Uno de los efectos más visibles del agónico proceso del bréxit es la demolición del partido laborista inglés. Thatcher defendió con éxito la idea de que no solo la clase obrera sino la sociedad misma carecen de existencia real; lo único real son los individuos. ¿Y cómo sabemos que los individuos son reales? Por las tarjetas de crédito que llevan en la cartera.
Éramos pocos y
Hablemos, pues, de la operación Errejón. Está fuera de duda que va a ser pasto mediático durante semanas y que numerosos intereses cruzados van a bailar el agua a la iniciativa. En especial, en el pesoe. Lo que tiene de espectáculo la política se va a ver animado por la promesa del duelo fratricida de los dos fundadores de podemos, antaño amigos del alma y hoy, ya se ve.
Se odian
El odio es una palabra proscrita en este tiempo de mojigatería retórica pero no hay otra manera de decirlo: don Sánchez y don Iglesias se odian. Se odian tanto que el mundo real desaparece tras el ciego impulso de destruir al otro que los embarga a los dos cuando están frente a frente. Por supuesto, el odio es un sentimiento que no puede explicarse.
Sísifo dichoso
Hay buena razones para la abstención. Esta, no obstante, no será tan alta como parece querer anunciar el actual estado de cabreo social y tampoco modificará sustancialmente la composición del parlamento. Al contrario, los abstencionistas declarados hoy, al menos en una buena parte, irán a las urnas para votar a su partido, para reafirmarse en su derecho y en sus convicciones, incluso contra toda esperanza.
La batalla de relato
Relato es una de esas palabras que segrega la jerga política y que corretea por el lenguaje en busca de sentido. La próxima campaña electoral va a ser, dice, una batalla por el relato. En las próximas semanas, los think tanks de los partidos, educados en una religión en la que se comulga con ruedas de molino, están convocados para elaborar un relato en el que sus jefes aparezcan convertidos en seres mitológicos sin perder la apariencia humana.