Homenaje al amigo de la mili

Posted by on Mar 23, 2016 in Miradas | 2 comments

“Esta ciudad alberga lugares que visité por primera vez en mis pesadillas. Incluso en sueños tengo la impresión de haber recorrido ya, hace años, esos pasillos flanqueados de puertas cerradas y acechados, al fondo, por una temblorosa penumbra”. Así comienza La bella cubana, la última, hermosa e intrigante  construcción novelesca de José María Conget. Estas primeras líneas, en las que se esboza un viaje y un destino, la aventura y su sombra, el deseo que precede a la realidad, los pliegues del tiempo, podrían servir también de introducción a toda su obra. La revista Turia dedica a Conget el cartapacio central de su último número, cuya presentación tuvo lugar el pasado miércoles en Zaragoza, ciudad natal del autor. El encuentro fue un conciliábulo de admiradores, que escuchamos las palabras de introducción al escritor y su obra, a cargo de José Carlos Mainer, y luego leímos, en mi caso, al menos, los breves ensayos que constituyen el homenaje de la revista. Esta superposición de capas de literatura secundaria, escritas con fervor y competencia profesional,  tuvo en mí un efecto contradictorio. De una parte, me alejaban del autor, que siempre me depara páginas penetrativas y emocionantes, y, de otra, me descubrían lo que ha pasado  inadvertido en mis lecturas, lo mucho que ignoro, lo que nunca llegaré a saber a ciencia cierta u olvidaré antes. El resultado es una desconcertante mezcla de familiaridad y extrañeza con la obra de mi amigo de la mili, como él mismo califica nuestra relación, del que vengo leyendo sus libros (y gozando de su amistad, debo añadir) desde el comienzo de su carrera. Por eso, para reencontrar el inconfundible sabor de  su prosa, he vuelto a La bella cubana, el libro que más a mano tengo por ser el último y el que -creo, la memoria es caprichosa- más me ha gustado de su obra después del descubrimiento que fueron los primeros títulos hoy agrupados en la Trilogía de Zabala. La bella cubana es una historia sobre la experiencia y la memoria, el deseo y la pérdida, no siempre de fácil seguimiento, pues describe un laberinto existencial, pero deslumbrante cuando la has recorrido hasta el final y te premia con su secreto. Conget es un autor intensamente literario, si esto no es un pleonasmo, dueño de una prosa muy jugosa y un formidable contador de historias, vertidas en una veintena de títulos de ficción y de ensayo (sobre poesía, cine, tebeos y canciones populares), cuyos temas se entrecruzan y siempre dan al lector motivos de agradecimiento, como bien resumen estas líneas que firma Mainer:  ¿Y si la literatura y el contar fueran formas de agradecer que vivimos, que alguien nos está leyendo, que alguien nos...

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Juego de banderas

Posted by on Mar 22, 2016 in Miradas |

El pasado viernes, la mayoría de izquierda del parlamento de la provincia donde vivo acordó arriar la bandera de la Unión Europea del balcón de la fachada como protesta por el acuerdo firmado con Turquía para la expulsión de los refugiados. Hoy no habrán sabido dónde colgar el crespón negro ni qué bandera ondear a media asta. Probablemente la habrán repuesto. Quita y pon, al albur de las circunstancias. En mi pueblo hay mucha afición por las banderas, como la hay a los cohetes en fiestas. De hecho, ambos, banderas y cohetes, suelen ir juntos y durante una época no muy lejana, los festejos populares acarreaban la consiguiente guerra de banderas, no siempre festiva. Un cierto aldeanismo político las convierte en un símbolo directo de sentimientos inmediatos y reduce en consecuencia su significación histórica, aparte de desconcertar a la parroquia y convertir estas señales, a menudo inertes, en organismos vivos y volubles. Las banderas oficiales no representan más que las instituciones a las que pertenecen las sociedades sobre las que ondean. No se deserta de la UE, ni aunque fuera deseable, por el mero gesto de arriar su bandera, y no hace falta estar continuamente orgulloso de lo que representa, como en las caricaturas de militares. La mayoría de izquierdas de mi pueblo podía haber hecho algo más eficiente y visible en relación con los refugiados: ofrecerse a acoger a un número proporcional de ellos, como hizo la Generalitat de Cataluña. La declaración hubiera mostrado de manera más clara, no solo el rechazo al vergonzoso acuerdo firmado con Turquía sino también el compromiso de poner en funcionamiento una medida alternativa más acorde con los principios que nos rigen como sociedad.  La Unión Europea es hoy una construcción gripada pero es la construcción más ambiciosa llevada a cabo por las naciones del continente para abrir un espacio duradero y estable de paz y de cooperación, por hueco que suenen estas palabras ahora mismo. Las víctimas de Bruselas son nuestras víctimas igual que los refugiados debían ser nuestros refugiados. Los jóvenes que militan en las filas de los partidos emergentes, y que son los tomaron el acuerdo de retirar la bandera de la UE, deben empezar a comprender que la política no se rige por el enfurruñado mecanismo que lleva a un adolescente a encerrarse en su cuarto con la play station cuando le disgusta una decisión de sus...

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La ciudad amurallada

Posted by on Mar 21, 2016 in Miradas |

Paseo con una amiga por el adarve de la murallas de nuestra ciudad y llegamos al baluarte del Redín, escenario de los juegos y aventis de su infancia porque se crió en una de las calles aledañas del primitivo castro romano,  y lugar de recreo de mi adolescencia, pues asístí a una escuela profesional próxima. Este lugar fue el primero restaurado de la ciudad antigua, en los años cincuenta, para servir de atracción turística con un falso mesón medieval y el melancólico espectáculo de una familia de cordeleros que hacían su labor al aire libre con técnicas tradicionales. El cordelero mayor de aquella pequeña troupe artesana fue más tarde presidente de una por él llamada asociación de amigos de los castillos, ya se ve lo que progresamos todos, y el mesón aún está abierto con éxito en verano porque el turismo ha dejado de ser una circunstancia pasajera. Mi amiga y yo también estamos haciendo turismo ahora en nuestro remoto pasado. Desde el mirador, se ve el paisaje de mi barrio natal, la antigua linde entre la ciudad y el campo, jalonada  antaño de huertas a la vera del río y hoy convertida en un interminable acantilado de viviendas, rampante a las faldas del monte que vigilaba militarmente la ciudad. La conversación es una esgrima de memorias, fragmentos de un puzzle que se resiste a entregar su sentido. Los recuerdos se desvanecen apenas formulados, y su extrema volatilidad contrasta con el carácter impávido del escenario de la muralla, a esta hora deshabitado como una tumba vacía. ¿Dónde estarán los personajes que evocamos en nuestra conversación? Muertos, sin duda. De algunos no queda más memoria que el fragmento inconexo que alcanzamos a recuperar durante un instante, para decirnos que seguimos vivos. Paseamos junto al lienzo de muralla que fue despeñadero de beodos sanfermineros y llegamos a la puerta de la taberna donde vi por última vez a Esparza, el hijo de la churrera, compañero de aula colegial y amigo de los boy scouts, enrolado por entonces en el terrorismo o en la liberación del pueblo, según quien lo dijera, una afición muy popular por aquí hace treinta años. Nos acompaña en el paseo un perro lanudo, de color chocolate, tristón y afectuoso, otra anécdota en esta acumulación de anécdotas, cuyo significado, una vez más, se me escapa.  La ciudad marca a sus habitantes y yo creo que he vivido marcado por este laberinto pétreo de las murallas que parece una divisoria entre la realidad y el deseo desde que le oí formular a mi padre una sentencia solemne y definitiva: nosotros vivimos extramuros. No sé si lo dijo por mero afán descriptivo, con una tilde de orgullo o para enunciar...

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El acuerdo

Posted by on Mar 20, 2016 in Miradas |

La más sombría historia de Europa del siglo pasado está tachonada de jefes de gobierno y hombres de estado -Chamberlain, Blum, Von Papen, Gil Robles, etcétera- de procedencia democrática que claudicaron ante el fascismo por querencia, miedo o debilidad, y su memoria se tiñó para siempre de vergüenza. Los dirigentes europeos que han fírmado el acuerdo con Turquía para desembarazarse de los refugiados pertenecen a este mismo rango histórico. Nuestros hijos y nietos los recordarán deseando que nunca hubieran existido. Han firmado el acuerdo para aplacar la realidad provocada por la mezcla de cálculo, temor y falta de visión y energía que ellos mismos han amasado, y lo han hecho en la seguridad de que las sociedades a las que representan, donde la xenofobia y el extremismo nacionalista rampan a sus anchas, no se lo tendrán en cuenta. Al contrario, les habrían castigado en las urnas de no hacerlo, como ha debido sospechar la inefable Merkel, que sigue siendo la inductora real de la aurea mediocritas que rige la política europea. Por lo que sabemos, el acuerdo es una mezcla de concretas medidas para cortar de inmediato el flujo de refugiados hacia Grecia  -expulsión de que los ya están en territorio europeo incluida- y de vagos propósitos para acercar a Turquía a la UE. Los primero se cumplirá sin duda porque hay dinero de por medio (tres mil millones ahora y otros tres mil más tarde) y el plazo está tasado y es breve. En cuanto a la segunda parte del acuerdo, ya se verá. No parece que a la remilgada Unión Europea le resulten más incómodos los actuales cientos de miles de refugiados, a los que puede tratar como basura reciclable, que setenta y cinco millones de turcos que podrían entrar legalmente en su territorio sin visado. Para no mencionar lo que hay de realidad o de deseo en el avance de la integración turca en la Unión, ahora que la incipiente democracia del país deriva hacia un sultanato islámico. Por supuesto, los gobernantes turcos tienen su propia agenda en relación con Oriente Medio y saben lo que están haciendo, y no han perdido la ocasión de denunciar la hipocresía que su contraparte europea en la firma del acuerdo, que a nuestro ensimismado Rajoy le parece el mejor posible, lo que ya sería un motivo sobrado para desconfiar de que lo...

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Sentimientos religiosos

Posted by on Mar 19, 2016 in Miradas | 4 comments

De la condena a la concejala madrileña por la ya lejana en el tiempo performance de su época de estudiante en la capilla de la Complutense llama menos la atención la condena misma que la causa punible considerada por el tribunal. Resulta que se la ha condenado por ofensas a los sentimientos religiosos, que era el argumento esgrimido por las acusaciones particulares, las cuales apenas ocultaban el carácter político de su personación en el juicio. Podría entenderse que hubiera sido condenada por algún delito relacionado con desórdenes públicos o contra la recta urbanidad, del tipo de quien sopla una corneta en una biblioteca pública o se baja los pantalones en una galería del museo del Prado, actos ambos fastidiosos e incívicos, pero que, desde luego, no ofenden a la inteligencia lectora, el primero, ni a los sentimientos estéticos, el segundo; como mucho, los distraen durante el breve lapso que dura la perturbación ambiental que el acto provoca. Pero los acusadores han querido, y el tribunal les ha dado la razón, situar la sensibilidad religiosa en un escalón superior, especial, y especialmente protegible, del conjunto de sensibilidades que habitan en el ser humano, superior, por ejemplo, a la sensibilidad auditiva, esta sí, perfectamente medible y que, en mi caso, martiriza sin compasión la campana de la parroquia de San Miguel de mi calle (ahora mismo lo está haciendo), empeñada en darme brutal y continua noticia de todas las quisicosas y ocurrencias del calendario litúrgico. Lo que la concejala madrileña y sus compañeros pretendían con su momentánea acción era, justamente, hacer ver el carácter invasivo que los llamados sentimientos religiosos tienen en nuestra sociedad, o, dicho en particular, proteger mis tímpanos, y lo que la sentencia consagra es el derecho de esos sentimientos a ser invasivos. Es decir, consagra un privilegio. Hay algo más inquietante aún en la lógica de esta sentencia porque podría extenderse hasta la legitimación de los asesinatos de los dibujantes de Charlie Hebdo en París, pues ¿alguien duda de que los humoristas ofendían con sus viñetas los sentimientos religiosos de millones de personas? Por lo demás, el juicio a la concejala no oculta su decidida intencionalidad política, un rasgo también característico de los sentimientos religiosos, ¿para qué sirve la religión si no le puedo dar un buen cristazo con ella a mi adversario político? La acción en la capilla de la Complutense fue un acto colectivo, grabado en vídeo, y en el que la acusada no parece que tuviera un protagonismo especial. Sin embargo, solo dos personas fueron encausadas y solo la concejala ha resultado condenada. Chúpate esa, Manuela Carmena. Desde los trajes de los reyes magos hasta la acción de la Complutense, el rojerío rampante estimula...

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La semilla del diablo

Posted by on Mar 18, 2016 in Miradas | 1 comment

“Es lo que esperaba, o peor”, ha declarado una eurodiputada española después de salir de la sala de lectura donde los miembros del parlamento europeo pueden consultar los documentos de la negociación del acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la UE, más conocido por su sigla en inglés, TTIP. La mezcla de curiosidad y espanto, de anhelo y repulsión, que revelaba la declaración periodística de la eurodiputada recuerda la expresión del rostro de Mia Farrow cuando, en la célebre película de Polanski, se acerca a la cuna donde berrea el hijo al que ha dado a luz, habido en cópula con el diablo, mientras los participantes en el discreto aquelarre de clase media que eran testigos de la escena contemplan con condescendencia a la atribulada mamá. La primera enseñanza de la película es que nunca sabes con quién te vas a la cama. Las condiciones de la consulta de los papeles del TTIP en el parlamento europeo abundan en el carácter conspirativo de lo que parece una coyunda con Satanás. Los europarlamentarios autorizados a la consulta –representantes electos de la ciudadanía europea, no lo olvidemos- deben firmar un compromiso de confidencialidad y despojarse de sus dispositivos móviles y otros materiales de registro, sean libretas de notas o grabadoras, para acceder a la reading room donde se custodian los papeles, y, una vez dentro, tienen un tiempo tasado para hojearlos y ninguna oportunidad de comentarlos, glosarlos o discutirlos en público. La escena, en efecto, se parece bastante a la conspiración de que es objeto la inocente Rosemary, tanto más cuanto que el TTIP representa bien todas las pesadillas que habitan la imaginación europea: desregulación laboral y comercial, asalto de las compañías privadas a los servicios públicos, invasión de transgénicos en la alimentación, en resumen, más poder a oligarquías económicas y empresas multinacionales y más desprotección a trabajadores, pequeños productores y ciudadanos en general. Al contrario de lo que pregonan los ideólogos del hegemónico neoliberalismo, la economía de mercado y la democracia representativa no son instituciones simbióticas, ni siquiera se llevan bien; en el mejor de los casos, su relación es fraudulenta o problemática, y en el peor, sencillamente conflictiva. La prueba es que la economía capitalista más pujante del mundo la dirige un partido comunista. La herramienta para lubricar las relaciones entre mercado y democracia es el poder ejecutivo, los gobiernos, tendencialmente reforzados para que, a la vez que representan a las poblaciones, sean dóciles a la racionalidad de los mercados. Cuando un gobierno tiene que elegir entre el mercado o el parlamento, elige, sin que lo parezca, el mercado. Una muestra, siquiera anecdótica de este estado de cosas, es el plantón que ha dado al parlamento español...

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