La derecha es pródiga en víboras, hasta un punto de saturación que probablemente les ha hecho perder las elecciones, pero no el gusto por la intoxicación. Si don Sánchez, como parece, quiere seguir los pasos de su ancestro va a necesitar una víbora de buen tamaño a su lado para tener distraído al personal, a la derecha y a la izquierda.
Una ranura muy angosta
Las urnas están ahí para recibir el voto, donde el elector ha sintetizado sus cavilaciones, deseos y manías, pero al mismo tiempo, la naturaleza hermética del artefacto advierte que todo ese complejo destilado de la conciencia no cabe por la ranura. El ciudadano se deja el pelaje que le identifica en la gatera, o dicho de otro modo, abdica de su ciudadanía en el voto.
Matad al padre
En los meses que han precedido a las elecciones del pasado domingo, la sombra del padre ha tenido un papel determinante sobre la deriva de los líderes de los primeros partidos. Los medios de comunicación sacaban a las momias de sus opulentos sarcófagos para que agitaran el espectáculo y los zombis aceptaban de inmediato la invitación.
Primero de mayo
Los trabajadores que la conmemoran viven en un mundo material marcado por el rigor del mercado, del que son la parte más débil, pero al mismo tiempo habitan una atmósfera cultural sobrecargada de abalorios y universalmente compartida, dirigida a disuadirnos de nuestra condición. A este estado se le llamó alienación, un término sin duda pertinente pero en desuso.
La sombra del peluquero
Hay pocas dudas de que el miedo a la barbarie ha sido el gran motor de la alta participación en las elecciones. La mayoría ha votado a favor de dos términos diríase que anacrónicos: estabilidad y progreso.