El dinero de la buena mesa

Posted by on May 28, 2017 in Miradas |

Hace ya un tiempo asistí a una escena de minúscula significación pero cargada de mal agüero. Era de noche, hora de entrada a los espectáculos de teatro en Madrid y de vuelta al hotel pasaba frente al teatro de la zarzuela cuyo atrio estaba poblado por el público que asiste a estos espectáculos, clase media muy puesta y bienestante, que platicaba en grupos antes de atravesar la puerta de entrada. Entre esta gente zigzagueaba un tipo con impecable atavío de camarero –chaquetilla blanca, pajarita negra-, que ofrecía un prospecto a los grupos estacionados en aquel espacio dedicado a la autosatisfacción. La oferta era recibida con la mezcla de seca cortesía y franco desdén con que se atiende a la mendicidad en la calle. El camarero, pues tal era su oficio, en efecto, llegó a mi lado y alargó su receta impresa en octavilla publicitaria con la siguiente plegaria: restaurante Edelweiss, el de toda la vida, aquí en la esquina. La desesperación contenida en el mensaje me dejó helado. El de toda la vida era una expresión de inequívoco cariz funerario. El restaurante Edelweiss está a veinte pasos del lugar donde el camarero ejercía su improvisada y mendicante labor de agente comercial y a otros veinte pasos del congreso de los diputados. Durante los años ochenta y noventa fue una de las casas de comidas de moda en Madrid. Su característica cocina alemana, de menú corto, excelente servicio y cuenta ajustada al bolsillo, lo había convertido en un lugar de cita gastronómica de políticos, periodistas, turistas y personajes más o menos identificables de la villa y corte. No se hacían reservas y el local estaba siempre abarrotado, no solo de comensales sino de los que esperaban a pie firme para ocupar la primera mesa que quedara vacante. Era un espectáculo, cómo decirlo,  vertiginoso, de apetito y esperanza. Aquella noche, con la octavilla del camarero en la mano, me acerqué a la puerta del Edelweiss y estaba vacío como la tumba que espera al difunto. Hace unos días, en otra visita a Madrid, volví a pasar por delante del mismo restaurante y estaba atendido por personal oriental, en la carta que se expone en la puerta no quedaba ni rastro de la cocina alemana, y el local seguía vacío. En el guirigay de internet leo que pertenece a la cadena arturo, famosa por las andanzas de su patrón en la corrompida charca de ranas de la comunidad madrileña que patronea el pepé. Otra época, otro mundo. Este es un país de camareros y no hay señal más cierta del estado de la economía que el vaivén gastronómico. Si los negocios van bien, nos los comemos, y si van mal, mandamos al...

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Homeopatía

Posted by on May 27, 2017 in Miradas |

La muerte de un niño afectado de otitis porque sus padres se empeñaron en tratarle con procedimientos así llamados homeopáticos ha causado, dice la noticia, gran conmoción en Italia. No es para menos, aunque hay que dudar de que la conmoción vaya a modificar el comportamiento de los que están en el negocio: proveedores, clientes y predicadores. El pensamiento mágico, del que la homeopatía es una variante, resulta en la mayoría de los casos inocuo, puro efecto placebo, y no hay que esperar que vaya a ceder terreno en la afición de la gente. La ciencia es lenta, dubitativa y elitista mientras que la brujería es ágil, asertiva y democrática, y la tentación de sustituir un procedimiento acreditado en la comunidad científica por una fórmula arbitraria e improvisada es irresistible, tanto más si está de por medio el desamparo y la ansiedad del enfermo por recuperar la salud. La fe en el curanderismo ha encontrado un nuevo aliado en la moda del multiculturalismo dominante en buena parte del debate público, según el cual todas las perspectivas y todas las opiniones son válidas y la verdad es relativa. Esto es por completo inaceptable en las ciencias de la naturaleza. En este contexto multicultural, jóvenes parejas adscritas a alguna de las variantes del pensamiento alternativo se niegan a vacunar a sus hijos o, como en el caso que se comenta, a tratar su otitis de acuerdo con prescripciones médicas. Los efectos de esta actitud no han sido por ahora lo bastante graves en nuestras sociedades como para que los poderes públicos consideren necesario que ocupen un lugar en la agenda de gobierno. De hecho, en ciertos públicos no poco numerosos es un tabú aludir al engaño y la manipulación que significan los llamados tratamientos alternativos, y no es infrecuente que alguno de sus predicadores pueda llevar a cabo la publicidad de su mercancía con apoyo de las instituciones públicas. Ha ocurrido en días pasados en mi pueblo, a cargo de un promotor de tratamientos con plantas medicinales domésticas para enfermedades tan graves como el cáncer, que daba una charla promocional de la llamada agricultura ecológica, una etiqueta comercial de contornos difusos que, a lo que se ve, puede llevar muy lejos. En mi pueblo hay una cierta tradición digamos resistencial a esta clase de camelos, que se ha manifestado en un debate en la prensa sobre la actividad de estos gurús cuyo rasgo personal más notorio es quizás su inagotable...

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La regresión

Posted by on May 26, 2017 in Miradas |

A raíz del reciente atentado yihadista de Manchester algunos analistas dirigieron el foco al hecho evidente de que los autores habían querido golpear a niños y jóvenes, que constituían el público mayoritario del concierto donde detonaron el explosivo, para castigarles, a ellos y a sus padres, por su presunta impiedad. El argumento resulta obvio y eficiente para reforzar en la opinión pública la preocupación por una amenaza global que atenta a nuestro modo de vida y carece de barreras morales. Pero esa es una característica propia de todo terrorismo. No hay que pensar que el odio que motiva a sus autores vaya a detenerse en la edad de sus potenciales víctimas (esa fue una ensoñación moral de Albert Camus, formulada en su obra Los justos), toda vez que la muerte de niños en bombardeos y ataques indiscriminados en los conflictos árabes forma parte de los nutrientes ideológicos y de las justificaciones subjetivas de los yihadistas europeos. Más interesante sería preguntarnos qué circunstancias históricas han llevado a que el mundo musulmán sea hoy la principal incógnita política del planeta y represente una enmienda a la totalidad de la organización social y el progreso tal como se entienden desde la Ilustración, y si, en consecuencia, la política de los países occidentales puede hacer algo y en qué sentido. Porque es un contrasentido que los capitostes del mundo occidental bailen junto a los jerifaltes de Arabia Saudí, probablemente el país más inhóspito imaginable para los valores democráticos y liberales que rigen nuestras sociedades y modelo de lo que querrían imponer los yihadistas en sus áreas de influencia. La pregunta es: ¿estamos ante el desafío de una rampante edad media con recursos económicos, tecnológicos y políticos para revertir el curso de la historia? Parece una cuestión que llevará tiempo responder pero no por eso menos urgente. En nuestro país, donde no estamos escasos de influencia árabe, tenemos antecedentes al alcance de la mano en el estado clerical que implantó la dictadura franquista, con su elite militar despótica, su retrógrada mirada histórica, su economía autárquica, su cultura autorreferente, las mujeres cubiertas, enlutadas y con la pata quebrada, los clérigos dictando la moral desde los púlpitos y la policía de costumbres que vigilaba las efusiones en la calle y penalizaba la blasfemia (el pepé ha devuelto este delito al código penal en forma de ofensa al sentimiento religioso) y, cuando el régimen entró en crisis, como ahora los regímenes árabes, apareció el terrorismo etarra, también inspirado por clérigos de diverso pelaje. Salir de la edad media no parece fácil en los secarrales no solo paisajísticos que bordean el Mediterráneo. En los años ochenta tuvo lugar una enconada y celebérrima polémica entre el crítico cultural Edward...

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El vacío

Posted by on May 25, 2017 in Miradas |

Una mañana, el tipo abre los ojos, salta de la cama y descubre que ha perdido el empleo a manos de un fondo de inversión que ha convertido su empresa en pulpa financiera, o que sus ahorros han desaparecido por la triquiñuelas de un comercial de preferentes de la caja de ahorros de la que ha sido cliente toda su vida, o que llama a la puerta de su casa la brigadilla del desahucio por una deuda bancaria que no puede pagar por alguna de las causas anteriores, o encuentra en su móvil la enésima negativa a una  beca solicitada después de una brillante carrera universitaria, u oye el lamento del familiar impedido al que le han privado de asistencia domiciliaria por el recorte del gasto público. Esa mañana, el tipo abre los ojos, sale a la calle y se encuentra en medio del vacío. En el café, en el metro, en la cola del paro, empieza a reconocer a otros zombis como él que terminan encontrándose en una indignación compartida. Resultan ser miles, cientos de miles, millones. En la tele, una interminable procesión de prebostes, que fueron elegidos para el cargo por los zombis, desfilan ante el juez mientras maquinan cómo conservar sus fortunas a buen recaudo en alguna isla de piratas. Las instituciones del país se han convertido en una oscura nube de langostas. En este vacío brotó podemos y sus innumerables confluencias, y, más tarde, fue elegido el otro día Sánchez en el pesoe. La indignación no tiene todavía voz política, y desafinará sin duda en los próximos días, pero el vacío sigue creciendo. Un par de datos, que parecen anecdóticos, abonan esta hipótesis. Ni Rajoy ni Díaz quieren reconocer la victoria de Sánchez, del mismo modo que han venido ignorando los demás datos de la realidad. El primero,  muy en su desdeñoso estilo, se niega a llamar por teléfono al nuevo líder socialista y aspira a parapetarse tras una pantalla de plasma cuando el juez le obligue a mirar de frente la corrupción de su partido que, por extensión, es la de todo el país; la segunda, ruda y resolutiva, se ha apresurado a refugiarse en su feudo andaluz, donde reina un sesenta por ciento de paro juvenil y se gastaron en farlopa las ayudas europeas a la formación profesional. Es el de ambos un gesto compartido de quien abandona el campo e intenta eludir las reglas de compromiso en la confrontación política, un gesto que ensancha las dimensiones del vacío. La paradoja reside en que en la medida que el vacío se hace más vasto, más difícil parece su articulación. Por ahora lo único que se advierte en su interior es una cacofonía de...

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Deudas y ofensas

Posted by on May 24, 2017 in Miradas |

Hay días en que es imperioso salir del corral de la política, ese agujero negro que parece que vaya a dejarnos exangües y que, en todo caso, nos vuelve repetitivos y banales. Así que esta gimnasia diaria obliga a buscar otras fuentes de inspiración. El horizonte no es ni extenso ni profundo, hay que decirlo. Me gustaría tener más vida interior, como dice un personaje literario, creo que de Beckett. El caso es que hay lo que hay y la mirada se dirige en busca de ayuda a las fuentes del entorno, una de las cuales, no la más frecuentada, es el volumen de ensayos de Montaigne, que me mira diría con que con un sesgo de reproche desde una balda de la biblioteca al alcance de la mano. Abro el ejemplar al azar por el capítulo cincuenta y seis, dedicado a la oración. No es tema que encuentre apasionante pero inicio la lectura para caer de inmediato cautivado por la persuasiva cadencia de la prosa: expongo aquí fantasías, informes e indecisas, como hacen aquellos que publican dudosas cuestiones a debatir en las escuelas, no para establecer la verdad sino para buscarla, son las primeras palabras del ensayo, antes de que el autor se apresure a prologar sus pensamientos con una cautelosa declaración de fe en las ordenanzas de la santa madre iglesia y una loa a la oración que nos ha sido prescrita y dictada palabra por palabra de labios de dios: el padrenuestro. En ese punto se aviva un chispazo en el lector. En las escasas frecuentaciones a funciones religiosas en las últimas décadas -funerales de familiares, básicamente- ha advertido que el padrenuestro ha cambiado de letra desde el que aprendimos en el catecismo de la infancia, dictado por dios, según la verdad asentada que, como se ve, viene de lejos y Montaigne comparte, y donde antes se pedía a lo alto que nos perdonara nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores ahora se pide el perdón de las ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No hay que creer que el dogma y la liturgia católicas sean hoy un modelo de robustez y cohesión pero, caramba, algo muy importante ha tenido que ocurrir para que alguien decidiera enmendarle la letra al mismísimo hijo de dios (Mateo, 6, 12). Si no nos podemos fiar de lo que él predicó, cómo vamos a fiarnos de lo que predica Rajoy sobre la mejora de la economía. La economía es la clave: una ofensa no es una deuda. Que se lo pregunten a los acreedores. Tú puedes agraviar a herr Schäuble, a la sazón ministro alemán de finanzas, diciendo de él que es un nazi en...

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