Es la pregunta del proctólogo que inquiere sobre las deposiciones del paciente inquieto por su dolor de tripas y los términos de moda para definir la naturaleza de esa reciente enfermedad europea que llamamos brexit y que tanto se parece a una cagada. También se podría preguntar: ¿sanglant, al punto o muy hecho? Los sentados a la mesa de negociación están aterrorizados pero nadie quiere pasar por menos macho que el otro, así que la opción preferida es de entrada la primera. Doña May y doña Merkel apuestan por lo duro. Es el momento de tirarse el farol y los cuchillos están lo bastante afilados. Qué carajo, como en toda negociación de divorcio, la cuestión es quién se queda con la casa, la cubertería de plata, la cuenta corriente y la colección de vinilos, y no vale adoptar de entrada una posición concesiva que pueda interpretarse como que el otro tiene razón. Porque aquí se juega, por decirlo así, la razón histórica, el futuro radiante que nos espera después de que conquistemos la cosa, así que, flaquezas, las mínimas. Los isleños se han lanzado a la aventura con la carraca del imperio traqueteándoles en la cabeza y los continentales, carcomidos por partidos y gobiernos de extrema derecha que querrían seguir el ejemplo británico, afrontan el trance desconcertados y divididos, accionando nerviosamente la palanca de cambio de velocidades. La excepción a esta inicial exhibición de colmillos la ha aportado el gobierno español, que preferiría un brexit blando. En realidad, como el escribiente Bartleby, preferiría no hacerlo, con tan mala suerte que el reino unido ha subido la apuesta y ha amenazado con declarar la guerra al reino de españa para reconquistar gibraltar. Incluso su mismísima majestad irá a la guerra por esta causa, si es necesario. Ahí tienen a los habitantes del planeta oxbridge practicando la haka maorí, que debieron aprender de sus colonizados neozelandeses. Pero no crean que solo los británicos hacen el idiota. Un senador del pepé, presidente de la comisión de asuntos exteriores de la cámara alta, asistió ahora hace tres años en Buenos Aires a un acto de exaltación de la guerra de las malvinas, que, como recordarán, inició un dictador militar, en el marco, dice la crónica del acto, de los esfuerzos del pepé por seguir hostigando a Gibraltar, una causa común contra un enemigo común, el Reino Unido. Faltan dos años para que culmine eso que llamamos brexit, así que cualquier cosa puede ocurrir, y hay precedentes para todos los gustos.
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