Nuestra percepción de la guerra de Ucrania no es mejor que la de Fabrizio en Waterloo. Participamos en ella de manera vicaria, protegidos al otro lado de la pantalla del televisor y vagamente intentamos hallar la razón de este espectáculo.
La carraca
Don Casado, expulsado de malas maneras por sus conmilitones del cargo de jefe de la oposición, ha abandonado el hemiciclo pero ha dejado en el escaño la carraca.
La vie est ondoyante
Es sabido que los petroestados no son propensos a la democracia. Las democracias occidentales se sostienen porque el mismo interruptor que pone en marcha la lavadora o enciende el ordenador ocluye el visor moral por el que podríamos informarnos de la procedencia de esta energía.
El lienzo de Penélope
La cuestión es si esta actividad diplomática, de haber existido, hubiera frenado la deriva que ha llevado al conflicto de Ucrania. La respuesta, cautelosa, es no. La asimetría y la incompatibilidad de los sistemas occidental y ruso seguirá intacta.
Desconcierto, impotencia, miedo
En este momento, los polos de la imaginación occidental respecto a Ucrania están entre el pesimismo de que Rusia pueda utilizar bombas atómicas tácticas y el optimismo de que Putin sea víctima de un golpe de estado urdido en su entorno.