Los paliques entre jefes de estado y de gobierno debieran retransmitirse en abierto. Los parpadeos, las pausas, los sutiles cambios en el tono de voz, el movimiento de las manos, aportan una información impagable, que no solo completa lo que dicen las palabras sino que a menudo las desmienten. Podemos imaginar la conversación telefónica de Trump y Rajoy. El primero, asertivo, impaciente, explosivo; el segundo, elusivo, cauto, inerte. El primero quiere ir a alguna parte; el segundo espera a que le lleven las circunstancias. Dos peces de distinta especie y de muy desigual tamaño cara a cara procedentes de orillas opuestas del océano y de ecosistemas incompatibles, en medio de un silencio abisal. Puede que se ignoren, puede que el grande se coma al chico, pero cuesta creer que haya saltado alguna chispa de empatía recíproca. Si hemos de fiarnos de lo que dice el comunicado del gobierno español, Rajoy ha repetido la lánguida nana con la que intenta adormecer a la ciudadanía doméstica: un gobierno estable, una economía boyante, la voluntad de robustecer la integración europea… y con este bagaje se ha ofrecido a Trump para mediar por sus intereses en un área planetaria que va desde el lago Titicaca hasta el monte Ararat de oeste a este y, de norte a sur, desde el círculo polar ártico hasta las arenas del Sáhara. Tal vez Trump ha tomado nota pero como a continuación no le ha dedicado un tuit es posible también que ni siquiera le haya oído. Como, por lo visto, los líderes mundiales dicen a sus homólogos lo mismo que a sus parroquias, Trump habrá recordado a Rajoy la necesidad de que apechugue con un aumento de los gastos de defensa, pero no podemos esperar que este tema de la conversación se recoja en la nota oficial. El incremento del gasto bélico se hará oportunamente, en el mogollón de la otan, si se puede en secreto o al menos con discreción, y como si fuera una iniciativa del gobierno soberano y no una imposición del emperador. De las cuitas de los hermanos mexicanos y el muro oprobioso, ni palabra. Primer tema de América Latina en el que no ha mediado Rajoy. Vendrán más. Y eso parece todo lo que hay que contar sobre el palique. Ni siquiera en larazón ocupa la noticia un lugar destacado. ¿Para qué? Ya tenemos bastante entretenimiento con podemitas y catalanes.
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