Espejo, espejito, ¿quién es el más viril, el más patriota y el más apuesto de este reino? Así ha debido interrogar el director de la guardia civil a su retrato oficial, el que inmortaliza su paso por el cargo y deja memoria de sus delirios. El personaje comparece en el lienzo de chaqué, pues no es militar, pero la pechera está esmaltada de medallas, el tronco abrazado por una banda marcial y las manos sostienen un bastón de mando que bien pudiera ser de general. Los hombros cuadrados, el mentón erizado, los labios apretados y la mirada altiva y penetrante. El retrato ofrece una imagen chocante, de quien ha querido mostrar su alma y solo ha alcanzado a mostrar su disfraz. En origen, este militar adventicio fue un auxiliar administrativo de la junta del puerto de Ferrol en funciones de ayudante de jardinería pero tempranamente entró en política por la puerta de la derecha, lo que le permitió cursar altos estudios militares y altos estudios de la defensa, sin reconocimiento oficial, según añade cautelosamente la biografía wikipédica, pero que sin duda sirvieron para alimentar su sueño, forjar su destino y por último componer el gesto en el retrato. La política como vía para hacer realidad las fantasmagorías más íntimas. Por alguna motivación de esa especie debió emprender Trump el viaje que terminó el pasado martes en la casa blanca. Durante mucho tiempo pareció un matón grotesco y ahora parece el presidente de los Estados Unidos. Nunca sabremos si es una cosa o la otra, como nunca sabrá el director de la guardia civil si es auxiliar administrativo o general de división. Al parecer, el retrato del director ha soliviantado a la institución militar por apropiación de emblemas y distinciones que no le corresponden, como la elección de Trump ha soliviantado a la mitad del género humano por apropiación de la democracia. Los sueños –los de verdad, no el sueño americano o el sueño de un joven auxiliar administrativo, que son metáforas- son una materia obscena, por lo que se manifiestan de noche y a oscuras, y sacarlos a la luz suele resultar muy embarazoso para los demás. Para eso, déjelo en la papelera del psicoterapeuta, que cobra por la tarea. Pero hay tipos que tienen una necesidad compulsiva de hacer evidentes sus anhelos más inconfesables y a este fin tanto valen unos carnavales, una fiesta de halloween, un retrato oficial o una elección presidencial.
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