Escritura automática para afilar la pluma

Posted by on Abr 17, 2017 in Miradas |

Hace unas semanas, encontré en un cajón una pluma estilográfica olvidada a la que devolví a su función. No escribo apenas a mano pero me gusta el ritmo que da a la escritura el roce del tajo sobre el papel y quise experimentarlo en el artefacto recién hallado. Respondió bien, me confié, dejé de usarla a los pocos días, se secó la tinta y dejó de funcionar. En estos casos la plumilla debe ser sumergida en agua para diluir la tinta seca adherida a la pieza pilosa que permite el flujo de la tinta. Realizada esta operación, es necesario devolver a la pluma su función ejercitando el trazo sobre el papel, que al principio sale desleído por efecto del agua que ha disuelto la tinta. Empecé el ejercicio trazando rayas rectas, quebradas y onduladas, palabras sueltas y por último un relato que parecía adquirir densidad y sentido (aunque no sé cuál) por sí solo: Mi vida con perico de los palotes es muy siniestra. Vivimos a lo lejos en la mugre de un espacio reducido en el que de vez en cuando advertimos el paso despreocupado de un cuerpo oblongo y oscuro que lo atraviesa y que parece una rata o un armadillo. El tiempo apremia a veces, se ensancha otras, pautando periodos de ansiedad y lasitud que no necesariamente se dan a la vez en cada uno de los dos y que no compartimos. Una vez intenté decírselo, o lo intentó él, ya no me acuerdo, y fue una experiencia muy desagradable advertir que vivíamos en atmósferas distintas. Desde entonces me pregunto qué significa que respiremos el mismo aire cargado. La ausencia de significado es, por lo demás, una experiencia corriente en los dos. Los significados se desvanecen igual que se desvanecen los matices de color cuando se pone el sol al otro lado de la ventana y nos invade la oscuridad, aunque, bien mirado, no es lo mismo. La falta de significado no tiene que ver con lo claro y lo oscuro. Puede reinar una luz esplendorosa y un vacío de significación al mismo tiempo. Por lo que llevo advertido en mí mismo (de lo que experimente él no tengo ni idea) la falta de significado se corresponde a un desplome de la voluntad, es decir, el mundo se hace ininteligible a la vez que desaparece la esperanza y renunciamos a manejar los mandos de nuestra vida, aunque nos lleven a estrellarnos. Esto último lo he dicho en voz alta, y mi compañero, que no colega, me ha dedicado una mirada de extrañeza, si no de hostilidad, así que he vuelto a pensar en voz baja, si puede decirse así, en el tono quedo justo para que...

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El estercolero

Posted by on Abr 16, 2017 in Miradas |

Hay un prurito en los escritores de este ocaso de la era gutenberg por  tildar con algún calificativo derogatorio cualquier alusión, sea necesaria o forzada, a las redes sociales. Estos autores se sitúan al borde de la trama digital y la contemplan con el gesto de rechazo de quien alardea de un tabú dietético. De estercolero la califica hoy mismo Manuel Vicent, quizás el mejor escritor de periodismo literario desde que tengo memoria, en un artículo de contenido más bien marmóreo que digital, pues trata del inevitable valle de los caídos. Las razones de esta repulsión son obvias: las redes sociales establecen un campo aún inexplorado de la comunicación pública en el que la réplica fácil e inmediata, la horizontalidad en el intercambio de voces, la aparición de innumerables nuevos emisores sin más crédito que su voluntad de estar presentes en el ágora digital, el carácter instantáneo y fugaz de los debates y la formación de nuevos públicos elásticos e inestables son rasgos de un fenómeno que viene a destruir el ecosistema jerárquico, piramidal, restringido, en el que estos escritores han hecho su carrera. En la escritura, entendida como un código de signos estampado en un soporte material, conviven lo perenne y lo transitivo. Lo primero responde a la ambición del autor; lo segundo, a la necesidad del común. En cada paso de la evolución tecnológica, desde la pared de roca hasta el dispositivo móvil, pasando por la tablilla de barro y el libro de papel, se ha producido una mengua de lo perenne en beneficio de la expansión del mensaje. Los soportes son, a cada paso, más ligeros y fungibles, y, en consecuencia, los operadores, más numerosos e improvisados. Por lo demás, las nuevas tecnologías digitales no traen consigo ninguna rebaja de la calidad de la comunicación pública en ningún sentido, si bien es cierto que hacen más visible que antes la promiscuidad entre diversas hablas y niveles del lenguaje. En la era predigital era también comunicación, las pintadas en los muros, los prospectos farmacéuticos, la parla de la barra de bar, los alaridos de los hinchas de fútbol, las sentencias judiciales, etcétera. Lo que hacen las nuevas tecnologías es condensar toda esta materia en una memoria artificial menor que una uña de bebé y dejar al albedrío del usuario su ordenación, su uso y su replicación. El improperio de Manuel Vicent tiene otro sentido, más íntimo, más irremediable. Cuando leo su columna semanal, hábito que conservo desde hace cuarenta años, me asalta la evidencia de que él y yo celebramos una liturgia crepuscular que puede verse interrumpida en cualquier momento, ya sea por defección de uno de los dos o por el derrumbe del puente que nos...

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Bombas

Posted by on Abr 15, 2017 in Miradas |

El llamado sábado santo es el día más aburrido del año, y lo es por una confabulación de dos calendarios que interactúan desde que tenemos memoria: el litúrgico y el laboral. Según el primero, hoy es la aflictiva jornada en la que dios está muerto a la espera de resucitar mañana, y, según el calendario laboral, es el día en que los demás humanos esperan en el chiringuito de la playa a ser arrastrados al viacrucis del retorno hasta el calvario de la rutina laboral. Sea por la leyenda o por imperativo de la realidad, todo el mundo tiene, pues, buenos motivos para estar mohíno y desesperanzado. La ciudad es un paisaje apagado en el que hasta la televisión se pliega al tedio reinante con más entusiasmo que el habitual, que no es poco.  Así que no debe extrañar que la curiosidad vague desnortada por rincones extravagantes que, en otras circunstancias, tendrían un sentido pero que al espíritu amodorrado del día le parecen fruto de un sueño alucinatorio: una visión de colores brillantes, estruendo horrísono y calor abrasador. ¿Bombas o fuegos artificiales? En Afganistán, han contabilizado un centenar de víctimas, por supuesto ninguna civil, de la madre de todas las bombas arrojada por Trump el otro día dizque sobre una topera de yihadistas, e incluso se nos da los nombres  de cuatro cabecillas de la banda liquidados. ¿Cómo saben con tanta exactitud el número de víctimas e incluso su identificación si se supone que el objetivo estaba bajo tierra? La noticia cita como fuente a autoridades afganas, ¿les han dejado los yihadistas ir al lugar del bombardeo con un libretita para tomar nota de los daños, o lo saben por un satélite o un dron, o directamente se lo han inventado? Más estruendo. Los norcoreanos pasean una especie de petardo grandote –eso parece indicar la foto, que por supuesto, es de propaganda gubernamental- en un desfile militar con motivo de alguna celebración a la que son tan aficionados y aseguran, es decir, la noticia asegura que aseguran, que están dispuestos para emprender la guerra nuclear. Marchando. Y por último, Rusia posee el padre de todas las bombas. Sí, señor, con un par. También hay foto y, desde luego, parece una bomba con obesidad mórbida. La historia la cuenta abc y  tiene el inequívoco tufo de un chiste de barbería característico de la derecha española. En la misma noticia se reconoce que todo lo que rodea a este artefacto padre es confidencial; más o menos como las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, para que nos entendamos. Como mañana resucitaremos todos, cada uno a su realidad, vale la pena formular una petición a quien corresponda: si van a acabar...

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Catorce de abril

Posted by on Abr 14, 2017 in Miradas |

Estas líneas se deslizan en la pantalla del ordenador mientras la bandera militar ondea a media asta por la muerte de cristo, un gesto tribal de este gobierno carente de sentido del ridículo y sobre el que es imposible argumentar una réplica racional y menos hacer un chiste, no vaya a ser que el fiscal de la audiencia nacional o alguno de sus chivatos esté de guardia. Todos los ejércitos creen tener a dios a su espalda. Gott mit uns, rezaba el lema grabado en la hebilla del cinturón de los soldados de la wehrmacht, quizás el ejército que más ha hecho por la expansión del ateísmo en el mundo. Este escribiente ha pasado la jornada con sus nietas en un populoso parque de recreo y nadie parecía en aquel recinto preocupado por la altura a la que ondea la bandera en los cuarteles ni por la muerte de cristo propiamente dicha. Tampoco, para decirlo todo, parecían concernidos por la fecha histórica que era hoy ni por los minoritarios y esforzados intentos de evocarla. Lo más llamativo de este sondeo demoscópico a simple vista era la innumerable chiquillería que disfrutaba de la oferta del lugar. Interminables filas de cochecitos infantiles cargados de impedimenta para la crianza aparcaban a la entrada de cada atracción y una legión de parejas jóvenes aparecía dedicada exclusivamente a satisfacer los deseos de sus vástagos y rentabilizar el coste de la entrada. Era la misma multitud que hemos conocido desde los albores de la transición, la que hace con su voto el régimen en el que vivimos. Gente corriente de salario menguado y responsabilidad grande, agobiada incluso en las diversiones festivas, preocupada por arrancar a la vida un poco de bienestar a la vez que perpetuamente amedrentada por si le quitan lo poco que ha ganado. Probablemente, si se preguntara a esta gente, todos querrían un ejército que nos explicara, primero, y nos defendiera, después, del significado del bombazo que ha soltado Trump en Afganistán en vez de pavonearse entre damiselas con peineta de carey y mantilla de blonda a la vera de un jesúselnazareno. Y mientras aquí seguimos de procesión y sin república, en la vecina Francia van a por la sexta (república) después de que el sistema de partidos que ha sostenido la quinta, la vigente, se haya hundido y la disputa electoral parece que vaya a quedar en manos de un banquero (Macron) y de un republicano ecologista  (Melénchon), que algo bueno ha debido hacer porque ya lo comparan con Maduro y con el régimen venezolano. Quién iba a pensar que los políticos y periodistas franceses adolecían de la misma falta de imaginación que sus colegas españoles. Todo indica que el sistema...

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Lecciones de economía

Posted by on Abr 13, 2017 in Miradas |

Uno de los males que aflige a la humanidad, y no de los menores, es la creencia de que la economía es una ciencia. ¿Cómo puede ser ciencia el resultado de la codicia y del cálculo de los humanos? Ser humano es un arte, a menudo propio de artistas del alambre, como descubrieron los humanistas, que, por cierto, andan de capa caída desde hace un siglo. Pero, ¿se imaginan que las órbitas planetarias tuvieran el caótico comportamiento de la bolsa? Ya sabemos que el carácter científico de la economía está certificado por un premio nóbel, pero el nóbel es una superstición de nuestro tiempo. También la alquimia fue una ciencia hasta el siglo diecisiete, cada época vive de sus engaños. La prueba de que una ciencia lo es realidad se verifica mediante el principio de falsación y  basta hacer un cotejo de las predicciones de los economistas y de los datos de la realidad  para ver que no coinciden nunca. La economía es siempre economía política, o política económica, y, en los tiempos que corren, es básicamente una murga para joder a los que menos tienen. Una afirmación que puede parecer arriesgada, además de malsonante, pero que tiene demostración empírica. Veamos. El comportamiento de nuestra derecha en esta materia se ha guiado por dos afirmaciones que siguen una lógica consecuente: primera, la derecha gestiona mejor que la izquierda la economía, y segunda, Rodrigo Rato ha sido el mejor ministro de economía que ha tenido el país. Ha sido necesaria una crisis económica inacabable y el malestar social consiguiente, más un gasto ímprobo en recursos del estado en investigaciones judiciales, para desbaratar estos argumentos. Las raterías de Rato no son una anécdota sino una categoría, para decirlo en d’orsiano. El descubrimiento de que sociedades privadas del ex ministro felón  y presidente ful del fondo monetario internacional facturaban a empresas antes públicas y luego privatizadas por el gobierno al que pertenecía constituye la pistola humeante de esta historia en la que la economía aparece como lo que en realidad es, una forma de crimen. Aquí sí estamos ante un hecho empírico irrefutable que deja en pura mojiganga el cubileteo de conceptos como mercado, oferta y demanda, interés, inflación, etcétera, que constituyen la materia de los economistas. La economía aplicada de Rato y sus secuaces consistió en la privatización de ingentes cantidades de patrimonio público, el más valioso para el bienestar de la sociedad, a beneficio de corporaciones oligárquicas para cobrar sustanciosas comisiones por la operación, las cuales, para redondear el negocio, se refugiaban en esa forma posmoderna de la isla de la tortuga que son los paraísos fiscales. Mientras escribo estas líneas, las horrísonas campanas de la parroquia de san miguel,...

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