¿Es realista sentirse decepcionado porque un mejillón no responda a tus preguntas o porque un pedrusco en mitad del camino se obstine en obstaculizar tu paso? Al parecer sí, si hemos de aceptar el discurso editorial del diario de referencia, que ayer calificaba de decepcionante el nuevo equipo de gobierno y que abría su perorata con esta tediosa y estúpida constatación –Mariano Rajoy no ha dejado de ser Mariano Rajoy-, que recuerda al lamento de la rana con el escorpión sobre los hombros en medio de la corriente. La investidura de Rajoy ha sido un fraude, no porque no le correspondiera por los apoyos que ha recibido, sino porque las razones de estos apoyos, entre los que se encontraba conspicuamente la línea editorial del periódico de referencia, eran falsas. Ni el pacto con ciudadanos, que no vale ni el papel en el que está escrito, ni el caótico y vergonzoso comportamiento socialista, iban a alterar ni un ápice el rumbo del investido. Fingir decepción por el resultado es simple tartufismo. Hasta de un mejillón inmóvil, mudo y enrocado es posible prever su comportamiento con bastante exactitud después de la prolongada observación que permite el largo periodo de una legislatura. Pero Rajoy no es mudo ni está inmóvil, por más que le guste parecerlo. En su última intervención en la sesión de investidura ya advirtió que no daría ni un paso atrás sobre lo realizado por su anterior gobierno y, en consecuencia, seguiría adelante en la misma dirección, pesara a quien pesase. La famosa desigualdad social provocada por la crisis es uno de los debates políticos que Rajoy no tiene en cuenta, como expresó elusivamente en su discurso –“es po­sible que algunos lo estén pasando mal”-, como tampoco tiene en cuenta la corrupción, el cambio climático, el conflicto territorial, ni ningún otro tópico de la agenda política, excepto para responder en términos de conservación del poder a los intentos de imponérselos, y ahí ha resultado imbatible. Ahora ha dado la consigna al gobierno de hablar, dialogar y pactar mucho, y ha puesto al frente de la tarea a un ministro de aspecto bonancible y risueño, que además debe defender una reforma educativa rechazada por toda la comunidad escolar. Lo que ha querido decir a sus ministros, para que tome nota el editorialista del diario de referencia, es: distraedlos, frenadlos, mareadlos, divididlos, y, si el peligro es extremo, recordad que tenéis la kryptonita de nuevas elecciones. El presidente es un tipo de ideas claras y voluntad de hierro, conservador de cuerpo entero, que conoce muy bien el barco que capitanea y el mar por el que navega, detesta el pensamiento especulativo y tiene un único objetivo: atravesar las aguas revueltas de la crisis económica sin daño alguno para las clases de las cubiertas superiores, que le votan y a las que se debe. Si en este lance se inunda la bodega donde se hacinan los viajeros de tercera o la caldera provoca vertidos tóxicos o hay que arrojar por la borda a la marinería levantisca, qué le vamos a hacer. Para la singladura tiene el viento de popa de la derechización generalizada de la unión europea, así que avante toda.