A cada paso vamos comprendiendo mejor que el interés científico de la economía se reduce a saber quién se levanta la pasta, cómo y a dónde. Seguid el rastro del dinero ha dejado de ser una consigna detectivesca de novela policíaca para constituirse en el eje de la indagación sobre la realidad. Y no se trata de las grandes cifras de la estadística económica y sus correspondientes ítems, del tipo de, producto interior, deuda, déficit, balanza comercial, etcétera, con los que cubiletean los economistas para hacer sus pronósticos de bola de cristal. No, hablamos del líquido, del cash, de las rentas contantes y sonantes que pueden guardarse bajo el colchón o transportarse en una bolsa de basura a un paraíso fiscal o pueden ocultarse en una inversión inocua a la vista de todos. Poco a poco, los libros de historia empiezan a incorporar este ítem en la comprensión de los acontecimientos del pasado.
La actualidad del bombardeo de Gernika por su octogésimo aniversario me ha llevado a la lectura de un libro del historiador Xabier Irujo con el propósito de obtener una visión ordenada y completa de un acontecimiento del que creemos saberlo todo. Pues bien, para mi sorpresa, el autor dedica un capítulo pormenorizado a la ambición económica de Goering, a la sazón jefe de la aviación nazi, como una de las causas que explican el protagonismo de la luftwaffe en la guerra civil española y singularmente en el frente de Euskadi. Goering, un antiguo aviador, morfinómano, era también un personaje de insaciable codicia que ambicionaba ser el tipo más rico de Europa, y además parecerlo: castillos, fincas de caza, obras de arte, en fin, una especie de Ignacio González con la guerrera esmaltada de medallas. El proceso de toma del poder de los nazis no fue revolucionario sino paulatino y en cierto modo legal, lo que hizo que, en un primer momento, los personajes que más tarde dominarían el escenario ocupasen escalones de tercer y cuarto nivel en el organigrama del estado. Goering necesitaba ascender en el escalafón para ganar más dinero –mejor sueldo, más fondos para gastos propios, más prebendas, etcétera- para lo que utilizó la aviación intentando, con éxito, convencer a Hitler de que era el arma definitiva de la guerra moderna. La prueba de esta afirmación se encontraba en España, ya que Alemania no tenía colonias en África para practicar bombardeos de terror sobre la población civil, como habían hecho antes británicos, italianos, franceses y los propios españoles. Las aviaciones de guerra alemana e italiana ejecutaron decenas de bombardeos destinados a aterrorizar a la población vasca y a desmoralizar a su ejército, toda vez que, sobre el terreno, el avance de los requetés sublevados de Mola era extremadamente lento por la resistencia de las milicias de gudaris. A Goering no se le olvidaba nunca la función de medro personal que tenían estas devastadoras operaciones desde el aire y ordenaba que, siempre que fuera posible, los bombardeos mayores coincidieran con el cumpleaños de Hitler y otras onomásticas que hacían feliz al führer. El resultado sobre el final de la guerra y sobre la población vasca es conocido pero lo es menos que, entre 1936 y 1938, Goering quintuplicó sus ingresos salariales, para no mencionar otras prebendas económicas, y los bombardeos como el de Gernika le auparon al segundo puesto en el escalafón nazi detrás de Hitler. Todo esto ocurría en un tiempo de fervorina ideológica, discursos inflamados y sociedades alienadas y empavorecidas. Volvamos, pues, al rastro del dinero.
¿Qué significa la libertad de mercado, la iniciativa privada, la eficiencia en la gestión y otros mantras de la ideología liberal dominante cuando de lo que de verdad se trata es de saquear el patrimonio público y adular al líder o lideresa de turno en su cumpleaños y otras fechas, que por fiestas no quede, mientras se asciende en el escalafón y se multiplica la propia bolsa?. Sin ánimo de banalizar los crímenes de quienes ejecutaron el bombardeo de Gernika ni de compararlos con otros sucesos que todos tenemos en la memoria reciente, ¿se imaginan a Hitler ante el tribunal de la historia diciendo, yo no sabía nada, Goering no era de mi confianza y me salió rana?