Estamos aún bajo la influencia de las leyendas navideñas y la destitución de Trillo al frente de la embajada de Londres se produce en el contexto del relevo de otros ¡setenta y dos! embajadores, quizás la práctica totalidad del escalón más alto del cuerpo diplomático, como hizo Herodes con el degüello de todos los mamoncillos nacidos en Judea por estas fechas para encubrir el asesinato del recién llegado niño dios. Por un pelo no ha llegado Trillo, ducho en escapatorias, a emboscarse en Egipto. Lo importante, para Herodes y para Rajoy, es que no se advierta de qué trata la operación, pues tanto la responsabilidad de Trillo en la catástrofe del Yak 42 como el advenimiento de un mesías resultan muy embarazosos de reconocer para el gobierno de turno. Nada sabemos de lo que opinó más tarde Herodes sobre el éxito de la matanza de los inocentes ordenada por él, aunque podemos imaginar que, de ser preguntado, respondiera como Rajoy al tema que le concierne: “eso ya está sustanciado judicialmente, ocurrió hace muchísimos años”. Sustanciado es la palabra, vale decir, convertido en un legajo de tapas de cartón sellado por balduque de color rojo, que reposa en algún anaquel remoto de algún remoto juzgado, a dos pasos del olvido. Quién iba a imaginar -Rajoy, desde luego, no, por lo que ha declarado- que el consejo de estado fuera a sacar del congelador en navidad, como si fuera una bandeja de langostinos, una resolución sobre aquel accidente aéreo que costó la vida a sesenta y dos militares hace trece años y del que responsabiliza al ministerio de defensa, del que era titular Trillo. El dictamen no parece decir nada que no se supiera a las pocas fechas del suceso con solo leer la prensa pero para los familiares de las víctimas es un documento que les permitirá, si no restaurar la justicia, sí al menos recuperar la verdad después de este interminable periodo de posverdad en el que Trillo ha permanecido cobijado en la embajada de Londres con la protección de su partido y del gobierno. Eludir la responsabilidad es un arraigado hábito de nuestra clase dirigente que no se detiene ante las catástrofes más sangrientas y aflictivas, pero hemos de convenir que lo sucedido en aquel accidente del transporte militar tiene algunos rasgos distintivos relevantes, y no solo porque las consabidas prácticas de subcontratación de servicios públicos, presuntas mordidas mediante, alcanzaran también a la defensa del país, sino por el notorio desprecio por las víctimas con que el gobierno de la época, el que reconquistó Perejil con Aznar, Rajoy y Trillo al frente, rescató los restos, los inhumó de manera dolosa y vergonzante con gran pompa funeraria y dio carpetazo al asunto. Releo lo escrito y desconfío de su lógica. ¿Quién sabe si la inesperada resolución del consejo de estado –un órgano político en el que el ejecutivo tiene mano y que esta presidido por un mentor de Rajoy- no ha sido auspiciada por el propio gobierno para quitarse de encima el asunto del Yak, ahora que ya está sustanciado, y, de paso, borrar del mapa a Trillo y a un puñado de embajadores de la vieja guardia popular en el marco de una operación de afianzamiento de Rajoy al frente de la cosa? No me considero paranoico pero nunca es tarde para empezar.
P.S. Después de redactar esta nota, leemos que Trillo, ducho en escapatorias, quiere reingresar en el consejo de estado, el mismo órgano que ha reprobado su actitud al frente del ministerio de defensa. Y aún hay más, en su partido creen que el famoso informe estaba específicamente dirigido a impedir al ex embajador el retorno al consejo del que es letrado. A las víctimas del accidente que les den, y tanto más a la vergüenza nacional, lo que cuenta es el (buen) destino de Trillo. No hay imaginación humana que pueda abarcar el tamaño y los pliegues de la jeta de estos individuos.