Café de media mañana con un viejo y buen amigo. Fue el primero que me sugirió que pusiera en marcha un blog, muchos años antes de que este echara a andar. Él mismo es titular de uno, que no alimenta con la frecuencia que nos gustaría a sus lectores. Risas, intercambio de historias y de chismes. Reencuentro de supervivientes. A cierta edad, las conversaciones tienen un tinte utópico, legendario, y más si, como en este caso, los interlocutores son propensos a la literatura. Tema: la política singularmente, ese fastidio que nos envuelve y del que querríamos liberarnos para ocuparnos de otras cosas, pero no sabemos qué cosas. El fútbol está descartado. Querríamos tener más vida interior, como dice algún personaje de Samuel Beckett. La política, en consecuencia. El paisaje es ahora mismo una playa después de la borrasca, sembrada de pecios y excrecencias entregadas por la marea en retirada. Confusión en el presente, incertidumbre ante el futuro y retorno al único patrimonio disponible, el pasado. La izquierda, en la que difusamente se reconocen los dos contertulios, es un náufrago que recoge materiales de la arena para construirse una chabola y vivir lo más cómodamente posible la soledad que le espera. Los dos contertulios frecuentan y en ocasiones son ponentes de esas reuniones culturales en bibliotecas públicas y asociaciones culturales a las que solo asisten vecinos y vecinas de cabeza color ceniza. Gente que parece que tuviéramos alguna asignatura pendiente del bachillerato y que escarbamos en los manuales del pasado en busca de un chispazo de esperanza. Encuentros que sirven para que la brecha generacional se manifieste como una experiencia directa, tangible. ¿Dónde están los jóvenes?, pregunta uno. Desde luego, no donde estamos nosotros, responde el otro. En el palique emerge la evocación de alguno de estos eventos: un coloquio de la escritora Ana Puértolas que presentó unas memorias noveladas de su juvenil militancia política o una conferencia del periodista Joaquín Estefanía… que llenaron los recintos donde se celebraron de un público fiel y sobradamente oversixty. Hay en esta militancia otoñal algunas preguntas inquietantes, que nadie se hace en voz alta: ¿tuvo sentido lo que hicimos?, ¿vivimos como queríamos vivir?, ¿sirvió para cambiar la sociedad o a nosotros mismos? ¿imaginamos que llegaríamos a estar aquí sentados, haciéndonos estas preguntas? Al menos, no fuimos mala gente, se oyó decir en alguno de estos encuentros. Risas de nuevo. Para dentro de unas fechas hay prevista una cena de ex; una cena prenavideña de reyes magos que acuden con el zurrón lleno de juguetes rotos y recuerdos ajados. Nos despedimos, hasta el próximo café.
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