El amigo Quirón, de larga experiencia profesional en el mundo editorial, nos tiene contada la opinión que recibió de un editor -catalán, por más señas- sobre lo áspero, para decirlo suavemente, que podía ser el trato con novelistas y gentes de letras que habitan en este rincón del golfo de Vizcaya. No es mala gente, pero parece inhabilitada para entender las relaciones comerciales que rigen este mundo. El interlocutor de Quirón citaba dos o tres nombres (la nómina de genios de la literatura de por aquí tampoco es muy extensa) sobre cuyo talante tocapelotas era difícil no estar de acuerdo. En este país hemos sustituido a los reyes magos por un carbonero fosco y gruñón como dispensador de regalos para los niños y es todo lo que hay que saber para entender la idiosincrasia local. Rasgos de carácter que vienen a cuento del alboroto levantado alrededor del estreno de la película El guardián invisible por las declaraciones de una de las actrices que en cierto programa televisivo calificaba -en tono de humor, faltaba más- de catetos y culturalmente atrasados a los futuros espectadores de la película. Un prodigio de relaciones públicas. Meryl Streep recibe un aplauso unánime por su discurso en una celebración del mundo del cine y Marta Gaztañaga se equivoca de modelo e imita Trump. La novela en la que se basa la película ha sido un best seller absoluto; su trama policíaca está ambientada en lo más profundo de la umbría de esta tierra y las autoridades locales incluso han adoptado alguna iniciativa para que sirva de reclamo turístico. Todo apuntaba a una oportunidad para los participantes en el proyecto hasta que empezó a llover sobre la carpa de circo, otro rasgo meteorológico local. De inmediato se ha formado la correspondiente falange que impulsa el boicot a la película y, por si faltara alguien en la melé, se ha sumado Willy Toledo, el fontanero idóneo cuando se produce una inundación, y, exageradamente, una ¡asociación de víctimas del terrorismo! ha salido en defensa de la película. Hasta el gobierno, que está a partir un piñón con la productora de la película y es solidario con sus amenazadas expectativas de negocio, ha aceptado las disculpas pedidas por la actriz leguaraz. Ya ven, el gobierno paternal en el papel del cura confesor impartiendo la absolución y es que en esta nación de naciones, o como se diga, además de tocapelotas de aldea somos católicos y todo se arregla con un protocolo consabido: examen de conciencia, dolor de corazón, confesión del pecado, propósito de la enmienda y cumplimiento de la penitencia. No hay duda de que la actriz pecadora ha cumplido las cuatro primeras condiciones; en cuanto a la penitencia, le vendrá dada en su carrera profesional. Y algunos aún se preguntan por qué le cuesta tanto el despegue al cine español y por qué los espectadores preferimos Hollywood. La respuesta es obvia: porque allí tienen a Meryl Streep.