Hay días en que es imperioso salir del corral de la política, ese agujero negro que parece que vaya a dejarnos exangües y que, en todo caso, nos vuelve repetitivos y banales. Así que esta gimnasia diaria obliga a buscar otras fuentes de inspiración. El horizonte no es ni extenso ni profundo, hay que decirlo. Me gustaría tener más vida interior, como dice un personaje literario, creo que de Beckett. El caso es que hay lo que hay y la mirada se dirige en busca de ayuda a las fuentes del entorno, una de las cuales, no la más frecuentada, es el volumen de ensayos de Montaigne, que me mira diría con que con un sesgo de reproche desde una balda de la biblioteca al alcance de la mano. Abro el ejemplar al azar por el capítulo cincuenta y seis, dedicado a la oración. No es tema que encuentre apasionante pero inicio la lectura para caer de inmediato cautivado por la persuasiva cadencia de la prosa: expongo aquí fantasías, informes e indecisas, como hacen aquellos que publican dudosas cuestiones a debatir en las escuelas, no para establecer la verdad sino para buscarla, son las primeras palabras del ensayo, antes de que el autor se apresure a prologar sus pensamientos con una cautelosa declaración de fe en las ordenanzas de la santa madre iglesia y una loa a la oración que nos ha sido prescrita y dictada palabra por palabra de labios de dios: el padrenuestro. En ese punto se aviva un chispazo en el lector. En las escasas frecuentaciones a funciones religiosas en las últimas décadas -funerales de familiares, básicamente- ha advertido que el padrenuestro ha cambiado de letra desde el que aprendimos en el catecismo de la infancia, dictado por dios, según la verdad asentada que, como se ve, viene de lejos y Montaigne comparte, y donde antes se pedía a lo alto que nos perdonara nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores ahora se pide el perdón de las ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No hay que creer que el dogma y la liturgia católicas sean hoy un modelo de robustez y cohesión pero, caramba, algo muy importante ha tenido que ocurrir para que alguien decidiera enmendarle la letra al mismísimo hijo de dios (Mateo, 6, 12). Si no nos podemos fiar de lo que él predicó, cómo vamos a fiarnos de lo que predica Rajoy sobre la mejora de la economía. La economía es la clave: una ofensa no es una deuda. Que se lo pregunten a los acreedores. Tú puedes agraviar a herr Schäuble, a la sazón ministro alemán de finanzas, diciendo de él que es un nazi en silla de ruedas, pero la ofensa no sustituye ni condona (verbo que en el diccionario rae está asociado a la pena de muerte) la pasta que le debemos. Quizás nos perdone la ofensa pero podemos estar seguros de que no nos perdonará la deuda, lo que hace pensar que este cambio literal del padrenuestro ha sido inspirado por los mercados, el mismo agente que determina la civilización cristiana tal como la conocemos y sufrimos. Teniendo en cuenta el seísmo histórico que supuso encontrar en el siglo cuarto una sola palabra (homousios, que significa de la misma naturaleza) para asentar el dogma y la hegemonía de la iglesia cristiana en el concilio de Nicea, llama la atención la discreción con que alguien ha mutado sin ruido alguno los términos de la oración central del cristianismo. Las referencias en internet a este cambio, que debió producirse en algún momento de los primeros años noventa, son asombrosamente escasas e imprecisas. Una fuente sugiere que fue introducido por los obispos latinoamericanos (sería la época en que las economías de estos países estaban sometidas al flagelo del fmi) y aceptado y ordenado para todo el ámbito católico por el papa Wojtyla, impulsor en su área de influencia de la oleada de neoliberalismo de la que disfrutamos. Otra fuente de la red, de titularidad clerical, da una explicación para bobos: en la mentalidad de mucha gente el texto tradicional vendría a significar algo así como pedir a dios que, digamos, les ayudara a liquidar sus pasivos, o sea, a que les fueran condonadas sus deudas materiales. Hasta ahí podíamos llegar.
Entradas recientes
Comentarios recientes
- M. en El sol no sale siempre
- Rodergas en El desfile de los necios
- ManuelBear en Yo también seguí a Hernán Cortes
- Conget en Yo también seguí a Hernán Cortes
- ManuelBear en Europa despierta, se mira al espejo y…
Archivos
Etiquetas
Alberto Nuñez Feijóo
Albert Rivera
Brexit
Carles Puigdemont
Cataluña
Cayetana Álvarez de Toledo
Ciudadanos
conflicto palestino-israelí
coronavirus
corrupción
Cristina Cifuentes
Donald Trump
elecciones en Madrid
elecciones generales 2019
elecciones generales 2023
Felipe González
Felipe VI de Borbón
feminismo
Gobierno de Pedro Sánchez
guerra en Gaza
independencia de Cataluña
inmigración
Inmigración en el Mediterráneo.
Inés Arrimadas
Irene Montero
Isabel Díaz Ayuso
Israel
Joe Biden
José María Aznar
juan Carlos I de Borbón
Mariano Rajoy
Pablo Casado
Pablo Iglesias
Partido Popular
Pedro Sánchez
poder judicial
Quim Torra
referéndum independentista en Cataluña
Santiago Abascal
Ucrania
Unidas Podemos
Unión Europea
Vladimir Putin
Vox
Yolanda Díaz