El 15 de agosto es la fecha más estéril del año, teñida de un amarillo chillón e inhóspito. Un sol desbocado que aplasta a todo ser vivo,  resecos campos de cereal recién segados, bosques y arboledas en llamas, gigantescas colonias de bípedos sonrosados en las playas, mugidos y hedor a estiércol en los encierros de vacas de la aldea, carreteras surcadas de vehículos que van y vienen del paraíso de la costa. De mi antiguo oficio de periodista guardo intacta la desolación que presidía el día de la virgen de agosto, cuando la realidad, entendida como fenomenología que muda la apariencia de los hechos, se había ausentado y habitábamos una jornada sin historia, atrapados en un déjà vu desasosegante. El desepero nos llevaba al archivo para encontrar inspiración a nuestra tarea. A ver, ¿qué publicamos el año pasado? Retorno a este perezoso hábito e indago en esta bitácora en busca de inspiración y ¿adivinan qué se publicó hoy hace un año?