¿Cuántos años hace que Aznar el implacable le tildó de abuelo cebolleta relegándole así a la sarcástica hornacina de los tebeos del pasado? Más de veinte, sin duda. Y ahí está, tan terne, bronceado y orondo, requerido por cámaras y micrófonos, solicitado a través de móvil, secundado por el sanedrín que gobierna el país, entregado al distraído pasatiempo de demoler el partido que le aupó a la presidencia del gobierno. En el desierto en que se ha convertido el pesoe, Felipe González es la zarza que arde sin consumirse a la espera de un moisés que sea de su gusto para entronizarlo al frente del pueblo fiel. En la biblia particular de los socialistas, el pepé es la geografía y la geología, el paisaje de la tierra prometida que siempre está ahí y que hay que arar trabajosamente, y podemos es la típica plaga de langosta que ya pasará, pero el pueblo elegido, con una antigüedad de no sé cuántas centurias, es el pesoe. Y su dios, como dijo el otro, es Felipe, que antaño (1982) abrió las aguas del mar y hogaño (2016) ordenó que degollaran al primogénito de la tribu. Rediós, eso si es un dios como dios manda, y no el sindiós de una democracia de perdedores. ¿Qué quiere dios de nosotros? El pueblo elegido está en un ay a la espera de que se manifieste. Hace unas pocas fechas, en un foro auspiciado por el principal grupo mediático andaluz, dios cobró sesenta mil euros por hablar durante media hora de españa y en el curso de su homilía se permitió alguna gracieta sobre el sacrificado Pedro (en el doble sentido de esforzado y ejecutado) del que dijo que intentó hacer lo que mejor sabía, pero no sabía, y añadió en su característica jerga jeroglífica, sería una desgracia para Susana que yo apoyara su candidatura, para concluir, hay no sé cuántos más con las mismas cualidades de fuerza y coraje. Desconcierto andaluz, temblor de cristos y vírgenes en procesión ante el silencio de dios, una expresión que era moderna cuando quien esto escribe también lo era. Quién iba a imaginar que el partido dizque modernizador del país no ha atravesado aún el fresco arroyo de la ilustración y anda en el reino de las sombras esperando una indicación de dios. Una sencilla enmienda en los estatutos permitiría al partido abandonar las supersticiones y recuperar la racionalidad y el sentido histórico. La enmienda podría decir algo así: serán suspendidos de militancia los afiliados al pesoe integrados en los consejos de administración de las corporaciones oligárquicas y con intereses financieros en territorios ajenos a la soberanía nacional. Y por si dios no se diera por enterado, convendría incluir una adenda: este mandato incluye a Felipe González. A ver si, después de todo, nos hemos equivocado de religión y dios no es el de la biblia sino el saturno del panteón grecorromano. Si es así, que se prepare Susanita.