Y el último, nenaza. Ya se ve que las estratagemas de Rajoy para escaquearse de la movilización por pies planos no van a servir de nada. Hollande ha desempolvado del desván de la historia el bigote de lord Kitchener y la chistera del Tío Sam y nos señala con el imperativo dedo índice: La France needs you. Remoloneando –preferiría no hacerlo, como el escribiente de Melville-, todos empezamos a dar pasos hacia la caja de reclutas. Ayer, una voz con tanto predicamento en el sector socialdemócrata como la de Iñaki Gabilondo ya se mostraba partidaria de atacar las “bases militares” de los autores de los atentados de París. Claro está, todo es más complejo pero lo que indica la opinión de Gabilondo es que los socialistas se preparan para ir al frente en cuanto Rajoy dé la orden y su quinta sea movilizada. Rivera y sus ciudadanos ya se han presentado voluntarios. Solo quedan Iglesias y los podemitas, que le tienen demasiado aprecio a su coleta para someterla al peluquero del regimiento, pero no es seguro que el buen rollo de Wyoming y amiguetes vaya a exorcizar la marea bélica. La prédica de Gabilondo ayer revelaba un sutil cambio en el lenguaje hacia, digamos, la racionalidad militar, si eso significa algo. Dos días atrás una periodista de extrema derecha había calificado las bases militares de nidos de terroristas. Sean bases o nidos, lo relevante es que nadie parece saber a ciencia cierta donde están. El cielo de esa parte del mundo está surcado de aviones de bombardeo cargados de misiles contra los nidos o las bases como un jubilado obcecado sigue con un pulverizador del tamaño de su brazo al moscardón veraniego que se ha colado en la cocina. En este ajetreo, aviones turcos derriban un avión ruso, como en un videojuego. Putin califica a Turquía de aliada de los terroristas. Turquía es miembro de la OTAN y en consecuencia aliada de Francia y España, ergo la intervención militar francesa (y eventualmente española) es a favor de los terroristas en la lógica de Moscú, que es una de las lógicas que se entrelazan en este negocio. ¿Cuál es la nuestra? Apenas el año pasado, recordábamos el centenario del inicio de la I Guerra Mundial. Entre la bibliografía publicada en esta efeméride, alcanzó fama el estudio del historiador Chrstopher Clark sobre los acontecimientos que llevaron al conflicto, significativamente titulado Sonámbulos. La tesis del autor es que los gobiernos de la época avanzaron hacia la escabechina de las trincheras y los gases letales por pequeños pasos cargados de lógica propia cada uno de ellos pero de los que fueron incapaces de prever las consecuencias de su encadenamiento. Ah, y una última analogía. Entonces, el naciente estado de Serbia, donde se prendió la mecha de la guerra, era la misma maldita leonera, henchida de fanáticos nacionalistas, gobiernos tiránicos y grupos terroristas en connivencia con potencias vecinas, que ahora apreciamos en el llamado estado islámico. Pero eso ya deben saberlo Hollande y compañía.
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