Si se hicieran, y seguramente se hacen sin que sepamos los resultados, sondeos demoscópicos entre la población peninsular sobre el futuro de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, encontraríamos una increíble variedad de opiniones, de entre las que no sería minoritaria la de que pertenecen a Marruecos.
La venganza de la historia
El individuo se mira al espejo y se pregunta qué puede hacer con lo que ve. Perfecto, ese era el objetivo: ahora todos a la cancha y a jugar. Lo inesperado fue que esos mismos individuos relacionaran sus rasgos identitarios -el color de su piel, su género, su origen nacional o social- con lo que experimentaban en su entorno y ataran cabos: ¿por qué los salarios de las mujeres son inferiores a los de los hombres’, ¿por qué la policía se comporta de manera más agresiva si eres negro?, ¿por qué te rechazan si eres marroquí, hondureño o sirio?, ¿por qué me persiguen por ser homosexual?
La guerra cultural
En todos los países europeos se registran movimientos de revisionismo profascista pero están fuera del consenso democrático; aquí envuelven, alimentan e inspiran al primer partido de la oposición. ‘Si te llaman fascista es que lo estás haciendo bien y estás en el lado bueno de la historia’, como dijo la estrella política ascendente y presidenta de Madrid,
Cuelgamuros, segunda temporada
La serialización de un relato supone cierta desconfianza hacia su desenlace, como si este no pudiera ser todo lo rotundo y definitivo que desearía el autor y los espectadores. Los culebrones ofrecen un presente continuo, en el que cada episodio se enrosca en incidencias menores y pegajosas, que impiden el avance la historia y su deseado final.
Atentado en el remoto norte
En la sociedad se implantó un consenso que vedaba el uso del atentado en el debate político. Una suerte de amnesia colectiva a la que ayudó la necesidad de huir del dolor en la sociedad noruega. Algo sabemos aquí sobre esa forma de amnesia.