Al fin una ruina de verdad, inerte, material, mensurable, a la que poder restaurar mediante una aplicación de voluntad y técnica. Al fin un vestigio del pasado que justifica el presente e impulsa el futuro. Así ha debido pensar monsieur Macron ante la catedral de París herida por el fuego. Por fin, una obra de estado, que le otorgará una mención de honor en la historia.
Nuestro amigo el caos
Los europeístas no tenemos más aliado que el caos. Las continuas prórrogas para que Reino Unido ejecute de una vez su ‘bréxit’ tienen una doble función: evitar que el caos que reina en la política británica caiga sobre nuestras cabezas y que sirva de ejemplo a los euroescépticos que quieran intentar algo parecido en el continente.
El incidente
La norma exige que el homenaje popular al difunto discurra en orden y silencio pero es inevitable algún incidente en el que un don nadie enfatiza su presencia en el duelo con algún gesto extemporáneo; de hecho, son estos tipos los que evitan que la ceremonia sea una fantasmagoría. El pueblo deja de ser una procesionaria de zombis y da muestras de alguna vitalidad, que suele tener un cariz ridículo.
La vaca errante
Si alguien contara esta historia de viva voz en la barra del bar no pasaría por ser el contertulio más interesante e ingenioso de la peña, pero por escrito y en las redes sociales se convirtió, al parecer, en un mensaje viral concienzudamente explotado por la opinión euroescéptica, que creyó haber encontrado un filón para reducir al absurdo la detestada burocracia comunitaria.
El fuerte y los indios
La pregunta es: ¿para qué sirve un fuerte en medio del desierto? Las pelis de John Ford relatan el nacimiento de una sociedad que a la postre es la nuestra y destilan una épica de individuos solitarios, erráticos y quebrados; gentes que hacen lo que les dicta el deber sin entender su sentido. Caballistas rodeados por un paisaje grandioso que no lleva a parte alguna.