El gobierno polaco, reaccionario, populista, autoritario, etcétera, aumenta su base social y su aceptación en la población por el procedimiento de otorgar subvenciones a las familias para la crianza de los hijos. Dame pan y llámame tonto. La subvención polaca por hijo, que alcanza a dos y medio millones de hogares, es de ciento quince euros al mes, una fortuna si se compara con los salarios vigentes en nuestro país después de la reforma laboral. Populismo es un término que quiere ser derogatorio pero que resulta idiota, inventado para justificar la pereza intelectual, o algo peor, de los beneficiarios y gestores del sistema que malamente disfrutamos. Todo viene de un equívoco puesto de moda a principios de los años noventa, tras el desplome del bloque socialista. Es la idea de que libertad de mercado y democracia representativa son términos de un binomio indisoluble. En realidad, a cierto punto de cocción al que se llega pronto, son términos contradictorios, cuando no enfrentados. ¿Para qué debemos votar a x o y cada cuatro años si día a día hay que aceptar sin negociación ni réplica posible la imposición de un salario cada vez más bajo, las hipotecas más venenosas, el recibo de la luz en progresión ascendente, las tasas por esto y por aquello o el coste de los medicamentos, sea x o y al que hayamos votado? Cuando esta pregunta saltó a la palestra política, la socialdemocracia renunció a responderla, seguramente porque le parecía ociosa. Los beneficios del nuevo sistema serían tan copiosos que caerían en cascada de la mesa de los ricos a las bancadas de los menos ricos, porque los pobres eran una especie en extinción en la aromática espuma de la clase media. Claro que, para que eso fuera aproximadamente así, era necesario un robusto y equitativo instrumento de redistribución de rentas a través del sistema fiscal. Pero nadie se ha hecho verdaderamente rico entregándose a la debilidad de compartir sus ingresos, ni en la más pequeña medida, de modo que los ricos contraatacaron contra este último argumento de justicia social por dos flancos concertados: un régimen fiscal crecientemente permisivo con los afortunados y la proliferación de paraísos fiscales. Bertolt Brecht es uno de los grandes poetas de la lengua alemana y durante décadas inspiró el teatro occidental, hoy sería tildado de populista. Vean si no: Hay muchas maneras de matar, / Pueden meterte un cuchillo en el vientre / Quitarte el pan. / No curarte de una enfermedad. / Meterte en una mala vivienda. / Empujarte hasta el suicidio. / Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo. / Llevarte a la guerra, etc…/ Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado. Casi da vergüenza recordarlo.
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