Esta bitácora cumple hoy un año, lo que no sé qué significa, aparte de ser la ocasión para dar las gracias a los seguidores de las ocurrencias que contiene, que no creo que sean muchos pero sí fieles y amables. Miro hacia atrás y veo un hilván de trescientas cincuenta puntadas de texto hacia el limbo o, como dicen los que saben de esto y se expresan con mayor propiedad, hacia la nube. Las migas de pan que va dejando Pulgarcito para encontrar el camino a casa en la umbría del bosque y que, por último, le llevan a las fauces de ogro. El ogro, sí, está ahí, en cualquier recodo del camino o detrás de cualquier árbol, esperando. No dejo de tenerlo en cuenta. Pulgarcito era un tipo emprendedor y terminó venturosamente su cuento como mensajero real, pero el autor de la bitácora ya está jubilado y además ya ejerció durante su vida profesional el mester de cartero del rey -todo el día con la casaca bordada y haciendo reverencias- y por nada del mundo querría volver a ejercerlo. ¿Puede haber mensajes sin rey que los emita? Esta bitácora es la prueba. Ni rey, ni patrón: el sueño ácrata de un escribidor devenido monologuista, vale decir, un solitario pastor de palabras cuyo murmullo de esquilas, balidos y triscar de hierba le produce un placer irresistible. Pero hasta los ensimismados personajes del teatro de Beckett, con el que esta misma semana he tenido un encuentro, toman conciencia en algún momento de que el público les mira. No vale fingir que estás solo. Así que confieso que cada día me asalta la leve zozobra –ahora mismo la estoy sintiendo- provocada por no saber si lo que escribo será del gusto de mi público. El consuelo inmediato es que no tengo ni idea de qué o quién es mi público, y por tanto, disculpen mi crudeza, tampoco dependo de él. Es un privilegio de las clases ociosas. No obstante, no dejo de ser consciente de las limitaciones de mi oferta. Sé que escribo mucho de política cuando es un asunto que me debiera importar poco. Pero, qué le vamos a hacer, la política se ha convertido en estos tiempos en un asunto de legítima defensa y, si he de ser franco, no recuerdo ninguna otra época en que no lo fuera. Releo lo escrito y, la verdad, me gustaría tener más vida interior, como dijo Vladimir ¿o era Estragón? Gracias, en todo caso, por acompañarme hasta aquí. Seguiremos insistiendo.
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Enhorabuena, ManuelBear, por el cumpleaños de su estupenda y ya crecida criatura. ¡Trescientas cincuenta entradas como trescientos cincuenta soles! Que a sus lectores se nos han pasado en un vuelo, por la agilidad, la amenidad y la agudeza de sus mensajes. Escribir le produce a Ud. un placer irresistible, pero el placer es también nuestro. Ojalá siga así por mucho tiempo. Como escribió Plinio el Viejo: “Nulla dies sine linea”. Gracias por todo.
Hoy, el periódico del tirano Calígula/Cebrián ha ofrecido a sus lectores una de las cada vez más escasas colaboraciones legibles: “No te saltes el prólogo”. Según ella, Borges, el ingenioso, “definía el prólogo como la parte del libro en la que el escritor es más lector que autor, y por eso puede distanciarse (y reírse) de lo que él mismo ha escrito. También decía que es una posdata, pues se escribe cuando uno ha terminado”. En este sentido, el blog de ManuelBear, esa obra continuada (una “work in progress”, según la jerga anglófila de nuestros tiempos jóvenes) no podía tener un prólogo, y esperemos que no tenga un epílogo. Pero no está nada mal que el bloguero haya hecho este pequeño alto y se fotografíe, a sí y a su obra, en el “mesólogo” que hoy nos ofrece. Gracias, Manuel Bear.
Los lectores de su blog, ¿son muchos?; ¿son pocos? Por suerte, la calidad de lo que escribe no depende del número de quienes lo leen. Y, en cualquier caso, me parece que cada uno de sus lectores vale por dos, y hasta por tres. Así que, por favor, adelante y sin zozobras.
Caray, a todo el mundo le gusta que le feliciten por su cumpleaños pero no esperaba formar un club de fans, que, menos mal que es solo virtual, porque de ser real quizás nos lleváramos alguna sorpresa. En todo caso, gracias por estar ahí.
Una vez más me sumo al club de fans. No leo Miradas todos los días sino que aguardo dos o tres para darme el placer de una menú completo, con primer y segundo plato y postre. El vino va incluido en la prosa de los artículos que siempre produce la euforia de la lucidez y lo bien escrito. Que siga y por muchos años
Tanto el estilo como la temática me divierten muchísimo. Esperemos que las miradas del Sr. Bear sigan por mucho tiempo. Enhorabuena!