A cierta edad, cada mañana te revela algo nuevo, y casi nunca es una buena noticia. He venido leyendo con fruición las crónicas literarias y las columnas periodísticas de mi admirado Manuel Vicent desde hace cuarenta años. Si tuviera que hacer una relación de las circunstancias que más placer han deparado en mi experiencia intelectual, los trabajos de Vicent no estarían en los últimos lugares de la lista. Pues bien, esta mañana no he podido terminar su habitual crónica estival de los domingos. A pesar de su acreditada elegancia, ligereza y empatía, la prosa me ha expulsado de la página del periódico sin haber llegado a la mitad del contenido, como un gourmet que desdeña sin apenas probarlo el plato preferido de su restaurante favorito. Me ha parecido que el autor había agotado la inspiración del mismo modo que el lector ha agotado la paciencia. La generación de la Transición estamos descubriendo que somos transitivos y transitorios y, si bien no queremos morir, sobre todo no queremos vivir al lado de quienes nos recuerdan nuestro declive. El (mi) periódico de referencia se ha convertido en un yermo en el que apenas se siente la atracción de dos o tres firmas. Todo lo demás es impotencia y altanería de anciano que vive en la niebla del pasado. No sé quién inventó aquello de la felicidad de envejecer juntos. Los viejos son el espejo de los viejos, y ¡a qué viejo le gusta mirarse en el rostro que le devuelve su imagen! En la misma edición de hoy del periódico de referencia, puede leerse en primera página : Podemos se queda fuera de juego tras perder la iniciativa. El autor de la crónica consiguiente, en la página trece, es un joven (supongo) periodista al que, por lo que le llevo visto desde hace meses, la empresa ha dado el encargo especializado de dar estopa sin tregua a este partido de la izquierda emergente, y que viene cumpliendo la encomienda con tenacidad y, sin duda, competencia profesional. No puedo reprochárselo porque sé lo que es trabajar en este gremio al inaudible dictado de quien te paga y, además, fungir de independiente. Lo curioso de este asunto es que la crónica no aparece en la edición digital del periódico. Va a resultar que esta vieja dama indigna lleva una doble vida: de día en papel, para consumo de los héroes de la Transición, la tropa de abajo firmantes, fósiles socialistas y adheridos que no paran de cacarear sobre lo que hay que hacer, a favor de la derecha, y de noche en línea para la generación más joven y enredadora a la que quizás no guste que ataquen a sus esperanzas. Fingimiento, un hábito de viejos. Pero, ¿y si fue así desde el principio?
P.S. La última reflexión de esta entrada sobre la vieja dama es un juicio temerario. La noticia sí ha aparecido al día siguiente en el la edición on line. O no busqué bien ayer, o ciertas noticias se suben a la red con horas de retraso respecto a la edición en papel por razones comerciales.