El festival

Posted by on Dic 23, 2015 in Miradas |

El sistema escolar se toma muy en serio la misión de educar la personalidad de los alumnos, que, literalmente, es fomentar las múltiples máscaras que adoptarán a lo largo de la vida. Así que los niños y niñas se pasan buena parte del periodo lectivo disfrazados de algo. Los disfrazan y se disfrazan por adviento, por cuaresma y por pascua, en navidad, en carnaval, la noche de fin de año, el día de la patrona, en la fiesta de cumpleaños y eventualmente cualquier fin de semana por cualquier motivo. Disfraces de todas las clases según la oportunidad: folclóricos, legendarios, festivos, ceremoniales… No hay comparecencia escolar sin proliferación de trajes de colores, pelucas y gorros diversos, aderezos fantasiosos y caras pintarrajeadas en medio de un coro de progenitores embelesados que pulsan nerviosamente sus telefonillos y tabletas para documentar lo adorables que están sus vástagos de esta guisa. Ayer, día del solsticio de invierno, asistí a uno de esos festivales escolares en el que la nieta se ha pasado más de una hora disfrazada de campesina agitando con la mano una flor de papel coloreado. Tengo la sospecha de que se ha aburrido más que el abuelo que la contemplaba, el cual había dejado divagar la razón mientras discurría el espectáculo. Primero, se ha dejado asaltar por la tontuna de si tanto disfraz no será signo de una época de decadencia. Los emperadores romanos abandonaron la toga republicana y gustaban de ataviarse con sedas, pelucas, diademas y collares de perlas, y así los sorprendieron los bárbaros. Luego, ha recordado una noticia de días atrás en la que se informaba del malestar de los modistos de la alta costura por las extenuantes jornadas de trabajo a que les obligan las firmas en las que están empleados. Si los creadores de disfraces están explotados y alienados en París o Londres, y lo mismo puede decirse de los que los confeccionan en talleres de Lahore o Manila, qué habremos de pensar de los disfrazados en la distraída y placentera Pamplona. La cercanía de la madre de un escolar cuyo óvalo de la cara estaba severamente enmarcado en el hiyab islámico ha cargado de aprensión estas ocurrencias volanderas y el viejo ha embridado sus pensamientos y ha salido del recinto intentado escapar de su propia...

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Memorias de un provinciano

Posted by on Dic 22, 2015 in Miradas | 2 comments

Los viejos no tenemos más escuela que la experiencia y la rutina, así que permítanme que les cuente las mías para explicar lo que puede esperarse de la situación política creada por las urnas. En mi provincia ha gobernado en minoría la derecha (UPN-PP) durante un cuarto de siglo y la fórmula ha sido siempre la misma: algún tipo de acuerdo -de coalición, de legislatura o presupuestario- con un PSOE en perpetua situación subalterna. En este largo periodo, cada vez que los socialistas intentaron revertir la fórmula, debían hacerlo en coalición con partidos menores y los dos o tres intentos habidos se saldaron en fracaso, unas veces por dificultades políticas objetivas y otras por pifias (corrupción incluida) directamente atribuibles a los propios socialistas. El caso es que la alternancia resultó imposible hasta que, en las pasadas elecciones regionales, el deseo de cambio en la sociedad mandó a la oposición a socialistas y populares para sustituir su contubernio por un improbable gobierno apoyado por cuatro fuerzas de izquierda y nacionalistas con muy poco en común entre sí excepto el deseo, mayoritariamente compartido en la sociedad, de cambiar de rumbo aunque no se sepa bien hacia dónde. Uno creía que esta situación era provinciana y singularmente de una provincia como la mía, de población diminuta, alto nivel económico, mucha ebullición partidaria y pujos identitarios de nación, pero el mapa del congreso de los diputados alumbrado por las elecciones del domingo es bastante parecido al que hemos tenido en mi pueblo hasta el pasado verano: una mayoría insuficiente en la derecha, aun sumando a los ciudadanos recién ingresados en el club; una segunda fuerza socialista en la que se depositan más expectativas que las que pueden soportar sus espaldas, y un conglomerado de siglas de izquierda y nacionalistas con el que, no nos engañemos, los partidos de la casta no quieren pactar ni en sueños, por la evidente razón de que postulan una enmienda a la totalidad del régimen que populares y socialistas han levantado, gestionado y disfrutado durante cuatro décadas. Así que mi predicción es la siguiente: Rajoy intentará con Sánchez un acuerdo a la navarra (llamémosle modestamente así, una Grosse Koalition de aldea), para lo que hay condiciones y recursos, a saber: a) un rechazo absoluto y compartido al llamado derecho a decidir, en Cataluña o en cualquier otra parte; b) una concurrencia de intereses en mantener la actual ley electoral porque beneficia a ambos; c) un cierto margen de maniobra para aumentar el gasto social, favorecido por la mejora de la situación económica, sin tocar básicamente las reformas estructurales vigentes, como la laboral; d) un botín de cargos institucionales lo bastante aprovisionado como para satisfacer razonablemente a las redes clientelares...

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El día siguiente

Posted by on Dic 21, 2015 in Miradas | 2 comments

Esta mañana hemos conocido los últimos votos de las elecciones de ayer: los mercados han subido la prima de riesgo y la bolsa ha abierto a la baja “ante la incertidumbre política”. Es un voto preventivo, un disparo reglamentario de advertencia. El capital ha asumido el rol de guardián del sistema que antes ostentó el ejército. El capital siempre vota por sí mismo pero le atribuimos, no sin buenas razones, la soberanía que antes tenía el estado. Con este se puede jugar en las elecciones, pero con los mercados no. Si las urnas son el espacio de los sueños, los intereses financieros marcan los límites de la realidad. Los políticos que comparecieron ayer dando saltitos y aplaudiéndose a sí mismos cualquiera que fuera el resultado obtenido, y fue malo para casi todos, ya se habrán enterado del mensaje, lo que induce a pensar que, a pesar de la aparente ingobernabilidad resultante de las urnas, no se repetirán las elecciones para no aumentar la incertidumbre creada, ni para los mercados ni para los propios tinglados partidarios. Rajoy y el PP tienen a favor de su política, una menguada mayoría parlamentaria y todo el apoyo del capital. Sánchez y el PSOE han salido del trance en una posición subalterna, y muy debilitados por lo que necesitan más árnica que otra aventura electoral. Rivera y Ciudadanos han debido convencerse de que el centro, ese espacio utópico, no existe sin un fuerte componente de derecha o de izquierda, y han comprobado que no les quieren ni en uno ni en otro extremo. Iglesias y Podemos no han ganado bastante peso para determinar la política del estado, aunque sí para condicionarla, pero antes tendrán que poner orden en su filas y establecer un relato convincente y asumible por sus heterogéneas bases, ya que, por ahora, son más un estado de ánimo que una fuerza política, para lo que necesitan tiempo, y nada menos indicado para cuajar el proyecto que el corte de unas nuevas elecciones. Así que, descartada la repetición de los comicios, lo que se avecina es una versión de la geometría variable que practicó Zapatero, es decir, un gobierno de Rajoy en minoría en el Congreso (pero no en el Senado, desde donde puede bloquear todas los iniciativas de la oposición) que negociará con la oposición las medidas del gobierno que no puedan promulgarse mediante decreto, a la espera de que la mejoría económica le devuelva el honor que le han arrebatado en las urnas. La negociación la hará Rajoy con la libreta de las cuentas en la mano y de uno en uno, lo que no le resultará difícil porque tiene enfrente a tres grupos que se detestan mutuamente. Para los...

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La fiesta

Posted by on Dic 20, 2015 in Miradas | 1 comment

Votar siempre ha provocado en mí un regusto a promesa incumplida, de óbolo a un sistema infiel. Si las elecciones son la fiesta de la democracia, como dicen los cursis, es la clase de fiesta a la que acudes después de pensártelo mucho, saludas a los anfitriones, en este caso los ciudadanos de plantón en la mesa,  dejas tu aportación y te vas. Hay algo de furtivo en este acto, que por lo demás resulta ineludible porque la fiesta del poder, que es de la que hablamos, se celebrará de todos modos, contigo o sin ti, y más vale que estés invitado. A los españoles, la democracia nos fue otorgada cuando ya era inviable la dictadura. Cierto que algunos, pocos, lucharon toda su vida por que se instaurara la democracia antes de tiempo, y bien caro que lo pagaron, pero los que la instauraron de verdad y se hicieron con el puente de mando del tinglado, lo hicieron porque no quedaba más remedio. El país que fue libertario en la II República era en los años setenta un gato escaldado, así que los artífices de la democracia la armaron para que fuera más estable que dinámica, más opaca que transparente, más institucional que emotiva. Este es un país que siempre ha tenido más pasado que futuro y más estado que sociedad, así que las energías e ilusiones que albergábamos a finales de los setenta fueron abruptamente tamizadas por la memoria de plomo del reciente pasado. No se puede ser joven sin ser a la vez un poco tonto. El pueblo –la gente, como dicen ahora- votó entonces con cautela y no ha dejado de hacerlo con idéntica actitud en las tres décadas siguientes. La cosa ha funcionado bien o, al menos, al gusto del paisanaje, aunque no sin tropiezos. durante este periodo, el más estable y próspero de la historia, según sus panegiristas. Las circunstancias externas, nuestra hada madrina, básicamente el ingreso en el club europeo y la bonanza económica de la época, favorecieron la andadura del sistema y pelillos a la mar. Hasta ahora mismo, en que la crisis económica más brutal que se recuerda desde hace casi un siglo ha derruido la base material del llamado consenso de la Transición al mismo tiempo que la sociedad vive un cambio generacional. Escribo esto cuando se han escrutado el 60% de los votos y ya puede verse que la cautela ha guiado una vez más la voluntad de los electores. Los indignados han entrado cumplidamente en el Parlamento pero los que provocaron la indignación han vuelto a ganar las elecciones. Lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir, para decirlo con la tópica sentencia...

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Jornada de reflexión

Posted by on Dic 19, 2015 in Miradas |

He tardado en encontrar el busilis de la noticia titulada como el intrigante resumen de un relato de misterio: ”El juez ve delito en la filtración del falso desnudo de Teresa Rodríguez”. Un desnudo, una falsificación, una filtración y un juez buscando la verdad… la cosa promete. En el subtítulo de la noticia aparece “un alto cargo del PP”, lo que redobla la intriga y nos hace salivar a los aficionados al género. La vida pública española ha sido durante los últimos cuatro años una versión celtibérica de las novelas de Dashiell Hammet, una especie de Chicago años 20 sin ametralladoras Thompson y con incrustaciones de Rinconete y Cortadillo. Así que leo la historia con suma atención y es la siguiente: en inicio, las redes sociales -ese patio de comadres- difundieron una fotografía de una chica desnuda en la playa a la que atribuyeron la identidad de la líder andaluza de un partido emergente; esta negó que ella fuera la que aparecía de la imagen pero el comadreo digital continuó su labor y, por último, la chica que aparecía en la foto se sintió atacada en su intimidad y pidió amparo al defensor del pueblo de su comunidad; el funcionario que gestionó la queja filtró la identidad y la dirección de la muchacha a un periódico de la derecha del que es columnista. Finalmente, la redoblada protesta de la muchacha ante el nuevo asalto, esta vez por parte del periódico, que quiso entrevistarla, llevó el asunto al juez, que aprecia indicios de delito en la filtración por un funcionario público de un dato protegido. El caso es un excelente material para reflexionar sobre lo que nos jugamos mañana. Veamos: 1) Fuerzas ocultas en la jungla de las redes sociales intentan desacreditar a la líder de un partido emergente mediante el procedimiento de asaltar su intimidad, en la confianza de este intento servirá de algo en un país trivial y anecdótico como el que habitamos. 2) La verdadera víctima del asalto pide amparo a la institución pública encargada de protegerla y el primer impulso del funcionario al cargo, designado a dedo en el marco del incesante chalaneo de los partidos gobernantes, es entregar el material protegible (la identidad y la localización de la denunciante) al periódico de su cuerda, de acuerdo con el hipotético protocolo, “ya que no podemos joder a la líder política, que era el principal objetivo, jodamos a esta chica, que es una don nadie, y de paso aprenderán estos jóvenes a no tomar el sol en pelota”. Y 3), como colofón, resulta que el funcionario aludido, un remoto subalterno de una institución regional, no solo es columnista, imaginamos que retribuido, del periódico al que ha hecho...

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El desencanto

Posted by on Dic 18, 2015 in Miradas |

La televisión es la casa de los muertos. Los programas de actualidad son espasmódicos y los otros –cine, documentales-, funerarios. No extraña, pues, que los autores de guiones de terror utilicen el televisor como ventana de apariciones y fantasmas. Ayer me sorprendió, y me atrapó, la emisión de El desencanto, la película de Jaime Chavarri que revolucionó al público a su estreno en 1976, tampoco hace tanto tiempo. Todos están muertos, pensé mientras veía a la viuda y a los tres hijos del poeta falangista Leopoldo Panero contar a la cámara sus cuitas familiares. Nada queda de aquel grupo humano congelado en el acto de arrancarse la piel a tiras con una mezcla apenas impostada de narcisismo y desesperación, como lo hicieron hace cuarenta años, cuando aún estaban vivos y sin duda tenían esperanza porque de lo contrario no se hubieran sometido a ese trance en el que el exhibicionismo moral debía tener una función catártica, lo que quiera que signifique eso. A la vista de los hechos, nada. Nos sobreviven, como si no tuvieran historia, nuestras imágenes y la ciudad que habitamos y la sociedad que nos envuelve; solo los individuos estamos enfermos del tiempo y morimos. El cine español es más valioso como documento histórico que como arte y, en ese sentido, El desencanto fue una película revolucionaria de un modo que no podíamos apreciar cuando se estrenó; creíamos que hablaba del pasado y pronosticaba el futuro, que ahora ya es pasado. El título dio nombre a un fugaz sentimiento colectivo de moda en los años ochenta cuando, al parecer, la sociedad se desencantó de los frutos de la democracia en una versión pop del “no es esto, no es esto” orteguiano, pero el mensaje de la película es más trágico. Lo que cuenta es que la generación de alumbró la democracia estaba exangüe, acaso porque había pasado mucho tiempo y gastado muchas energías luchando contra el padre tiránico y, cuando terminó la batalla por extinción natural del adversario progenitor, los vencedores biológicos se sentaron a lamerse las heridas y a apoderarse de la herencia. Los tres hermanos Panero representan a una generación literaria -vale decir, por extensión, cultural y política- ensimismada, banal y frustrada, lo que explicaría la larga, impalpable pero cierta, sombra de la dictadura sobre la andadura democrática en las últimas décadas. La madre viuda pertenece a una generación anterior: una mujer burguesa, engañada en el matrimonio, dominante en el hogar, que busca el reconocimiento tardío de sus hijos y muestra un difuso arrepentimiento por su existencia indeseada. Hoy, no solo los protagonistas de la película han fallecido sino que las generaciones a las que representan han abandonado la escena. Quizás se note el...

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