Cada mañana inicio el paseo por la realidad representada (¿quién sabe cuál es la realidad real?) en la columna periodística del admirado Enric Juliana, que hoy depara una ventana abierta para escapar de la asfixiante y sobreactuada consternación que ocupó ayer la mediosfera del país. El título de la pieza de Juliana ¿Pudo haber frenado Carme Chacón a Podemos? es una pregunta típica de historia contrafáctica pero su interés no radica en la imposible respuesta sino en el destilado de acontecimientos que llevan a la pregunta. El articulista cuenta las circunstancias en las que Chacón disputó la secretaria general del pesoe a Rubalcaba -joven, mujer y catalana frente a veterano, hombre y español sin mácula- y perdió el envite por dos decenas de votos debidos a la tenacidad de los aparatchiki profesionales para mover las voluntades de los delegados al servicio del pesado ectoplasma de Felipe González. Fue el primer intento, ganador, de los dinosaurios del pesoe para conservar el ecosistema del parque jurásico en el que habían desarrollado su provechosa existencia. A raíz de su derrota, Chacón se apartó de la actividad política para aceptar en el extranjero la oferta de una institución gubernamental española,  sin perder el contacto con la familia socialista. Segundo round: Chacón aparece en la ejecutiva de Sánchez pero renuncia a encabezar la lista por Barcelona a la espera de su oportunidad en el congreso del partido y poco después forma parte del grupo de diecisiete conspiradores que abandonaron a Sánchez y abrieron la vía para su ejecución política de la que nadie esperaba que fuera a salir tan mal fusilado. La operación situó a Chacón, ya en la penumbra, entre los seguidores de Díaz, al cobijo del mismo aparato que frustró su ascenso a la secretaría general. La muerte segó abrupta y desgraciadamente la posibilidad de un tercer capítulo de esta historia de ambición y voluntad. Personaje de Stendhal, califica Juliana a nuestra heroína, con buena razón poética. Dos enseñanzas se extraen de este relato. La primera, de carácter general, es la dificultad, por ahora insalvable, del pesoe para dar respuesta a los dos grandes desafíos del país en este momento: el cambio generacional y el conflicto territorial. Ante este horizonte irresoluble, los socialistas vuelven bajo las alas protectoras de la clueca, papel que ha asumido con entusiasmo Díaz. La segunda enseñanza es específica. Chacón representaba el prototipo del militante socialista, para el que el partido es el único ascensor social disponible, y una hábil mezcla de disciplina, cálculo y oportunidad en sus filas puede llevar al aplicado militante a cumbres vedadas para la mayoría de los mortales. En el partido no hay solución, pero fuera del partido no hay salvación y la permanencia en sus filas te garantiza una consternación universal el día que dejes este mundo.