Un lector de las ocurrencias de este rincón me pide que me moje en discernir qué partido político ha tenido más culpa en el fracaso de la formación de gobierno y en las la consecuente repetición de las elecciones. La culpa es una noción moral que no opera en política; y la responsabilidad, tampoco. En último extremo, la culpa es de la ciudadanía que ha elegido a estos personajes sobre los que no tiene ningún control.
Cinco idiotas
La renovación de la clase política ha tenido un efecto perverso e inesperado y ha elevado a lo alto de la cucaña a cinco tipos criados en el bienestar y los videojuegos, narcisistas, eufóricos y absortos. Ninguno de los cinco jefes de filas del arco parlamentario han administrado nunca un presupuesto público ni han gobernado a ningún colectivo cívico, ya sea una comunidad de vecinos o un club deportivo de barrio
Política de las emociones
Los partidos que se arrogaron el papel de administrar la voluntad de las masas callejeras de indignados e independentistas han fracasado en su intento. Quizá sea porque las manifestaciones callejeras funcionan cuando son reactivas, es decir, cuando los manifestantes se echan a la calle para impedir que el poder haga algo que les disgusta o que rechazan, y no cuando son proactivas, es decir, destinadas a exigir que el poder haga algo que los manifestantes quieren. Valdría la pena reflexionar sobre esta ocurrencia.
La Rosa de los vientos
A la extinción del dictador, doña Rosa, como decenas de miles de compatriotas recién llegados a los apetitos del poder, se apuntó al pesoe y navegó sobre su ola mientras los vientos fueron favorables. Si hace cuarenta años, doña Rosa se hubiera apuntado a la alianzapopular, a donde ha llegado ahora, su carrera política hubiera sido mucho más corta y nos hubiera privado de sus pintureras acrobacias en el foro.
El pasado agosto
Los que viven de la política –políticos, periodistas, tertulianos, etcétera- tienen querencia por la épica y aluden al pueblo soberano como si fuera un vigoroso organismo vivo y no la masa inerte que es. La sociedad civil, esa noción que don Sánchez ha convertido este verano en un circo de pulgas, irá a votar si le llaman a hacerlo, y la abstención, aunque sea un poco más alta que en abril, no influirá en los resultados.