La mano de un agente de aduanas en la nuca del banquero ful Rodrigo Rato ayudándole a entrar en el vehículo que lo llevó detenido provocó un cataclismo entre sus amigos y colegas que no por casualidad son el gobierno. Las derechas, que alojan en sus cúpulas una impresionante nómina de corruptos, unos presuntos y otros convictos, se han puesto de acuerdo para establecer cortapisas legales al derecho de la información a fin de evitar lo que llaman la “pena del telediario”, es decir, para velar a la opinión pública la acción de la justicia y, en último extremo, hacer esta más manejable a sus intereses. En esta iniciativa han coincidido españolistas y catalanistas. La patria es lo primero, y mejor si es Suiza. La pretendida reforma legal es uno de los primeros efectos de la derrota en las elecciones, que nuestro insigne Mariano ha decidido atribuir a las televisiones. Es fácil imaginárselo ante el telediario con una expresión de espanto y musitando para sí: eso nos puede pasar a cualquiera. En realidad, compartimos ese espanto. La corrupción es un hecho tan desmoralizador y obsceno que la ciudadanía preferiría que le fuera ahorrado, así que la solución es obvia: para que no se exhiban corruptos en el telediario basta con acabar con la corrupción. Mariano Rajoy -un tipo extravagante a fuer de creerse él mismo el paradigma de la normalidad y el sentido común- finge no comprender el sentimiento de fraude que embarga a la sociedad que gobierna. La crisis económica fue, en primer término, un gigantesco timo urdido por personajes cuyo honor se quiere salvar con esta pretendida reforma legal, los cuales dirigieron la economía hacia sus intereses privados y, para asegurarse el resultado, erigieron obras públicas ciclópeas e inútiles, abusaron del crédito fácil, ofrecieron productos financieros tóxicos, amañaron contratos, urdieron mordidas, expoliaron cajas de ahorro, perpetraron fraudes fiscales y, para resumir, ejecutaron todo el repertorio de desmanes que se pueden cometer desde una mesa de despacho, y más tarde, desde el boletín oficial, fingieron ponerle remedio con recortes en los servicios sanitarios y educativos, rebajas salariales, amnistías fiscales, desahucios y desempleo, y leña si protestas en la calle. La zarpa de la justicia en el cogote de uno de los responsables más conspicuos de este estado de cosas es una fantasía reparadora que, por un momento, se materializó en la pantalla del televisor. Pues bien, hasta el derecho al consuelo va a ser recortado.
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