La pandemia ha evidenciado nuestra común carga genética, así que las divisiones y distingos resultan superfluos e irritantes. ¿Qué preocupación puede tener ahora un catalán que no la tenga un zaireño o un croata o cualquier otro bípedo implume de este planeta?
Los Gabilondo callan
Los Gabilondo, Iñaki y Ángel, han decidido privarnos de su voz y de su juicio. Pocos apellidos de este país están tan asociados a la probidad, el equilibrio y la decencia. Han enmudecido y su silencio ha tenido un efecto horrísono. La culpa, pues, está fuera, en la calle, en la babilonia en que se ha convertido nuestra sociedad. La crispación, la polarización, todo eso. Así lo resume un cura.
Clase de zoología
La inmunidad de rebaño, esa noción que hemos aprendido estos días, está ínsita en todas especies gregarias, desde las sardinas a los ñus, que reaccionan al unísono ante un peligro que los amenaza a todos. El estado debe ofrecer, en primer término, seguridad y protección, y en esta tesitura los tocapelotas llevan las de perder. En política se puede estar en el lado acertado o equivocado sin moverse de sitio, si lo sabrá el oso polar.
La barba del franciscano
La explicación de lo que está ocurriendo en esta parte occidental del planeta topa con una vasta zona oscura, que la clase política se niega a explorar. Intuimos que hay una relación entre el funcionamiento de la economía globalizada y corporativa bajo la férula neoliberal y la eclosión de movimientos populistas de rasgos potencialmente violentos, que ahora mismo, por ejemplo, están pegando fuego a la ‘frugal’ Holanda.
La tranquila conciencia
En las altas esferas, los actos son producto de una deliberación del sujeto agente en diálogo con su conciencia, la cual tiende a desentenderse del resultado, de modo que sea posible perpetrar una fechoría sin que la conciencia se vea pringada. La conciencia aparece aquí como vara de mando o atributo del poder, previo a su ejercicio.