hartazgo senil. Viene a cuento este prólogo para introducir la historia del paseante que encuentra en el escaparate de una librería una reedición de los escritos de Antonio Gramsci, el mismo volumen y, según cree, el mismo sello editorial que le llevó a su lectura cuatro décadas atrás. Quizá sea una exagerada frivolidad decir que Gramsci está otra vez de moda, pero no se puede negar que su nombre suena aquí y allá en estos tiempos de mutación como reliquia de una fe emergente. El paseante no puede evitar la tentación de tomar en sus manos el libro –el mismo formato de bolsillo, la misma elegante composición de los textos-, y finalmente lo adquiere para llevárselo a casa como quien recupera a un amigo de juventud perdido. Pero ¿acaso no sabe el paseante lo engorroso que puede ser un amigo de juventud? Los papeles reunidos en el volumen abarcan las dos etapas de la vida intelectual del autor: artículos de agitación y militancia en la prensa y reflexiones desde la cárcel donde fue recluido por el régimen de Mussolini y de la que salió con la salud quebrantada para morir poco después. La atención del lector discurre por los escritos y el efecto inicial es el despertar de una voz conocida, un rumor o un eco sepultado en algún entresijo de la memoria cultural, que probablemente el lector intentó en su juventud traducir a su propia experiencia, pero, a medida que avanza en la lectura, la literalidad del texto se desvanece en la insignificancia...

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Partículas y ondas

Posted by on May 16, 2017 in Miradas |

El recién elegido presidente francés ha nombrado a un hombre del partido de la derecha como primer ministro. La primera dificultad radica en ubicar al electo. Philippe, que así se llama el personaje, inició su carrera política en el partido socialista, luego se pasó a los republicanos, el partido de la derecha, si bien en la facción moderada, lo que quiera que signifique eso, y, por último, durante la pasada compaña electoral, ofició de comentarista político en un periódico de izquierdas desde el que atizó sin tregua a Macron, que ahora le ha nombrado primer ministro. En física cuántica, las partículas se comportan a veces como ondas. Es la hipótesis de De Broglie, francés, por cierto, que dice más o menos así: toda entidad infinitesimal de materia presenta características tanto corpusculares como ondulatorias y se comporta de uno u otro modo según el experimento específico.  En uno de los comentarios de prensa en los que en nuevo primer ministro Philippe embestía contra su ahora patrón Macron dejó escrito: en Francia odiamos los partidos pero la democracia es imposible sin ellos. En efecto, los partidos son el marco del experimento cuántico por el que discurren los políticos, partículas zigzagueantes, reptilianas, mutantes, convertidas en ondas en el vacío. Las partículas dejan de tener dimensiones específicas y reconocibles para mostrarse como movimientos que se deslizan por el campo del experimento, que es el sistema de partidos. Así que el destino de las fuerzas políticas y más singularmente de los políticos de alta graduación es volverse ondulantes. Algo de eso se vio ayer en el debate de los tres candidatos a la jefatura del pesoe, que invirtieron tiempo en reprocharse entre sí los cambios de opinión y los zigzagueos orgánicos de sus respectivas carreras políticas. El espectáculo, visto desde la física cuántica, era el de tres personajes que añoran el peso y la densidad de las partículas de antaño –un partido de ciento treinta y ocho años de antigüedad y todo eso- a la vez que no pueden dejar de reconocer que están obligados a comportarse como ondas. El eje derecha/izquierda deviene eje partícula/onda. El joven y ondulante Rivera es el primero que lo ha captado y puesto en práctica en nuestro ecosistema. La siguiente cuestión es qué trayectoria siguen las ondas, a dónde se dirigen y con qué fin, y la única respuesta posible es que se mueven atraídas por fuerzas gravitacionales que, en política, forman la nebulosa del dinero, el agujero negro donde se encuentran los que mandan en los políticos y cuya puerta de acceso está en Berlín, primera etapa del itinerario de la onda. De nuevo nos ilustra el ondulante Philippe: sin los partidos podría ser que los zorros...

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La carrera del tigre

Posted by on May 15, 2017 in Miradas |

La realidad se niega a dejarse moldear. Alguien o algo la impulsa, la agita, la maneja pero quién sabe en qué dirección y con qué fin. La historia, mientras transcurre, es la carrera de un tigre, que solo mucho después, cuando ya ha pasado y la fiera esta desfallecida, se deja domesticar en imágenes manipuladas y tranquilizadoras. Tres noticias del día atrapadas en la torrentera de la actualidad, que olvidaremos apenas leídas u oídas: 1) Merkel derrota por tercera o cuarta vez a su oponente socialista Schulz, esta vez en el land rojo de Renania del Norte-Westfalia, que alberga la cuenca minera del Rhur; 2) la policía acusa a un grupo de taxistas sevillanos de organización criminal por haber incendiado vehículos de las emergentes compañías de transporte urbano, en una lucha a muerte, provocada por la irrupción del nuevo mundo tecnológico, entre trabajadores de toda clase, como definía españa la constitución republicana de 1931; y 3) se cumple el sexto aniversario de la eclosión de los indignados en el famoso 15-m, cuya memoria ha quedado empantanada en algún lugar entre el mito y la política. En medio de este turbión, la noticia que más comentarios ha recibido durante la jornada  y seguramente en los días siguientes hasta el próximo domingo, a pesar de su insignificancia, es el debate de los tres candidatos al liderazgo del pesoe, Díaz, López y Sánchez. La retransmisión televisiva da al acontecimiento una relevancia universal aunque el mensaje solo concierne a los militantes del partido. ¿Cuántos de estos hipotéticos votantes han asistido al intercambio de invectivas y tópicos y en qué medida ha podido modificar las expectativas del resultado? Para el curioso externo que se ha incorporado a la greña familiar socialista a través de la ventana abierta de la tele, la impresión es de algo ya sabido. El encono sin tregua ni remedio entre Díaz y Sánchez y el narcisismo infatigable de ambos, en medio de los cuales López parecía un dechado de sensatez y solvencia, y el único que se ha elevado en algunos momentos sobre la nube tóxica que envuelve hoy al partido, lo que quizá le reporte algunos votos adicionales de los hastiados de ese otro par de jóvenes henchidos de ambición y huérfanos de equipaje político y también, hay que decirlo, de carisma. En política, todo lo pone el votante, igual que en economía lo pone el pagano y en religión el creyente porque detrás de esta adhesión a priori no hay más que ruido y furia y retransmitirlo por televisión es una obscenidad. Nada de lo que se ha dicho en el mal llamado debate da ni para un minuto de reflexión. ¿Por qué gana la derecha elección tras...

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Oficio de necios

Posted by on May 13, 2017 in Miradas |

La cuestión es: ¿cuándo vamos a declarar por fin la guerra a Venezuela? El rasgo más intrigante a la vez que grotesco de la tangana que se traen entre el establishment político español y el régimen venezolano es su carácter de gresca de vecindad o de bronca en celebración familiar. Maduro y antes Chávez, y González, Aznar, Rajoy, etcétera, y los secuaces de ambos bandos parecen cuñados trasudando testosterona. En estos rifirrafes, hasta el rey emérito intervino encantado a su turno para rebajar en unos cuantos grados su papel de jefe del estado y su jaleada campechanía borbónica con aquello de por qué no te callas, quizás la única grosería diplomática –si es que estos términos  no son antitéticos-que ha merecido un artículo de la wikipedia. Los caudillos venezolanos, no por republicanos, son más finos en sus juicios tabernarios. Si ambos países no fueran tan menguados y folclóricos, cualquiera diría que se están retando para hacerse la guerra. Los dos gobiernos practican un deliberado y tedioso teatro de sombras. El bolivariano cree tener en la antigua metrópoli colonial un fantasma perfecto para agitarlo atribuyéndole los males de la patria y, en la jerga doméstica española, venezuela no es tanto un país como un santo y seña de la casta o la trama o como se llame para ocultar las propias vergüenzas y llevar a cabo ajustes de cuentas internas con los podemitas como objetivo. Este tejido de  improperios a ambos lados del océano es típico de una época en la que los gobernantes han de ocuparse de su propio autobombo escupiendo opiniones para tener distraída a la parroquia a través de la tele o de tuiter, chismes convertidos en una máquina de jibarizar la política y de encanallar a quienes la practican. Venezuela fue en este siglo pasado generosa con los españoles expulsados de su país, ya fueran emigrantes económicos o desterrados políticos. Las buenas relaciones entre los países no excluyeron la corrupción. Felipe González fue ahijado político, amigo y beneficiario de Carlos Andrés Pérez, el líder socialdemócrata cuya gestión, plagada de corrupción y desigualdad, estuvo en el origen del golpe de estado de Chávez y sus bolivarianos. Un golpe de estado es indefendible, pero un estado de corrupción so capa democrática, también. Los negocios limpios y sucios entre los dos países no han cesado, al parecer, hasta ahora mismo, desde la venta de armamento  hasta el soborno de funcionarios bolivarianos a cargo de corruptos del partido del gobierno español  o el pútrido asunto del vídeo comprometedor de Rajoy que unos chantajistas se proponían vender al gobierno de Caracas. Ni venezolanos ni españoles se merecen este tráfico de...

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