Las guerras de religión en Francia llevaron a Enrique, candidato al trono, a las puertas de la capital. La leyenda dice que el entonces rey de Navarra (la de Shakespeare, no la que conocemos ahora) comprendió que la unificación de Francia bajo su cetro exigía un gesto hacia la facción católica, mayoritaria, y fue cuando el hugonote dicen que pronunció la archifamosa sentencia de que París bien vale una misa. Luego ha sido el rey más apreciado en el país vecino entre Vercingétorix y Napoleón, hasta ahora mismo. Ya sea porque conoce bien la historia de Francia o porque está investida de la misma sagacidad política que el rey francés, doña Carmena también ha aceptado ir a misa y comulgar con el reconocimiento del señor Guaidó como presidente interino de Venezuela, en la misma liturgia que Trump y la atribulada Europa. La palabra cuidado es recurrente en el discurso podemita, hasta el punto de que cuando no están peleándose entre ellos parece que fueran una oenegé asistencial al servicio de los pobres de la tierra. A la alcaldesa de Madrid se le puede aplicar el término en su doble sentido de que cuida de los suyos y de que es una abuela de cuidado si se le contraría en sus designios. La aceptación de Guaidó es el gesto de la clueca que extiende su ala sobre el trémulo pollito recién llegado a la familia, el joven don Errejón, el más bolivariano entre los bolivarianos del patio español. Madrid bien vale un renuncio.

Las próximas elecciones de mayo se van a celebrar en dos escenarios insólitos y pegajosos: Venezuela y la sede del tribunal supremo español. Este segundo es un horizonte cargado de nubes sombrías. En cuanto a Venezuela,  es el arma apenas secreta de la derecha española. Alibote, alibote, Maduro el que no bote. Ahora ya sabemos lo que cualquiera podía imaginar: la autoproclamación de Guaidó es una operación intervencionista orquestada e impulsada por Trump, a la que se ha sumado la inane Europa con la independencia de criterio que la caracteriza. Por ahora, la intervención es solo diplomática, por decirlo de algún modo, pero no está excluido que si don Maduro es tan cerrojo como parece, no termine en intervención militar. Ganas no faltan y Washington ya lo ha previsto, incluso lo ha exhibido ante la prensa, y lo ha verbalizado. Para la trilateral derechista española el venezolazo es viento en las velas y doña Carmena ha decido ponerse al pairo. Pintan bastos y cuando tal ocurre y llegan a tu barrio más vale que estés bajo protección de sagrado. Es lo que ha debido decirle la abuela al joven recién llegado: tú vete a misa sin entretenerte ni mirar a los lados, y no hagas caso de lo que te digan los malotes en la calle, cuando vuelvas te tendré preparadas unas empanadillas, que a los jóvenes listos como tú les gustan mucho.