Durante años, miles de españoles corearon públicamente y a voz en grito aquello de Carrero voló, etcétera. Aquella murga, que todavía puede encontrarse en algunos sitios de internet, no representaba una ofensa a una víctima del terrorismo menor que las que ahora juzga la audiencia nacional y el tribunal supremo; sin embargo, muchos de quienes la corearon ocuparon en los años siguientes cargos públicos, desde concejal a ministro, y nadie de aquella generación, a la que pertenezco, dejó de ver el atentado como una ventana a la libertad y a la democracia. Esto es discutible hoy, pero en todo caso es un debate para los historiadores. La justicia y los gobiernos hicieron su trabajo, la sociedad se enfrentó a la violencia como herramienta política y el terrorismo doméstico ha terminado. Es una conquista colectiva en la que, curiosamente, no queda más vestigio de aquel pasado que la celosa inquisición del fiscal y los jueces sobre los tuits perpetrados por algunos particulares con mala sombra. Estos mensajes, a los que la actuación judicial ha dado una publicidad inmerecida y que no tuvieron en origen, carecen de la pretendida gracia que, al parecer, quisieron imprimirles sus autores, muestran lejanía e indiferencia por los hechos aludidos y sus consecuencias, ignorancia política, falta de sensibilidad social y un punto de incivismo, pero cuesta creer que estén animadas por la voluntad de ensalzar el terrorismo y vejar a las víctimas, como lo probaría el hecho de que algunas de estas, públicamente connotadas, se hayan manifestado en contra del procesamiento y condena de los autores y que las asociaciones que las representan no se hayan personado en el procedimiento. La persecución penal de opiniones, o mejor, ocurrencias, como es el caso, referidas directa o indirectamente a la violencia política en este país puede llevar muy lejos. A cualquiera se le ocurren un par de referencias más recientes que el asesinato de Carrero Blanco o los crímenes de los grapo y de eta. Uno, la desenfadada declaración del portavoz del pepé desacreditando a los familiares de las víctimas del franquismo, que intentan recuperar los restos de sus padres y abuelos asesinados y enterrados en las cunetas. Dos, la campaña de desprestigio y acoso sufrida por una de las asociaciones de víctimas de los atentados de Atocha y su presidenta por el hecho de no ser del gusto de la mayoría gobernante. Los procedimientos contra tuiteros y titiriteros no tienen más consecuencia que amargar a los encausados y poner en cuestión la probidad del sistema judicial, que ahora se verá confrontado en tribunal europeo de Estrasburgo.
Entradas recientes
Comentarios recientes
- Casandro en Crónica de la España hueca
- M. en El sol no sale siempre
- Rodergas en El desfile de los necios
- ManuelBear en Yo también seguí a Hernán Cortes
- Conget en Yo también seguí a Hernán Cortes
Archivos
Etiquetas
Alberto Nuñez Feijóo
Albert Rivera
Brexit
Carles Puigdemont
Cataluña
Cayetana Álvarez de Toledo
Ciudadanos
conflicto palestino-israelí
coronavirus
corrupción
Cristina Cifuentes
Donald Trump
elecciones en Madrid
elecciones generales 2019
elecciones generales 2023
Felipe González
Felipe VI de Borbón
feminismo
Gobierno de Pedro Sánchez
guerra en Gaza
independencia de Cataluña
inmigración
Inmigración en el Mediterráneo.
Inés Arrimadas
Irene Montero
Isabel Díaz Ayuso
Israel
Joe Biden
José María Aznar
juan Carlos I de Borbón
Mariano Rajoy
Pablo Casado
Pablo Iglesias
Partido Popular
Pedro Sánchez
poder judicial
Quim Torra
referéndum independentista en Cataluña
Santiago Abascal
Ucrania
Unidas Podemos
Unión Europea
Vladimir Putin
Vox
Yolanda Díaz