Un solemne repostero azul noche con la corona de estrellas doradas y orlado con una greca de motivos muy floridos colgaba ayer del balcón principal de la sede del gobierno de la provincia. Tardé algunas horas en descubrir -navegación por la red mediante- el motivo de este alarde de europeísmo. Resulta que ayer fue el día de europa, y el tratado de roma cumplía sesenta años, lo que convierte a la unión europea en una chavala para los estándares actuales de longevidad. Nadie, excepto los servicios de protocolo del gobierno local, se acordó del cumpleaños. La jornada discurrió sin novedad, como de costumbre, y sin que los europeos supiéramos que era el día de la abuela,  y nos hubiéramos ido a la cama sin saberlo si no fuera porque siempre hay publicaciones devotas que te lo recuerdan. El diario de referencia ocupaba su página de tribuna con un llamado manifiesto del nueve de mayo encabezado con el esforzado título de Reinventemos Europa. Todo manifiesto es una hinchazón del ego de los abajofirmantes, entre los que figuraba Felipe González, que entre otras medallas porta la de expresidente del grupo de reflexión sobre el futuro de Europa, así que estamos en buenas manos. Los firmantes se congratulan de haber salvado los muebles en las recientes elecciones nacionales en las que los populistas/nacionalistas han sido derrotados; sostienen que la ciudadanía ha salido a la calle para manifestar su adhesión a la unión europea; aluden a una hoja de ruta que al parecer presentaron hace un año y de la que no dan detalles y con modestia franciscana afirman que en este día han inaugurado un gran debate cívico para tratar de (sic) reequilibrar el proyecto europeo y tener más en cuenta (sic) las preocupaciones de nuestros conciudadanos. Todo bien matizado, no vaya a ser que les ofrezcas la mano y quieran el brazo. La clase ociosa tiene sus rituales y crea sus fantasmas para solaz de los de arriba y curiosidad de los de abajo; antes fue el club bildeberg, luego el foro de davos y ahora, al parecer, el llamado cívico europa, promotor del manifiesto y títular de una cuenta en facebook de la que te puedes hacer amiguito. El europeísmo ha dejado de ser una política compartida para convertirse en una adicción. Un europeísmo que se burla de los europeístas como el caballo o la farlopa se burlan de los yonkis;  que cada vez exige un mayor esfuerzo y cada vez sus efectos son más débiles y menos duraderos. La elección de Macron en Francia ha sido el último chute de europeísmo en vena. En realidad ha sido la liquidación de los partidos que construyeron Europa para sustituirlos por un ángel enviado por el gran capital. Pero ¡chist, silencio, populistas!