Esta bitácora permanecerá inerte por vacaciones hasta el ocho de marzo próximo. Así que, hasta entonces, el autor deja en el escaparate una sarta de ocurrencias de carácter más o menos temático, restos de serie de la libreta de apuntes, con un título inspirado por algunas lecturas recientes, y con el agradecimiento a los y las fieles seguidores de estas divagaciones menudas.

  • La inmortalidad dura mientras tu recuerdo habita en la memoria de un ser vivo, que puede ser tu perro.
  • La historia es una reconstrucción del tiempo en busca de sentido. Un castillo hecho con la arena de la clepsidra.
  • Avanzar o detenerse es un falso dilema porque siempre vivimos hacia adelante, impulsados por el movimiento orbital de la tierra.
  • La fama es el cobro a cuenta de la inmortalidad, en moneda devaluable.
  • La forma más frecuente de fama póstuma, a la que a menudo llamamos inmortalidad, es la caricatura.
  • Un fragmento de tiempo convertido en historia: carne fresca devenida cecina.
  • La momia es la prueba de lo engorrosa que resulta la inmortalidad.
  • La respiración de un agonizante: la forma más exacta de medir el tiempo. Un reloj neumático.
  • Anuncian la inminente posibilidad de prolongar indefinidamente la vida. Aún no hemos dejado de temer a la muerte y ya empezamos a temer a la inmortalidad.
  • El tiburón boreal y la tortuga galápago se mueven despacio y viven mucho tiempo. Todos los longevos son estatuas antiguas. Extraño prestigio el de la quietud.
  • Colgado del tiempo como una camiseta en el alambre del secadero. Las pinzas son las hojas del calendario y la experiencia es el viento, que te sacude, te conforma, te justifica.
  • El reloj de pulsera. Un compañero imprescindible. Un predador abrazado a la muñeca.
  • La ciudad eterna. Un descomunal y legendario vertedero de ruinas del tiempo. La legolandia de los arqueólogos.