La herida

Posted by on Oct 30, 2015 in Miradas |

Los poderes terrenales se reúnen para suturar la herida de Siria, cuyos efectos infecciosos ya se sienten en Europa. Un selecto puñadito de potencias que arrastran rivalidades irresueltas y llevan en el portafolio sus propios intereses han iniciado a paso de sonámbulo el camino hacia la mesa de negociaciones. Ni el dictador cuya tiranía provocó el conflicto, ni la titubeante oposición que quiso derrocarle, ni el amenazador estado islámico que ha brotado del huevo de la serpiente, estarán en el encuentro. Estos agentes directos del conflicto ponen la ira, la esperanza y la muerte, pero no, al parecer, las soluciones. Por ahora, pues, seguirá habiendo enfrentamientos, víctimas, refugiados y desesperanza sine die. No hay razones para el optimismo. Es improbable que los estados occidentales, hacia los que se dirige gran parte de la ira de las masas árabes, sean los más indicados, no solo para resolver el conflicto sino ni siquiera para entenderlo. Ni los cruzados (la España de Aznar incluida) que destruyeron el estado en Irak ni la llamada primavera árabe posterior previeron las flores carnívoras que habrían de surgir en este paisaje arenoso. Hoy Siria es un estado quebrado, como otros de Oriente Medio y de la orilla meridional del Mediterráneo, y los que están vigentes, como Egipto o Argelia, son dictaduras que sus poblaciones quisieron derrocar. La alternativa no es halagüeña en Dar al Islam, o dictaduras nacionalistas, que representan el pasado, o califatos teocráticos, que asoman al futuro. Los occidentales que se han reunido en Viena no entienden otro campo de la acción política que el estado-nación, precisamente el patrón que está en crisis en esa zona del mundo. Al leer estas noticias me ha asaltado el recuerdo de lo que dice Ernest Hellner en su último libro (Nacionalismo, Ed. Destino 1998). En el siglo XX hubo dos doctrinas universalistas: el marxismo, que se desplomó, y el Islam, que ha crecido en influencia a fuer de negarse a la secularización. Es una religión, anota Gellner, sorprendentemente moderna: es unitarista, tiene una baja carga mágica, proscribe la mediación, estableciendo una relación directa entre el creyente y la divinidad (en menor medida en el chiísmo), y ofrece un estado igualitario entre los fieles. En este sentido, tiene rasgos análogos a la ética protestante que, según Weber, está en la raíz del capitalismo moderno. Sin embargo, el Islam no ha conseguido los resultados de la modernidad occidental y las clases medias de los países musulmanas no han alcanzado ni de lejos los niveles de la burguesía europea. Gellner lo explica así: Los protestantes (y ahora también los católicos) sólo tienen un mecanismo para cerciorarse de su virtud moral, el éxito de los negocios materiales. En el Islam, la...

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Encantados de habernos conocido

Posted by on Oct 29, 2015 in Miradas |

Si alguien quiere respirar optimismo por todos los poros, no tiene más que venir a la irreductible aldea desde la que escribo, donde todos parecen bautizados con la pócima mágica del druida de su parroquia. Es un optimismo aplaciente, primaveral, contentadizo, que no impulsa a la euforia pero impide caer en la melancolía. Desde que tengo memoria, no recuerdo ninguna ocasión en el que los pronósticos y vaticinios sobre el presente y el futuro de la aldea desvelaran ni la más mínima duda sobre el bienestar actual y venidero, gracias a nuestra potencia industrial, nuestro capital humano, nuestro sistema educativo, nuestra cohesión social, para decir lo menos entre otras cualidades y virtudes que no enumeramos al completo para no sonrojar a los de fuera. Esta vez ha sido la asociación Co.CiudadaNa la que ha presentado un llamado panel de tendencias -encuestas a personas que ”por su curriculum profesional tienen una información de primera mano sobre los procesos y realidades que hemos querido analizar”– destinado a mostrar el estado actual y las perspectivas de la marca de la aldea. Un chequeo rutinario del que salimos enhiestos, firmes y obvios como un haya de la selva de Irati. La asociación responsable del informe es el enésimo avatar de la elite dirigente de la provincia desde, al menos, la Transición (algunos apellidos conspicuos se remontan algunas décadas más atrás; otros están relacionados con los rasgos menos apacibles de la reciente crisis del sistema financiero de la provincia) y tienen buenas razones, tanto para su preocupación por los destinos de la aldea como para su optimismo histórico. Lo primero porque esta elite ha sido desplazada del poder político en las últimas elecciones regionales y lo segundo porque pilotaron la cosa pública durante un dilatado periodo de expansión económica que sin duda ha dejado en ellos un retrogusto, como dicen los gastrónomos, que tal vez no se experimente otra vez en el futuro. El informe o panel recoge opiniones casi unánimes sobre conceptos genéricos: un lienzo de colores planos y uniformes, generalmente cálidos y acogedores, que no evitan algún brochazo inquietante. A los habitantes de la aldea les espera un futuro de sueldos bajos y empleo precario, y a las empresas, riesgo de deslocalización y falta de emprendimiento e inversión, pero eso no ocurre solo en la aldea sino que el mundo es así, como se ocupan de aclarar en la sinopsis. Ah, bueno, mal de muchos… Llama la atención que esta armonía (o consenso, como se decía antes) sobre el diagnóstico se quiebre precisamente al evaluar la presión impositiva: el 37% cree que es igual que en el resto de España, el 52% juzga que es menor y el 11% sostiene que es...

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Arquímedes y el pope Gapon

Posted by on Oct 28, 2015 in Miradas |

Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, dicen que dijo Arquímedes cuando descubrió la palanca. En el ciclópeo esfuerzo por levantar la independencia de Cataluña, la CUP (10 escaños de 135 en el Parlament, 8,2% del voto catalán) se ha ofrecido como fulcro y ha llevado a firmar una declaración que se convertirá en un documento histórico o en papel mojado según evolucionen los acontecimientos. En lo alto del bloque que levanta la palanca, Artur Mas hace equilibrios y votos a la Moreneta porque, a mayor impulso del independentismo, mayor distancia le separará de la engorrosa indagación judicial sobre el corrupto tinglado político-económico que ha heredado. En la mayoría de los soberanistas, la independencia es un sentimiento y un anhelo; en Mas es una necesidad y la única respuesta a sus intereses. La CUP quiere la independencia para hacer una república sin corrupción; Mas, para que la corrupción se confunda con la república. La izquierda quiere un paraíso social y la derecha, un paraíso fiscal. No caigáis en provocaciones, decían en nuestra izquierdista juventud los dirigentes a la base cuando detectaban en ésta demasiada prisa por alcanzar objetivos lejanos. Y aquí entra en escena el pope Gapon, el clérigo ruso que fundó una asociación obrera mientras colaboraba con la policía zarista y llevó a miles de trabajadores y a sus familias a manifestarse al palacio del zar en San Petersburgo para entregarle un papel con una demanda de derechos; les esperaba rodilla en tierra y fusil a la cara la guardia imperial, que provocó una matanza entre los manifestantes. ¿Hasta qué punto es una afirmación de derechos o una provocación el documento aprobado por el Parlament para cuyo cumplimiento no hay ninguna base legal y ni siquiera una mayoría política cualificada? No parece haber riesgo de que sea recibida con una descarga de fusilería, aunque seguro que es lo que desearían muchos nacionalistas españoles y no pocos independentistas catalanes que tendrían así una explicación para justificar el fracaso de su causa. De momento, Rajoy, el parsimonioso, hacedor de independentistas, ha ordenado cargar las baterías con munición legal y espera que la declaración le ayude a ganar las elecciones, toda vez que sus argumentos de mejora de la economía no parecen calar en la dura mollera de sus súbditos. Ya...

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Conservadores

Posted by on Oct 27, 2015 in Miradas |

La clave del funcionamiento del sistema político español hay que buscarla en el pánico de la sociedad a perder lo que ya tiene; poco o mucho, eso es subjetivo y hay una opinión por cada ciudadano. Sobre este conservadurismo primario –llamado a sí mismo de centro, que obnubila la visión del futuro y rechaza cualquier reforma, y cuyo paradigma es el modo Rajoy de gobierno-, en 1978 se articuló un sistema constitucional dirigido, en primer término, a conservar su propia estabilidad. La memoria de la guerra civil gravitaba sobre los constituyentes de la época, del mismo modo, por ejemplo, que la hiperinflación que asoló Alemania en los años treinta del pasado siglo está en el cerebro reptiliano de las políticas de austeridad de Angela Merkel. Nunca más una guerra civil y nunca más una hiperinflación. Hay acontecimientos históricos cuya onda expansiva alcanza a numerosas generaciones posteriores y determina su conducta. La estabilidad de nuestro sistema político radica en el plus de poder que otorga al ejecutivo sobre los otros dos poderes del estado, el legislativo y el judicial, controlados y/o dirigidos por el primero. Al término de la segunda guerra mundial, países como Italia erigieron sistemas fuertemente parlamentarios, a riesgo de la inestabilidad casi perenne del ejecutivo, para conjurar el peligro de una dictadura como la que habían dejado atrás después de una cruenta guerra civil entre 1943 y 1945. Treinta años más tarde, en España se operó a sentido contrario; la dictadura había dado algunos frutos en términos de bienestar material y estabilidad política, así que el objetivo era conservarlos mediante un sistema electoral bloqueado y la preeminencia del poder ejecutivo. Los españoles aceptamos el trueque a cambio del reconocimiento de los derechos civiles, que también habían germinado durante la dictadura en las playas de Benidorm. El resultado puede calificarse de satisfactorio a la luz de los hechos hasta la crisis económica que se inició en 2008. El movimiento de los indignados, que en 2011 conectó con toda la sociedad española, surgió en un momento en que el llamado consenso constitucional había sido asaltado desde arriba por poderes nuevos y muy agresivos ante la impotencia, o la complicidad, de los gobiernos de turno, primero el de Zapatero y luego el de Rajoy. Cuatro años después de las acampadas de la Puerta del Sol, experimentamos la dificultad de convertir aquella indignación en alternativa política y el bipartidismo recuerda en los sondeos  que no es un accidente pasajero. Durante el franquismo se contaba un chiste que decía que España era un país libre porque se podía elegir entre el Marca y el As. Rajoy es del Marca y Zapatero fue del As. También había otro chistecillo entre la clase periodística...

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Los hundidos y los salvados

Posted by on Oct 26, 2015 in Miradas |

La realidad como ultraje. Cada noticia trae una bofetada, cada mañana anuncia una burla, cada paso adelante es cortado por una zancadilla. Así viven millones de compatriotas, con el sentimiento de un náufrago que ve cómo el barco que habría de rescatarle se aleja cada vez más y que desde la cubierta le hacen aspavientos, no sabe si para saludarle o para darle instrucciones, aunque cuando el viento trae algún fragmento de lo que dicen sus salvadores cree oír: ¡que se joda! Todo alrededor del náufrago es indiferencia: la dirección de las mareas, la lejanía de la playa, la voracidad de los tiburones, el rumbo de los barcos, los intereses de los embarcados. En la soledad de este mar, las noticias son descargas eléctricas, replicadas y convertidas en ondas víricas que alimentan la desafección y la ira. Una de las más recientes, cuyo alcance sin duda ha sido infinitamente mayor que la audiencia del periódico digital que la ha publicado, es la que cuenta que el presidente del gobierno paga con cargo al presupuesto público de su cargo los gastos de atención a su anciano padre. La noticia es verosímil, está rigurosamente contada y no ha sido desmentida ni aclarada por quien debe hacerlo. El gobernante que ha destruido a hachazos la red de protección a los dependientes, salva a su padre con el dinero de los impuestos de aquellos a los que él mismo ha despojado. Estamos en un mundo habitado por dos categorías humanas: los hundidos y los salvados, por utilizar el título de un conocido libro de ensayos de Primo Levi. La crisis económica y las políticas que la gestionan no son una suspensión de la normalidad del sistema sino una aceleración de su funcionamiento: el hambre, el desamparo, la pobreza, la enfermedad, están más cerca y se puede oír cómo hacen crujir las cuadernas de la sociedad y del estado, absortos en sus rutinas. Mientras escribo estas líneas, la realidad llama a la puerta de mi domicilio, como si hubiera sido convocada por lo que estoy escribiendo. Es una mendiga que me pide un euro (que no le doy) porque, dice, tiene que satisfacer una deuda de trescientos euros con el Banco de Santander. Hace décadas que en el lugar donde vivo dejó de haber indigentes de puerta en puerta, pero todo lo aciago es susceptible de retorno. Ante mi negativa, me dice airadamente que tampoco le ayuda Cáritas, que “solo ayuda a los de fuera y a mí no porque soy española”. Aquí tenemos a una futura votante de la extrema derecha, pienso. Si yo fuera un desenfadado portavoz del partido del gobierno, desconfiaría del discurso de la mendiga, demasiado alambicado, e intentaría desacreditarla,...

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Más izquierdas

Posted by on Oct 24, 2015 in Miradas |

No más izquierda, ni más a la izquierda, sino más izquierdas, en plural (otra palabra mágica), como gominolas para una fiesta de cumpleaños, a ver, eche un puñadito más de tutifruti y de regaliz que vendrán muchos sobrinos, así de ubérrima va a ser la oferta electoral de diciembre. Mientras la derecha prepara un menú de plato único, sin sal y bajo en calorías -Rajoy, lo tomas o lo dejas-, a riesgo de que algunos votantes se vayan al macdonald de Albert Rivera donde dan kétchup gratis, la izquierda llega con una carta de restaurante chino, muchos platos cocinados en el mismo wok. El próximo lunes se presenta una nueva formación de este lado del espectro, a sí misma denominada La Izquierda. El nombre ya advierte que los recién llegados no andan escasos de autoestima. Por supuesto, la nueva fuerza es el resultado de la confluencia de dos plataformas, Convocatoria Cívica y Somos Izquierda, y de otras que puedan sumarse, me imagino. Las plataformas son a la izquierda lo que las fundaciones a la derecha; ambas tienen un aire fantasmal e insolvente, pero se distinguen en su finalidad: las primeras son para sacar la cabeza del hoyo y las segundas para llenar el hoyo de dinero. No hace falta explicar cuáles son más efectivas en sus propios fines. En todo caso, el votante de izquierdas está ya aturdido ante el coro cacofónico de fórmulas asertivas y conminatorias: somos, podemos, vamos, estamos, convocamos, nos juntamos, nos comprometemos, que tienen como referente una abstracción sociológica, la gente, el pueblo, los de abajo, etcétera. Es como una de esas pelis en las que salen todos los superhéroes al unísono para salvar el mundo y te armas un lío con los poderes de unos y de otros. Eso sí, agitación y efectos especiales no faltan. Luego llegan extenuados al momento de la verdad, como Pablo Iglesias el otro día al debate de la tele. Los viejos del lugar, que ya hemos vivido otro cambio de ciclo parecido hace cuarenta años y en circunstancias relativamente análogas de desgaste de régimen y crisis económica, quizás debiéramos señalar con nuestro pesimismo que este burbujeo es síntoma del deseo de cambio, no necesariamente aviso de que vaya a producirse en los términos deseados. Y otras dos advertencias de abuelo Cebolleta: una, el voto de izquierda, como el de derecha, está tasado y, a más siglas en disputa, más fragmentado resultará; y dos, el votante medio, también el de izquierda, teme más que nada a la agitación y la incertidumbre, por lo que, como ya advierten las encuestas, a más dosis de ambas, más votos a las siglas tradicionales. Y ahora me voy a echar pan a los...

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