La victoria, probable, de Macron en Francia ha entronizado una nueva verdad del día: el fin del eje derecha/izquierda. Lo proclamaba esta mañana, eufórico como unas chundas, Albert Rivera en el programa de anarosa.  La primera vez que quien esto escribe oyó hablar de esta síntesis de los contrarios, hazaña hegeliana del pensamiento político, fue cuando tenía once o doce años, en una lección de don Andrés Romero, profesor a la sazón de formación del espíritu nacional  en el colegio de los escolapios de mi pueblo, que glosaba así la doctrina de otro Rivera, José Antonio Primo de: las izquierdas no creían en dios ni en la patria y las derechas no creían en la justicia, y joseantonio  levantó un país  con dios, patria y justicia. Más claro, agua, y tanto más cuanto que acompañaba su argumento con un esquemita gráfico en el pizarrón. En el mismo curso lectivo, un poco más tarde, don Andrés nos llevó de excursión a ciertos lugares del camino de santiago. No recuerdo las enseñanzas de aquella jornada románica, lluviosa y aburrida y solo pudimos constatar que después de aquello don Andrés no volvió nunca por el colegio. Algo más tarde supimos por cierto cura carlistón de los que poblaban la nómina docente del colegio que el esforzado moldeador de nuestro espíritu nacional se había quedado con los dineros provistos por los curas para la excursión jacobea. Las mistificaciones y la corrupción habían entrado en la conciencia de aquel púber de once o doce años, incapaz de desentrañar el significado de los hechos de los que había sido testigo, como los pastorcillos son incapaces de comprender el significado de las apariciones de la virgen. Más tarde, este chaval se educó en un ambiente sectario en el que circulaba un mantra muy popular, con el que se ha manejado hasta hoy: si alguien te dice que no es de derechas ni de izquierdas, es que es derechas. El azar ha querido que la victoria de Macron y la euforia de Rivera sorprendieran al viejo en que se ha convertido aquel pupilo de los escolapios fajado en la lectura del libro de Olga Glondys sobre las andanzas de un sector del exilio republicano español durante la guerra fría. En las mismas fechas en que don Andrés nos aleccionaba sobre el fin del eje derecha/izquierda, al otro lado de los Pirineos un pequeño grupo de republicanos exiliados preconizaban el fin de las ideologías y postulaban una alianza antifranquista con la llamada oposición interior cuya única seña de identidad debía ser su anticomunismo. Fueron los promotores del llamado contubernio de Múnich, patroneados por dos personajes muy conspicuos en su tiempo, Salvador de Madariaga y Julián Gorkin, cuyo intento, generosamente financiado por la CIA, no sirvió más que para desacreditar al exilio republicano, enfangar su memoria y llevar a la tintorería la camisa azul de Dionisio Ridruejo, Laín Entralgo y demás laínes falangistas devenidos demócratas ni de derechas ni de izquierdas, solo liberales, como doña Aguirre. La azacaneada memoria del viejo ex alumno de los escolapios no podía resistirse a estos recuerdos mientras asistía a la intervención de Rivera el Joven en la tele proclamando en una ataque de francofilia: fue en Francia donde nació el eje derecha/izquierda y es en Francia donde ha muerto. Quizás don Andrés Romero aún esté vivo (era joven entonces) y haya visto el programa de la tele y haya reconocido en el nuevo Rivera un avatar del viejo Rivera, que ha dado sosiego a su espíritu rondado por la muerte y el olvido.